Sabatina universal

1 de Octubre, 2018
1 Oct 2018
1 de Octubre, 2018 - 00h00
1 Oct 2018

Las reuniones de la Asamblea General de la ONU son un costoso espectáculo en el que jefes de Estado y de gobierno asisten para pronunciar piezas oratorias que, por lo general, no interesan a sus colegas. Casi siempre se limitan a repetir aspiraciones o posiciones de sus países, temas archisabidos por todos los políticos y diplomáticos. Los presidentes, primeros ministros y algún rey que hablan allí, no lo hacen, y lo saben, para el resto de naciones, sino para lucirse ante sus públicos, sus electorados o ante las fuerzas que los sostienen en el poder. Es decir, en cada caso se trata de una “sabatina” privada, con poca o ninguna interacción entre discursos. Algunos buscan utilizar este magno foro para presentar propuestas nuevas y hasta sorprendentes, pero el efecto que causan estos anuncios no difiere sustancialmente del que tuvieran si lo hicieran en una rueda de prensa en sus propios países. Por eso, Nicolás Maduro puede concurrir allí para repetir su acostumbrada sarta de insensateces. Para actuar en este escenario se necesitan ciertas dotes histriónicas, como las que tiene el dictador venezolano, como las que tenía Nikita Jrushchov, porque papel aún más triste que estos bufones, lo hacen los gobernantes que pasan desapercibidos.

Este año el presidente Trump asistió porque Nueva York le queda a la manito. Con todo, no dijo ni propuso nada que no se esperase de él, incluidas las risas que levantó su fofa presentación. Xi Jinping y Vladimir Putin, los otros dos pesos pesados del ranking mundial, no asistirán por segundo año consecutivo. Son dos líderes pragmáticos, de mano dura, que saben de la escasa importancia que tiene concurrir al mal llamado “parlamento mundial”. Nunca se toma una determinación importante a nivel de Asamblea General, al margen de la cual se pactan reuniones bilaterales o de pequeños grupos de mandatarios, las más son pura cortesía, aunque a veces sirven de inicio simbólico de negociaciones que serán llevadas a cabo luego por técnicos. El lugar donde las papas queman en las Naciones Unidas es el Consejo de Seguridad, claro que este hervidero de patatas se enfría muy a menudo con los baldazos de agua helada de los vetos, vertidos por las potencias con asiento permanente en ese poderoso comité.

También existen otros organismos, como el Consejo de Derechos Humanos, un curioso grupito en el que Cuba, China y Arabia Saudita son miembros y se permiten, créalo o no, juzgar el desempeño de otros países en el respeto a los derechos humanos. Por eso, acaba de producirse la curiosa situación de que un digno miembro de ese Alto Consejo (así se llama), Venezuela, ha sido condenado por las atroces violaciones cometidas por su gobierno en este campo. Ecuador en un acto de dignidad votó a favor de la condena, ya era hora. Eso sí, el efecto práctico de esta resolución será menor a la “huella de carbono” del papel en que está escrita, es decir, casi nulo. (O)

Sabatina universal
Las reuniones de la Asamblea General de la ONU son un costoso espectáculo en el que jefes de Estado y de gobierno asisten para pronunciar piezas oratorias que, por lo general, no interesan a sus colegas. Casi siempre se limitan a repetir aspiraciones o posiciones de sus países, temas archisabidos por todos los políticos y diplomáticos.
2018-10-01T00:00:43-05:00
El Universo

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