Males como remedio

13 de Agosto, 2018
13 Ago 2018
13 de Agosto, 2018 - 00h22
13 Ago 2018

El vendaval desertificador del correísmo asoló todos los campos de la vida nacional. Así es el totalitarismo, pretende esterilizar hasta la última manifestación de la vida de una sociedad. En pocos ámbitos la acción destructora de la tiranía se ensañó como en el de la cultura. Lo peor es que el caudillo fue aupado con la colaboración entusiasta de la enorme mayoría de pensadores y artistas, intoxicados con la superstición de que la cultura debe ser de izquierda. A pesar de que muchos de ellos, sobre todo los más auténticos y profundos, rápidamente se desencantaron y abandonaron los kennels dictatoriales, el resultado no pudo ser más desolador. La plástica pasa por la peor hora en milenios; la literatura está catatónica; el pensamiento, en avanzado estado de putrefacción; la música, atónica. Si algo sobrevive es secuela de logros anteriores y de esfuerzos solitarios de personas y colectivos.

En otro ámbito, las nacionalidades indias experimentaron similares equivocaciones, decepciones y deserciones. Activos participantes iniciales del “proyecto” en breve se dieron cuenta de que los timaron y se volvieron activos opositores, llegando a ser uno de los factores claves que evitaron que el plan totalitario se consolidara en el Ecuador. Aquí hay que considerar que la diversidad de la sociedad ecuatoriana va mucho más allá del eslogan turístico. El hecho de ser un país compuesto por varias regiones y varias etnias dificulta que se lo pueda meter en una camisa de fuerza de talla única. Así hemos salido con costos más bien bajos de cada tiranía. Igual que pasó con los actores culturales que quisieron seguir prendidos de la ubre de la dictadura, las organizaciones y dirigentes que se quedaron fueron reducidos a dóciles mascotas que exhibían sus gracias en el circo correísta.

Enrique Males es una muestra viviente de la dolorosa búsqueda de la identidad, con marchas y contramarchas, eclipses y esplendores. Conocí al gran músico imbabureño hace cincuenta años, cuando cantaba en el Trío Ecuador, elegantemente vestido con traje formal imbaya. No seríamos amigos sino veinte años después, escuchándolo cantar y conversar en noches y mañanas. Se había cortado la chimba, atrás quedaban el folclorismo, la “canción protesta” y los covers de canciones occidentales. Lo encontré en su exploración de sonidos y voces que dan cuenta de su raíz y de las tierras que la nutren. La cuidadosa restauración de su lengua como instrumento de alta cultura es componente insoslayable de su labor. Coetáneo de una época crítica y decisiva para la nación quichua, ha vivido tres cuartos de siglo. Proviene del telar, ese instrumento en el que se teje la identidad andina, porque tejido es texto, es trama, es textura y contextura. De allí hasta los complejos y espléndidos espectáculos multidisciplinarios en los que ha volcado integralmente su creatividad. Esta honrada trayectoria de autenticidad y tesón acaba de ser reconocida con el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo. Buena señal, porque les hago notar que es el primer indio en cuarenta y tres años que recibe el galardón por labores estrictamente culturales. (O)

Males como remedio
El vendaval desertificador del correísmo asoló todos los campos de la vida nacional. Así es el totalitarismo, pretende esterilizar hasta la última manifestación de la vida de una sociedad.
2018-08-13T00:22:58-05:00
El Universo

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