Paradójicamente, de El Aromo lo que emana es un aire a podrido, nauseabundo y pestilente. Según información procedente de este mismo diario y otros, el costo para los ecuatorianos de este fallido proyecto asciende ya a 1.528 millones de dólares, elevado monto que no sirve para nada, un desperdicio más de la década abusiva. Fallido, sí; el presidente Moreno ha anunciado que en ese espacio no se construirá la refinería del Pacífico, que Correa cifraba en 13.000 millones de dólares. Menos mal.

Vale la pena recordar la génesis y avatares de este proyecto. No debemos olvidar que su mentor fue el difunto líder venezolano Hugo Chávez y que en el mismo acto de posesión del expresidente Correa anunció que cofinanciaría su construcción, con expresiones condescendientes hacia nuestro mandatario, al que trató de muchacho, para afrenta de los ecuatorianos. La idea era que esa refinería podría recibir crudo venezolano para, una vez refinado junto con el ecuatoriano, exportar como producto terminado al otro lado del Pacífico: a China. Que se sepa, Venezuela no puso un solo centavo para este proyecto, que tozudamente el expresidente Correa sostuvo hasta el final. Creo recordar, en cambio, que Ecuador sí le entregó un campo petrolero a Venezuela, tema sobre el que no se ha vuelto a hablar. Ahora que se están levantando alfombras, sería bueno volverlo a revisar y que se nos diga la verdad.

La puesta en marcha de este proyecto creó uno de los primeros enfrentamientos y descalificaciones: la entonces asambleísta constituyente Martha Roldós, basada en estudios técnicos, objetó públicamente la ubicación del proyecto como inconveniente desde el punto de vista ambiental. Recibió una de las primeras andanadas de Correa, pregón de las que vendrían en la década de los insultos.

Se procedió luego a contratar obras –ya lo adivinó, lector– con la infame Odebrecht, la corruptora, y se pagó un par de centenares de millones a PDVSA por su asesoría. Hace poco menos de un año en que me interesé y escribí sobre este tema, el costo ascendía a 1.200 millones; desde entonces se ha elevado en 328 más. ¡Hablamos de millones como si de nada! En esa misma época, un diario mexicano especializado en economía informaba que en ese país, consorcios privados estaban construyendo seis refinerías a razón de 1.000 millones por refinería, con capacidad de refinación superior a 100.000 barriles diarios cada una. Usando esa referencia, si a lo gastado en El Aromo sumamos lo gastado en la repotenciación fallida de la refinería Atahualpa, ya tendríamos tres refinerías nuevas y sobraba. Hoy no tenemos nada.

Lo gastado en El Aromo nos deja un enorme campo limpio de toda vegetación y aplanado, expuesto a la erosión por el viento y el agua; un acueducto para llevar agua cruda; un sistema de drenajes que conforma un damero; un cercado de protección; y se reporta, un dispensario médico para el poblado del mismo nombre. Esto último será útil.

¿Qué hacer con El Aromo? Sin ser experto pero atento a los giros del mundo, propongo que se estudie convertir este campo yermo en un parque de generación de energía solar, con participación de empresas privadas. Las tecnologías están plenamente desarrolladas y disponibles y, día a día, más baratas. El sol en nuestra latitud es abundante, gratis y limpio. Tal vez así, con la ayuda de Taita Inti, El Aromo nos pueda traer al fin una bocanada de aire fresco. (O)