Dios, Patria y familia es la frase que indica el orden de los amores. No tengo ninguna duda de que Dios es nuestro primer absoluto en la vida. Lo primero y el centro de esta; por la Patria se sacrifican hasta las familias en tiempos de guerras y necesidades, es la familia la que sufre, pero también son las familias las que hacen el conjunto patrio, sin familias no hay patria, ni aliento para luchar por ella.
Los jefes de familia se sacrifican para mantener y educar a sus hijos y agotan sus fuerzas día a día en el trabajo. Una familia que sale adelante es un aporte para la Patria.
Quienes tienen una fuerte vocación social, política o científica absorbente, ¿cómo hacen para no descuidar a su familia? Necesitan, sin duda, el apoyo de uno de los progenitores para sostener la unidad y armonía familiar en ausencia del otro cónyuge. Posiblemente, es la razón por la que antiguamente se usaba la frase “Tras un gran hombre hay una gran mujer”. En la actualidad también sucede lo contrario.
Sostengo que la familia es el trabajo más importante y no dura toda la vida. No hay más que una oportunidad para educar a los hijos y si la perdemos, no regresa el tiempo para recuperar lo que no hicimos.
A veces absorbe la preocupación económica en detrimento de la atención y educación integral de los hijos que requieren lo afectivo, emocional, jugar con ellos, orientarlos, aconsejarlos, transmitirles nuestra experiencia, dialogar y generar confianza, formarlos en las virtudes humanas y cristianas que necesitan el ejemplo ante todo, etc…
Ser padre y madre requiere de tiempo y en la vida actual es lo que más escasea, agravado por el uso excesivo o adictivo de la tecnología, especialmente los celulares que parecen pegados a nuestras manos o extensión de nuestros cuerpos.
Trabajar es indispensable y es bueno, pero tenemos que tomar conciencia de que el trabajo más importante está dentro del hogar: mantener la relación conyugal y la vida familiar.
El cansancio del trabajo afuera puede ser un gran enemigo de la familia porque llegan agotados a atender a los hijos con lo que les queda de fuerza, ánimo, paciencia y claridad. También las relaciones conyugales se ven afectadas por el estrés laboral, pues al terminar la jornada con los hijos, la pareja puede estar tan fatigada que ya no quedan fuerzas ni para sonreírse.
Es triste ver cómo se distancian los miembros de una familia simplemente porque no se dan tiempo real, ni de calidad a causa de las ocupaciones para sostenerla y por el agotamiento físico y nervioso.
Cuando depende de cada uno, es necesario poner límites en los horarios de trabajo, convencidos de que el más importante comenzará al llegar a casa.
Manejar el estrés constituye uno de los aprendizajes más necesarios para las personas hoy. Existen múltiples maneras a nuestro alcance y algunos que no cuestan nada como saber respirar profundamente.
Y tomar vacaciones todos juntos puede ser inolvidable. (O)









