El excelentísimo señor presidente de la República dijo, en el mensaje de asunción de su nuevo mandato, que este sería su último periodo. Y lo dijo con tal seguridad, con tal aplomo, con tal certera visión al teleprompter, que no dejó lugar a dudas.
Al escucharlo, a todos se nos humedecieron los ojos, sentimos una como punzada en el corazón y una angustia en la boca del estómago y, para nuestros adentros, pensamos ¡qué pena!, porque todavía tiene mucho para dar a la patria chica y mucha cuerda para convertirse en el líder de la patria grande. Sin embargo, asumimos que si esos eran sus deseos no nos quedaba más que respetarlos, porque los deseos del excelentísimo señor presidente de la República son para nosotros ley, igualito que para los asambleístas.
Y en esas estábamos, tristes, compungidos, cabizbajos, cuando, ¡oh sorpresa!, en una de sus penúltimas sabatinas el excelentísimo señor presidente de la República expresó, con esa sonrisa tan suya, tan singular, tan de medio lado, que si los de la oposición le siguen molestando, se lanza a la reelección. ¡Qué felicidad que tuvimos! Nos entró, como una ráfaga, la tranquilidad hacia nuestros adentros (porque si nos entraba solo a nuestros afueras no se nos incrustaba como se nos incrustó). Y, entonces, poco a poco, la multitud que siempre lo acompaña en cuanta tarima se presenta, comenzó a corear el estribillo “reelección, reelección”.
Luego, el excelentísimo señor presidente de la República, en otra de sus penúltimas sabatinas, dijo que si los partidarios del alcalde de Guayaquil piden que se reelija otra vez, él también se lanzará a la reelección, propuesta que inmediatamente fue confirmada por quien dirige el coro de Alianza PAIS, en su condición de segunda voz (la primera la tiene siempre el excelentísimo señor presidente de la República, quien es lo que en música se llama tenor, barítono, bajo, contralto, solfeísta, arreglista, letrista y todo mismo).
Y ya. Solucionado el problema. Lo que pasa es que al excelentísimo señor presidente de la República, como a todo gran líder, hay que saber interpretarlo porque habla, ¿cómo les explico?, ora en metáforas, ora en paradojas, ora en anacolutos (qué también será eso, pero creo que son los ministros a los que a veces les da la palabra). Y entonces, cuando dice una cosa, es que en realidad quiere decir otra.
¿No se acuerdan de que dijo que si le ganaba el juicio al Banco Pichincha iba a donar esos fondos para un asilo, una obra social, un albergue? Y cuando ganó, efectivamente, se compró un albergue en Bélgica para albergarse él y su familia en vacaciones, pero sobre todo en cuanto se retire, algo que, a este paso, solo puede ocurrir si es que Guillermo Lasso, a quien él designó oficialmente como único líder de la oposición, continúa con su incesante actividad, tan tenaz como inteligente, que enfervoriza a las masas con sus denuncias y sus propuestas clarividentes.
Bueno, lo cierto es que a la palabra del excelentísimo señor presidente de la República no hay que tomarla al pie de la letra. Si dice no, puede ser sí. Si dice que sí, puede ser no. Si solemnemente dijo que no se lanzará, insolemnemente quiere decir que sí se lanzará indefinidamente. Elé.









