El gobierno del presidente Lenín Moreno está a poco más de dos meses de terminar su periodo, pero los inconvenientes internos parecen no detenerse. Algo notorio con los recientes cambios de gabinete.

El pasado 26 de febrero renunció el ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, y fue reemplazado por el viceministro Rodolfo Farfán cuatro días después.

Juan Sebastián Roldán, quien era una de las personas más cercanas al presidente, dejó antes la secretaría general de Gabinete, el 19 de febrero. Fue oficialmente reemplazado el lunes por Jorge Wated, quien dejó la presidencia del Consejo Directivo del IESS.

Mientras que Gabriel Martínez, quien era el ministro de Obras Públicas, se convirtió ese mismo día en el nuevo ministro de Gobierno, en reemplazo de Patricio Pazmiño, quien dimitió la semana pasada.

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Tras el movimiento de Martínez, Jorge Loor asumió su posición en Obras Públicas.

También Héctor González fue designado como gobernador de Cotopaxi, tras la salida de José Maya.

Todos dijeron que entre los factores de su renuncia estaban motivos personales.

Para el analista y profesor de la UDLA, César Ulloa, en general estos cambios, por los cargos que se movieron no son de “transcendencia pública” porque la población ya está esperando simplemente los días para que acabe el periodo, incluyendo el presidente.

“Hay dos grupos, el que abandona el barco cuando debió quedarse hasta el final -hablo de Juan Sebastián Roldán- y no se explica por qué se va a días (que termine el mandato). La otra es la sustitución de los cargos que quedan vacantes para no dar una imagen de que el barco está a la deriva”, dice Ulloa, quien agrega que este es un gobierno extremadamente desgastado y agotado y los cargos que se cambian esta última semana no son de tanta importancia como el ministro de economía o salud, que pueden orientar medidas esenciales en el último tramo, a estas alturas.

Sobre si hay quienes no quieren quedarse hasta el final para no terminar de ‘quemarse’, Ulloa menciona que quisieron salir antes de que el colapso sea mucho mayor, en el gobierno con peor calificación desde el regreso a la democracia en 1979.

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“Ni siquiera (Jamil) Mahuad, (Lucio) Gutiérrez o (Abdalá) Bucaram tuvieron los indicadores de Moreno... Creo que es fácil irse y más difícil quedarse hasta al final y asumir todas las consecuencias”, afirma Ulloa, quien también cree que los cuadros importantes se fueron o piensan irse ante un posible regreso del correísmo, por alguna represalia.

El analista y exdiplomático Mauricio Gándara comenta algo parecido y ve que también el abandono del barco antes del final podría ser una forma de protegerse ante lo que venga después con la nueva administración.

“Parece que están poniendo los “pies en polvorosa” (frase española que significa huir precipitadamente) algunos, con el temor que pueda volver Correa con su pupilo Aráuz”, dice Gándara.

Añade que también hay quienes están temerosos de responder sobre los destinatarios de las vacunas, entre quienes podrían estar desde familiares hasta coidearios, haciendo referencia a Zevallos y otros.

“Es un abandono del barco”, apunta Gándara, quien dice que Pazmiño estuvo poco tiempo y “más como ministro de la Policía”, pero que antes estuvo cerca de María Paula Romo, la exministra de gobierno destituida por la Asamblea Nacional. (I)