Sin la asistencia de anteriores votaciones arrancó este 21 de abril la jornada de consulta popular y referéndum en dos de los recintos electorales más grandes del sur de Quito: las unidades educativas Pedro Traversari, en Chillogallo, y Consejo Provincial de Pichincha, en San Bartolo.

Para algunos, como Ruth Albuja, el frío y la llovizna de la mañana hicieron que no haya suficientes votantes. En cambio, Luis Tupiza, más bien piensa que la falta de asistencia se debe a que son muchas las votaciones a las que han acudido en poco tiempo y la gente está cansada de no ver cambios. En poco más de un año, Ecuador ha asistido en tres oportunidades a las urnas.

Este domingo, más de 13 millones de ecuatorianos deberán pronunciarse sobre si aprueban o no los once temas consultados mediante seis preguntas de referéndum y cinco de consulta popular. Entre las temáticas está el aceptar o no la extradición de ecuatorianos, el apoyo complementario de las Fuerzas Armadas a Policía Nacional en el combate del crimen organizado, el trabajo por horas, la creación de judicaturas especializadas para el conocimiento de materia constitucional, entre otras.

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Carlos Piña sostiene que los temas a tratar son de importancia para los ecuatorianos por lo que la ciudadanía debe tomarse el tiempo de entender lo que se le está consultando, para no dejarse llevar por lo que quieren ciertos sectores a favor y en contra de la consulta. Él asegura que junto a su familia, su esposa y una hija mayor de edad, conversaron sobre las preguntas y cada uno se hizo un criterio propio de qué opción apoyar.

“Si vamos a las urnas es porque hay algo importante por decidir. Creo que los ciudadanos tenemos la obligación de tener una posición, sea a favor o en contra, pero esa decisión debe ser basada en el análisis propio y no porque alguien diga sin ninguna explicación o análisis vota a todo sí o vota a todo no. Debemos ser responsables y analizar. Es nuestro país”, sostuvo el cotopaxense.

Para ingresar a los lugares de votación agentes policiales revisaban a todos los ciudadanos y más aún a quienes llevaban maletas, mochilas o las que pudieran contener otros objetos. A quienes llevaban gorras se les pedía que se las retiraran mientras estaban en el recinto electoral.

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Ya en el interior, militares armados caminaban por todos los patios, pasillos y aulas escolares transformadas en lugar de votación. Uno de ellos, quien prefirió no dar su nombre, refirió que están para colaborar con los miembros de mesa y para vigilar que el voto se realice sin novedades.

En los exteriores de los recintos también hay la colaboración de agentes metropolitanos de tránsito y policías de control urbano e inteligencia. La idea es tener control y seguridad no solo de los centros de votación, sino de sus alrededores.

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De a poco, mientras avanza la jornada, el número de personas aumenta en los centros de votación. (I)