El 51 % que obtuvo en las elecciones de noviembre le dan un gran apoyo inicial a Xiomara Castro, quien desde hoy será oficialmente la primera mujer en la Presidencia de Honduras.

Tras ocho años de Juan Orlando Hernández en la Presidencia, el país ha tenido serios problemas de corrupción, relación de instituciones con el narcotráfico y un distanciamiento de EE. UU.

Sin embargo, antes de iniciar su mandato, Castro ha tenido que enfrentar un quiebre en su bancada, pues la semana anterior se instaló el nuevo Congreso, en el que iba a tener casi el 40 % el Partido Libre (PL, oficialista), pero por falta de acuerdos todo terminó en una nueva crisis que derivó el domingo en la elección de dos juntas directivas paralelas en el Parlamento: una en la sede del Legislativo y otra en las afueras de Tegucigalpa, en medio de la acusación de “traición” de Castro a cerca de una veintena de legisladores disidentes.

La socióloga Julieta Castellanos, exrectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, comenta que el PL había acordado con el Partido Salvador de Honduras (PSH) que este último (con diez curules) se sumara a la bancada del Gobierno y propusiera al presidente del Parlamento; pero, al final, una facción del PL no quiso y terminó colocando a Jorge Cálix (PL) en la presidencia del Congreso con el apoyo del Partido Nacional (oficialismo, hasta ayer).

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Esto complica las perspectivas de las promesas hechas por la nueva mandataria, varias de las cuales necesitarán de mayoría calificada, e incluso va a ser complicado obtener mayoría simple. Además debe elegir la nueva Corte Suprema de Justicia, el nuevo procurador general, el fiscal general y otras autoridades.

“En el fondo, la alianza se debilita (PL-PSH) y la agenda que propusieron, que era combatir la corrupción, la impunidad, reformar los códigos penales que han debilitado el sistema de justicia. No ha explicado el grupo disidente cómo va a aprobar esta legislación si han sido apoyados por los diputados que aprobaron, en la legislación anterior, todas estas leyes lesivas para la lucha contra la corrupción”, comenta Castellanos.

Dejando a un lado esta disputa política partidista, la presidenta deberá enfrentar lo que resta de pandemia y su impacto en el sistema de salud, la vulnerabilidad ambiental con el paso de huracanes y su secuela en la calidad de vida de la gente, así como la demanda de empleo. Además, el sistema educativo está semiparalizado a todo nivel, las cifras dan 40 homicidios por cada 100.000 habitantes, los sectores pobres tienen acceso muy limitado a recursos y con demandas inmediatas, con los gremios hay cierta cercanía con Libre (lo que le puede dar un compás de espera), los productores siempre están demandando, además del sector industrial y el financiero.

Expertos también mencionan el endeudamiento del país, así como los problema del sistema energético, pues existe el peligro de racionamientos y hay costos altos.

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El analista hondureño Raúl Pineda comenta que Castro deberá enfrentar intereses políticos y exógenos que son económicamente muy poderosos y que lograron unir a facciones que aparentemente eran irreconciliables (por lo del Congreso). No obstante, con deserciones en el movimiento disidente del oficialismo se cree que saldría victoriosa del conflicto.

Pineda recuerda también que la gran votación que tuvo Castro más que por ella fue por el gran rechazo que se tiene a Hernández, a quien no se espera en la toma de mando, en la que sí estará la vicepresidenta de EE. UU., Kamala Harris.

La presencia de Harris es muy importante para representar un nuevo acercamiento, puesto que Honduras siempre ha sido estratégico para los estadounidenses. Y en esta ocasión han prometido a Castro darle el respaldo necesario siempre que mantenga una distancia de regímenes de izquierda radical, según Pineda.

“En Centroamérica, (EE. UU.) tiene mala relación con Guatemala, El Salvador, muy mala con el Gobierno de Daniel Ortega, y solo le queda Honduras, donde tienen bases militares... De aquí se surte la base de Guantánamo y otras que requieren la logística que le da la base de Palmerola... Están muy interesados en reafirmar una influencia muy fuerte en el país”, afirma Pineda, quien opina que, ideológicamente, Castro “se va a mantener en una izquierda descafeinada”.

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De acuerdo con Fátima Romero, periodista del diario La Prensa, de Honduras, la gente tiene mucha expectativa por el cambio de mando, y no se había visto ese respaldo de la comunidad internacional tras ocho años de Hernández.

“Si bien la crisis (del Congreso) sí tiene a mucha gente con incertidumbre, en general la gente espera que (el nuevo Gobierno) sea mejor, porque los últimos cuatro años de Hernández han sido difíciles”, comenta Romero.

También recuerda que Castro es esposa del derrocado presidente Manuel Zelaya, quien ha permanecido como un asesor; además de que su hijo, Héctor Zelaya Castro, ha tomado más protagonismo. (I)