Un 21 de abril, el mundo quedaba impactado por la muerte de un sumo pontífice en el cargo luego de dos décadas y en medio de un jubileo. Cientos de cardenales viajaron hasta Ciudad del Vaticano para las honras fúnebres, así como para conformar el cónclave que nombraría a su sucesor y pontífice n.º 267 de la Iglesia católica.














