Cuando excavamos para extraer un metal precioso, un combustible carbonífero o un mineral antiguo, extraemos un capítulo de otra época.

Tales materiales son, en palabras de la escritora canadiense-estadounidense Astra Taylor, el “pasado condensado”: narran épocas épicas de furia magmática, bosques tropicales o vapor hidrotermal.

Tardan millones de años en asentarse o cristalizar, pero solo unos momentos en ser eliminados con maquinaria y explosivos.

Desde que los humanos nos dimos cuenta por primera vez de que el suelo bajo nuestros pies contenía riquezas ocultas, hemos excavado para descubrir qué hay debajo. La minería hace posible casi todos los aspectos de nuestra vida moderna y, a menudo, los efectos en el mundo natural nos parecen muy lejanos.

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Ver el impacto visual de una mina puede cambiar sutilmente cómo pensamos acerca de nuestras posesiones.

Incluso estas palabras están llegando a ti a través de materiales geológicos: detrás de tu pantalla, enredados en componentes electrónicos, hay metales que alguna vez estuvieron encerrados durante milenios dentro de una roca.

Y en algún lugar del mundo en este momento, nuestro deseo de tener más y más de esta tecnología está impulsando búsquedas subterráneas cada vez más profundas y amplias de esos recursos.

A continuación, analizamos las innumerables formas en que la minería ha transformado la superficie de la Tierra, desde las llamativas y antinaturales tonalidades de los “estanques de relaves mineros” hasta los paisajes a cielo descubierto que parecen las huellas dactilares de la humanidad misma.

Si los minerales antiguos que codiciamos son el pasado condensado, entonces, lamentablemente, lo que nos espera es un futuro lleno de cicatrices.

Uno de los pozos mineros más grandes del mundo, con 84 tipos de minerales, es la "pegmatita número 3" en Xinjiang, China. Foto: Getty Images
Minerales de hierro oxidados en la zona minera de Riotinto, en la provincia de Huelva, España. Foto: Getty Images
Mezclados con agua, los minerales de hierro se esparcen como pintura de acuarela por el paisaje. Foto: Getty Images
Cuando los minerales se encuentran con el aire, se enrojecen y luego se oscurecen a medida que se acumulan en aguas más profundas. Foto: Getty Images
Como la espiral de una huella digital gigante: la mina del cañón de Bingham, también conocida como la mina de cobre Kennecott, en Utah, Estados Unidos. Foto: Getty Images
La mina de oro Los Filos en el estado de Guerrero, México. Foto: AFP
En la Amazonía brasileña, el campamento informal de extracción de oro Esperança IV, cerca del territorio indígena Menkragnoti. Foto: AFP
En otra parte de la Amazonía, en Perú, un área deforestada causada por la minería ilegal de oro en la cuenca del río Madre de Dios. Foto: Getty Images
Un estanque de relaves utilizado para almacenar subproductos de la minería de cobre en Rancagua, Chile. Foto: Getty Images
El cobre es una de las principales exportaciones de Chile. Foto: Getty Images
El agua anaranjada de una mina de sulfuro de cobre en desuso cerca de la aldea Lyovikha en los Urales, Rusia. Foto: Getty Images
Una mina de carbón abierta se alza sobre el horizonte cerca de Mahagama, en el estado indio de Jharkhand. Foto: Getty Images
Mina Eti Mine Works en Eskisehir, Turquía, donde el litio, un componente clave de las baterías, se produce a partir de fuentes de boro. Foto: Getty Images
La mina de uranio de Rossing, en Namibia, es una de las minas de uranio a cielo abierto más grandes del mundo, en el desierto del Namib. Foto: Getty Images
La mina de diamantes nevada Mir en Rusia insinúa lo que nuestros descendientes podrían descubrir. ¿Qué harán con estos legados de nuestro consumo? Foto: Getty Images

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