Una prolongada irrupción de aire ártico se extendió sobre amplias zonas de Estados Unidos tras una intensa tormenta invernal a finales de enero, provocando temperaturas muy por debajo de lo normal y agravando los impactos de nieve y hielo desde el Medio Oeste hasta el sur del país.
Aunque la tormenta inicial se dispersó rápidamente, el frío extremo persistió durante varios días. Para analizar este fenómeno, la NASA utilizó observaciones de su Earth Observatory combinadas con cálculos del sistema de modelado climático Goddard Earth Observing System (GEOS), con el fin de mapear el comportamiento del vórtice polar sobre Norteamérica.
Los datos revelaron un patrón inusual: mientras las temperaturas cercanas a la superficie mantenían ciclos normales de calentamiento y enfriamiento, una masa de aire extremadamente frío se desplazó hacia el sur y el este y permaneció sobre la región durante gran parte de la semana, en lugar de retroceder hacia el Ártico.
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Meteorólogos atribuyeron este comportamiento a la canalización de aire ártico hacia el este de América del Norte, impulsada posteriormente hacia latitudes más bajas por sistemas de alta presión que forzaron una pronunciada ondulación de la corriente en chorro.
Este proceso permitió que el aire gélido se derramara sobre regiones habitualmente más templadas.
La información fue compilada en un video que muestra, a lo largo de una semana de enero, la forma y el desplazamiento de la masa de aire asociada al vórtice polar en todo el continente.
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Según la NASA, tormentas invernales extremas como esta pueden tener efectos significativos en las labores de recuperación, especialmente en comunidades afectadas por cortes de energía e infraestructura dañada.
La exposición prolongada al frío incrementa los riesgos de hipotermia y congelación, además de ejercer presión adicional sobre refugios, hospitales y servicios de emergencia. (I)






















