El 2021 sumió a Haití en más de una tragedia complicando su crítica situación. Su presidente fue asesinado, es uno de los países que menos ha vacunado contra el COVID-19, hay escasez de combustible y los desastres naturales y accidentes no faltaron.

El último suceso que consternó a Haití fue la explosión de un camión con combustible, que provocó al menos 61 muertos y decenas de heridos en la ciudad de Cap-Haitien (norte), un accidente que no deja de ser consecuencia de la crisis que padece el país y que ya es calificada de “endémica”.

Al accidentarse el camión, personas que estaban cerca se lanzaron al saqueo golpeando con martillos la cisterna del camión y se produjo una explosión que hizo saltar por los aires a las víctimas y viviendas cercanas.

Una tragedia fruto de la desesperación causada por la escasez de combustible que mantiene al país a media marcha desde hace meses, llevando los carburantes al mercado negro y a la imposición de precios inasumibles para la mayoría de la población.

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La crisis de combustible fue generada por la violencia de las bandas armadas, que desde hace meses hacen cundir el terror en el país con sus disputas por el territorio y con una serie de secuestros indiscriminados.

Magnicidio empeoró la situación

La acción de las bandas ha ido en aumento aprovechando la inestabilidad política que ha vivido el país este año, que se ha ido deteriorando desde que en febrero pasado el presidente Jovenel Moise denunció que se tramaba un golpe de Estado.

La crisis se agravó al extremo a partir del magnicidio, perpetrado la madrugada del 7 de julio por hombres armados que accedieron a la residencia del mandatario sin que los responsables de su seguridad presentaran resistencia.

Un hombre abraza una fotografía con la imagen del presidente Jovenel Moise durante su funeral en Cap-Haitien (Haití). Foto: EFE

Desde el magnicidio, el Gobierno haitiano ha solicitado, sin éxito, apoyo internacional para hacer frente a las bandas armadas, una petición de ayuda que por el momento ha sido ignorada.

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Tras el asesinato de Moise, asumió el poder como primer ministro Ariel Henry, que ha incluido a miembros de la oposición en su gabinete, pero en los cinco primeros meses de su gestión no ha conseguido poner en marcha los planes para adoptar una nueva Constitución.

Tampoco ha logrado avanzar en la creación de las condiciones necesarias para celebrar elecciones, de momento previstas para finales de 2022.

Los principales esfuerzos que se han visto del Gobierno en estos meses han sido tratar de controlar las múltiples crisis, en especial el terremoto del pasado 14 de agosto que devastó gran parte del sur de Haití causando la muerte de 2.248 personas.

Controlar también la violencia de las bandas, la recepción de miles de migrantes deportados desde Estados Unidos y la pandemia de COVID-19, de la que reporta 25.974 casos y un poco más de 760 muertes, y para la que solo ha conseguido aplicar cerca de 200.000 dosis de vacunas, lo que equivale al 0,6 % de su población.

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El terremoto supuso una pérdida del 15 % del PIB de Haití, cuya economía se contrajo el 3,3 % en 2020 y podría menguar el 1,3 % adicional al finalizar este año, recoge EFE.

Funeral del presidente Jovenel Moise, asesinado el 7 de julio de este año. Foto: EFE

María Belén Loor, máster en análisis político, dice que resulta interesante ver el contraste del crecimiento que el vecino de Haití, República Dominicana, ha demostrado y que la inestabilidad política que vive el empobrecido país hace compleja cualquier injerencia.

“Haití ha tenido 20 gobiernos en 35 años (...), es una democracia que está muy complicada, es el país más pobre de la región. Es muy complejo interceder con ayuda internacional”, menciona.

Escasez de alimentos y crisis de seguridad

Sineus Etzer, médico haitiano de 38 años que reside en Ecuador desde hace cinco, comenta que en Haití hay mucha dificultad económica y que fue esa la principal causa que lo impulsó a emigrar junto con su esposa.

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“Mi país tiene una crisis que puedo decir que es la peor de todos los tiempos, sobre todo por la violencia, pero hay que resaltar que la violencia o lo que se ve que ocurre en Haití se focaliza en la capital que es Puerto Príncipe (...). Fuera de la capital no es la misma realidad”, comenta y recuerda que el magnicidio y luego el terremoto fueron algo que afectó emocionalmente a los haitianos.

Etzer manifiesta que la magnitud de violencia en el país, de la mano de la presencia de bandas armadas, es algo que no se veía desde hace más de una década y dice que estaría vinculada al endurecimiento que ha tenido la lucha contra el narcotráfico hacia EE. UU., lo que ha complicado a varias bandas que han optado por tomar el control de la capital.

“Esa violencia hace que en Puerto Príncipe haya unos mil secuestros por año, según últimos registros”, menciona.

El haitiano cuenta también que la situación alimentaria es compleja ya que cada vez se dificulta más el acceso a los alimentos por la reducción que ha tenido la producción agrícola y el aumento de las importaciones desde países como EE. UU. que implican altos costos.

Refiere que la nación carece de programas de inversión y préstamos para este sector clave y que los que existen están llenos de trámites burocráticos a los que no todos pueden acceder.

“La realidad es que en el país la burguesía haitiana acapara todo... la vida del día a día de los haitianos es muy difícil, porque todo lo vuelven difícil”, apunta.

Haití vive una aguda crisis sociopolítica y económica desde hace varios meses. Foto: EFE

Salida de crisis depende del mismo país

Etzer dice que en 2022 los haitianos esperan que se llame a elecciones limpias en las que el pueblo pueda expresar su voluntad.

No obstante, menciona que hay mucha desilusión porque el actual Gobierno ha mostrado desinterés sobre las nuevas elecciones y considera que puede haber una demora de hasta dos años para que este clamor del pueblo se concrete.

“El pueblo en general ha perdido la confianza en la seguridad, en la estabilidad económica y en la esperanza, por eso ha aumentado la migración a otros países para escapar de esa dura realidad”.

Sin embargo, el haitiano enfatiza en que son los mismos haitianos quienes tienen el deber de organizarse y buscar salidas a las múltiples crisis.

“Hay que organizarnos primero, unirnos primero, para solucionar primero nuestros problemas y así que otros nos puedan ayudar”, subraya y reconocer que la situación nunca ha sido así y que ha hecho que países como EE. UU. tengan injerencia y muchas veces se aprovechen para dejar su influencia, lo que ha terminado por debilitar también la confianza en el país norteamericano.

Mural en homenaje al asesinado expresidente Jovenel Moise, en Puerto Príncipe. Foto: EFE

Loor coincide y dice que es necesario que las soluciones para la salida de la crisis que afecta al país deben empezar internamente y añade que en el caso de República Dominicana la injerencia de EE. UU. ha sido clave para que su realidad sea distinta a la de Haití.

“Internamente deben poner en orden su casa, a nivel político, financiero y en seguridad, hacer convergencias, etc., hará que mejore el tema financiero y de esa forma calmar los ánimos de violencia que hay dentro y que así puedan seguir recibiendo ayuda internacional”, manifiesta.

Para la analista, Haití nunca se recuperó de los desastres naturales y dice que se debe tener en claro que en América Latina no hay organismos supranacionales o plataformas que puedan brindar un apoyo directo o soluciones de ayuda humanitaria más allá de en ocasiones puntuales, como los desastres naturales, por lo que es clave que las soluciones se busquen dentro. (I)