Agua limpia en 1842, seguridad alimentaria en 1906, una prohibición a la pintura a base de plomo en 1971. Estas reformas de grandes dimensiones a la salud pública transformaron no solo nuestro ambiente, sino también las expectativas de qué podían hacer los gobiernos.

Según un grupo de 39 científicos, ahora es momento de hacer lo mismo por la calidad del aire en interiores. En una especie de manifiesto publicado el jueves en la revista Science, los investigadores llamaron a un “cambio de paradigma” sobre cómo los ciudadanos y los funcionarios de gobierno piensan sobre la calidad del aire que respiramos en interiores.

La elección del momento del llamado a la acción que están haciendo los científicos coincide con la reapertura a gran escala de la nación a medida que los casos de coronavirus caen de manera estrepitosa: los estadounidenses enfrentan con ansiedad el regreso a las oficinas, las escuelas, los restaurantes y los teatros (exactamente el tipo de espacios en interiores hacinados en los que se piensa que el coronavirus prospera).

Los expertos declararon que ahora hay pocas dudas de que el coronavirus puede permanecer en el aire en interiores y que flota más allá de los 2 metros de distancia recomendados. La investigación realizada hasta el momento pone en los legisladores y los ingenieros constructores la responsabilidad de brindar aire limpio en edificios públicos y de minimizar el riesgo de infecciones respiratorias, afirmaron.

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“Esperamos tener agua limpia de los grifos”, dijo Lidia Morawska, la lideresa del grupo y una física de aerosoles en la Universidad de Tecnología en Queensland, Australia. “Esperamos tener alimentos limpios y seguros cuando los compramos en el supermercado. De la misma manera, deberíamos esperar aire limpio en nuestros edificios y en cualquier espacio compartido”.

Cumplir con las recomendaciones del grupo requeriría nuevos estándares para la calidad del aire en el lugar de trabajo, pero los científicos mantienen que los remedios no tienen que ser onerosos. La calidad del aire en edificios puede ser mejorada con algunos arreglos sencillos, dijeron: agregar filtros a sistemas de ventilación existentes, usar limpiadores de aire portables y luces ultravioleta o incluso con solo abrir las ventanas donde sea posible.

Morawska encabezó un grupo de 239 científicos que el año pasado exhortó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a reconocer que el coronavirus se puede propagar en gotículas diminutas, o aerosoles, que viajan a través del aire. La OMS había insistido en que el virus se propaga solo en gotículas más grandes y pesadas, así como mediante el contacto con superficies contaminadas, lo que contradecía su propia regla de 2014 de asumir que todos los nuevos virus se transportan por el aire.

La OMS aceptó el 9 de julio que la transmisión del virus por aerosoles podría ser responsable por “brotes de COVID-19 reportados en algunos ambientes cerrados, tales como restaurantes, clubes nocturnos, templos o lugares de trabajo en los que las personas podrían estar gritando, hablando o cantando”, pero solo a una distancia corta.

La presión para actuar en la prevención de la propagación por aire ha escalado de manera reciente. En febrero, más de una docena de expertos solicitaron a la administración del presidente estadounidense, Joe Biden, que actualizara los estándares en los lugares de trabajo para ambientes de alto riesgo, como plantas de empacado de carne y prisiones, donde los brotes de COVID-19 han sido rampantes.

El mes pasado, otro grupo de científicos detallaron diez líneas de evidencia que respaldan la importancia de la transmisión aérea en interiores.

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El 30 de abril, la OMS hizo un pequeño avance y aceptó que, en espacios mal ventilados, los aerosoles “podrían permanecer suspendidos en el aire o viajar más de 1 metro (largo alcance)”. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, los cuales habían sido lentos para actualizar sus lineamientos, reconocieron la semana pasada que el virus puede ser inhalado en interiores, incluso cuando una persona se encuentra a más de 2 metros de un individuo infectado.

“Llegaron a un lugar mucho mejor, más defendible desde el punto de vista científico”, dijo Linsey Marr, una experta en virus que se transmiten vía aérea en Virginia Tech y una de los firmantes de la carta.

“Sería útil si emprendieran una campaña de mensajes de servicio público para publicitar este cambio de manera más amplia”, especialmente en partes del mundo donde el virus está en aumento, dijo. Por ejemplo, en algunos países del este de Asia, las tuberías del inodoro están apiladas y podrían transportar el virus entre los pisos de un edificio de varios niveles, destacó Marr.

Se necesita más investigación sobre cómo se mueve el virus en interiores. Investigadores del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico del Departamento de Energía hicieron un modelo del flujo de partículas del tamaño de los aerosoles después de que una persona tiene un ataque de tos durante cinco minutos en el cuarto de una oficina de tres ambientes con un sistema de ventilación central. El aire limpio del exterior y los filtros de aire reducen el flujo de partículas en ese cuarto, reportaron los científicos en abril.

No obstante, los rápidos intercambios de aire (más de doce en una hora) pueden impulsar partículas a los espacios conectados, de manera similar a como el humo de segunda mano puede flotar hacia niveles inferiores o cuartos cercanos.

“Para el cuarto origen, más ventilación es claramente algo bueno”, dijo Leonard Pease, un ingeniero químico y el principal autor del estudio. “Pero ese aire va a algún lado. Tal vez más ventilación no siempre es la solución”.

En Estados Unidos, la concesión de los CDC podría causar que la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, por su sigla en inglés) cambiara sus regulaciones sobre calidad del aire. El aire es más difícil de contener y limpiar que los alimentos y el agua. Sin embargo, OSHA ya establece estándares de calidad del aire para ciertos químicos. Sus lineamientos para COVID-19 no requieren mejoras a la ventilación, excepto para ambientes de atención a la salud.

“La ventilación está realmente integrada en el enfoque que OSHA adopta para todos los peligros que se transmiten vía aérea”, dijo Peg Seminario, quien fungió como directora de seguridad y salud ocupacional de la Federación Estadounidense del Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por su sigla conjunta en inglés) desde 1990 hasta su jubilación en 2019. “Ya que la COVID es reconocida como un peligro transmitido por vía aérea, esos enfoques deberían ser aplicados”.

En enero, el presidente estadounidense, Joe Biden, instruyó a OSHA que emitiera lineamientos temporales de emergencia por COVID para el 15 de marzo. Sin embargo, OSHA no cumplió con la fecha límite, su borrador se reporta que está bajo revisión de la oficina regulatoria de la Casa Blanca.

Las mejoras no tienen que ser caras: los filtros de aire que se pueden colocar en el espacio tienen precios razonables de poco más de 5 dólares por metro cuadrado, aunque una escasez en el suministro ha elevado los precios, dijo William Bahnfleth, un profesor de Ingeniería en Arquitectura en la Universidad Penn State y jefe del Grupo de Trabajo Epidémico de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado, la cual fija los estándares para tales dispositivos. Las luces ultravioleta que se incorporan al sistema de ventilación de un edificio pueden costar hasta 11 dólares por metro cuadrado; aquellas instaladas cuarto por cuarto tienen un mejor desempeño, pero podrían ser hasta diez veces más caras, mencionó.

Si las reglas de OSHA cambian, la demanda podría inspirar innovación y reducir los precios. No hay precedente para creer que eso podría pasar, según David Michaels, un profesor de la Universidad George Washington quien fungió como director de OSHA durante la administración del expresidente Barack Obama.

Cuando OSHA actuó para controlar la exposición a un carcinógeno llamado cloruro de vinilo, que es la base del vinil, la industria de los plásticos advirtió que estaría poniendo en riesgo 2,1 millones de empleos. De hecho, tan solo unos meses después, las compañías “realmente ahorraron dinero y ni un solo empleo se perdió”, recordó Michaels. (I)