La suerte del empresario colombiano Álex Saab Morán se definirá el 13 de agosto, cuando el Tribunal Constitucional de Cabo Verde dé un último fallo para autorizar, o no, su extradición hacia Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses lo acusan de ser el testaferro del presidente venezolano, Nicolás Maduro. Cualquiera que sea el desenlace del caso, el periodista Gerardo Reyes ha retratado de cuerpo entero al empresario barranquillero de 49 años, a su socio Álvaro Pulido (cuyo nombre sería Germán Rubio y quien montó una millonaria empresa en Ecuador) y los negociados que realizaron con una Venezuela al borde del abismo. Álex Saab, la verdad sobre el empresario que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro se llama el libro publicado por el director de Investigación de la cadena Univisión, en abril de este año (editorial Planeta). Historias de empresarios ávidos de dinero fácil, coincidencias de intereses económicos que no reparan en ideologías, falsificación de identidades, un policía que se compadece de los sospechosos a quienes escucha y termina delatando a las autoridades, fiscales que no se hacen las preguntas correctas y mucho, pero mucho, despilfarro a costa de los venezolanos. Reyes conversó con EL UNIVERSO sobre sus hallazgos y las razones de este libro.

¿Por qué la exsenadora colombiana Piedad Córdoba fue la madrina del empresario Álex Saab para moverse en los círculos del poder de Venezuela?

Fue una combinación, una relación que tuvo magia y realidad. La realidad estaba marcada porque Álex Saab había tenido que salir con el rabo entre las piernas de Barranquilla, quebrado, por malos negocios y porque el sistema de control de divisas venezolano (Cadivi) le debía $ 30 millones. Buscó a Córdoba como un salvavidas porque ella era la única conexión con Venezuela; los presidentes Hugo Chávez y Álvaro Uribe no querían ni verse. Ella tenía la idea de que sus favores se revertieran en apoyo a sus campañas legislativa y presidencial. Ahí entra el elemento mágico. Chávez y su canciller Nicolás Maduro pensaron que ella podía ser presidenta, pero necesitaban un aval esotérico espiritual de Simón Bolívar. Por eso la enviaron a una sesión con una santera, que confirma que el Libertador quiere que sea presidenta de Colombia.

Otros personajes que han ayudado a Saab y su socio Álvaro Pulido son su abogado Abelardo de la Espriella, que ha pedido públicamente la muerte de Maduro, y el español Baltasar Garzón, defensor de Julian Assange, ¿cómo explicar esto?

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La fortuna de Saab no discrimina ideológicamente. No hay duda de que el mejor cliente del abogado De la Espriella durante los últimos años ha sido Saab y el dinero venía del Gobierno venezolano. Para mantener alejado de las cárceles a Saab, De la Espriella ha sido realmente desafiante y descarado, pero al final terminó revelando una operación por la que un policía colombiano les contó con 20 días de anticipación sobre un allanamiento contra Saab y sus allegados. No solo la Policía de Colombia estaba tras ellos, sino también el Gobierno de Estados Unidos.

El desangre de dólares de Venezuela, la conexión de Ecuador

¿Por qué ha sido tan difícil probar que el abuso del sistema Cadivi pudo ser usado para el lavado de dinero?

Uno de mis propósitos con este libro era llegar a por qué y cómo fracasaron cuatro sistemas judiciales -en Venezuela, Ecuador, Colombia y México-, en tratar de acusar o poner tras las rejas a Pulido y a Saab. Creo que, de todas las investigaciones, la que más minuciosamente se acercó a este esquema de exportaciones ficticias y de lavado de dinero fue la ecuatoriana. El problema en Ecuador fue que el fiscal se empeñó en orientarlo hacia lavado de dinero, un delito muy difícil de probar sobre todo porque el argumento de la defensa era que el dinero viene del Gobierno de Venezuela y ese dinero no puede ser sucio. En el caso había pruebas de falsificaciones masivas de exportaciones ficticias. Al final, el caso se perdió y quien debía presentar un recurso ante la Corte Constitucional era el fiscal general, Galo Chiriboga, pero no lo hizo.

Portada del libro 'Álex Saab, la verdad sobre el empresario que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro', del periodista Gerardo Reyes (editorial Planeta).

Saab y Pulido crecieron rápidamente, habían lucrado de Cadivi con textiles, luego siguió Fondo Global de Construcción en Ecuador, enseguida la distribución de alimentos (CLAP) con México y después el oro con Turquía y combustible con Irán. ¿Cuánto ganaron con estos negocios?

El Gobierno de Estados Unidos calcula que su patrimonio es más de 1.000, posiblemente 1.500 millones de dólares. La ganancia proviene de cambiar los dólares comprados a tasa preferencial en el mercado negro con una cotización mucho más alta. A raíz de las sanciones económicas de Estados Unidos, Saab se volvió más ocupado que un ministro, lo llamaban para apagar incendios constantemente y él llegaba con un modelo ingenioso de cómo eludir esas sanciones.

El mundo les quedaba corto y abrieron empresas de fachada y empresas de fachada espejo en decenas de lugares, y usaron varios bancos para sus transacciones. ¿Qué se sabe de la ruta del dinero?

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No mucho, incluso en el caso de Ecuador en el que recuperaron como $ 50 millones, no se sabe a quiénes realmente llegó ese dinero. Creo que tanto Pulido como Saab sabían que entre más se diluyera corporativamente el esquema, más quedaba en el aire su responsabilidad. El problema de ellos fue la desconfianza, pusieron en esas sociedades a gente de su familia para evitar que testaferros les robaran. Ese esfuerzo sofisticado de creación de compañías creo que venía del conocimiento que tenía Pulido como narcotraficante, como explico en el libro. Al final ese modelo se vuelve vulnerable porque afecta a sus hijos. Es una paradoja.

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En el libro también demuestra las deficiencias del sistema de justicia estadounidense como las rivalidades entre las fiscalías de Nueva York y Miami, que no comparten información.

Sí, hay varios elementos favorables y desfavorables que confluyeron en este caso. En un extremo la indiferencia ante el tema; al parecer, las autoridades no tenían en su radar a Saab ni a Pulido. Y en el otro extremo, un funcionario que se tomó a pecho la investigación, con alma de trumpista (por el presidente Donald Trump), y le puso nombres y apellidos a la corrupción venezolana. Si no fuera por él, Saab y Pulido no estuvieran en la lista de los sancionados por el Gobierno estadounidense.

Saab se ha librado en cuatro países que lo han investigado, ¿cree que el 13 de agosto se decidirá favorablemente su extradición desde Cabo Verde?

Históricamente no conozco ningún caso en el que Estados Unidos haya fracasado en una extradición en estos términos. Por fuentes gubernamentales sé que el Gobierno le apuesta a que todo se aclare en Cabo Verde y que el caso llegue limpio a Miami. No tiene prisa y al mismo tiempo tiene muchos elementos de presión, entre ellos la posibilidad de que encausen a su hijo mayor.

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Saab ya quiso transar con las autoridades estadounidenses, ¿posiblemente se declare culpable y no exista un juicio?

Saab lo hizo antes y después de estar encausado. Nadie ha desmentido lo que digo en el libro. Estaba en conversaciones con un fiscal estadounidense hasta que este se indignó porque ninguno de sus abogados se presentó a la reunión más importante del fiscal con el posible acusado. Y luego quiso entregar información sobre Irán y una venta de misiles como canje porque consideraba que eso ayudaría a Trump a la reelección en 2020. Es posible que se declare culpable y llegue a un acuerdo.

En su libro cuenta las relaciones comerciales y de gran cercanía de Saab con Maduro y su familia, pero dice que será difícil probar que Saab es testaferro de Maduro.

Diría que no he encontrado de parte del Gobierno de Estados Unidos el eslabón definitivo que una todos los indicios y los aterrice en una operación en la que concretamente aparezca beneficiado Maduro o la primera dama o algún testaferro de Maduro. Es posible que el Gobierno no haya mostrado todas sus cartas.

Se pinta a Saab como un empresario textil ni fu ni fa que de pronto se convirtió en millonario y se daba lujos de jet set, como volar los fines de semana Caracas-Roma.

Salió de Barranquilla perseguido por deudas y años después regresó en avión privado con una nueva esposa italiana, una modelo atractiva, y se instaló en el edificio donde tiene apartamento Shakira. Para su casa le pidió al arquitecto que en la entrada le pusiera una escultura representando la mala seña apuntando hacia Barranquilla, pues consideraba que esa sociedad lo había humillado. Era un tipo callado, poco dado a las reuniones sociales y muy inteligente.

¿Inteligente y reservado?

Sí. Es curioso, ambos, Pulido y Saab comparten esa personalidad de ser gente de pocos comentarios. Pulido hablaba más de la cuenta solo cuando le preguntaban las capitales del mundo, estaba siempre orgulloso de conocerlas. Solamente hablaba de él o de lo que pensaba con sus más cercanos amigos.

Queda una sensación de que estos dos colombianos los envolvieron a Maduro y a su círculo, a costa del pueblo venezolano.

Son encuentros de náufragos, cada uno busca la manera de sobrevivir, un país a la deriva y empresarios quebrados se dan un abrazo y dicen ‘vamos a ayudarnos mutuamente’. Lo denigrante es el sufrimiento de Venezuela, el caso más patético es lo de la comida. Pudieron haber ganado millones haciendo un negocio limpio, pero buscaron la utilidad a costillas del hambre de los venezolanos. Eso es de una indolencia incomprensible.

Los malos están de moda, ¿va a tener propuestas de Hollywood, de Netflix?

Por ahí me han llamado, pero nada se ha concretado. (I)