Las patentes en la industria médica han sido intocables, especialmente porque se argumenta que esto es una manera de promover la inversión en investigación de medicamentos y tratamientos.

Sin embargo, la pandemia ha hecho que se vuelva a revisar el tema por las vacunas contra el coronavirus, sobre todo por un grupo de países liderados por India y Sudáfrica, que piden que se lo haga de forma temporal.

El anuncio del miércoles del Gobierno de Estados Unidos de apoyar esa medida sorprendió, y ahora las conversaciones con la Organización Mundial de Comercio (OMC) serán el punto de atención.

Justamente la directora de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, acogió “calurosamente” el jueves el anuncio de Estados Unidos de apoyar esta propuesta de suspensión temporal de patentes de las vacunas contra el COVID-19 para acelerar su producción.

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En Rusia, donde se produce una de las vacunas más usadas, la Sputnik V —además se acaba de aprobar una versión light de una sola dosis—, también se mostró a favor el presidente Vladimir Putin.

“Por supuesto, Rusia apoyaría una idea así”, dijo Putin, y pidió al Gobierno que estudie esta posibilidad.

“En las condiciones actuales, como ya lo dije en muchas ocasiones, no hay que pensar en sacar ganancia máxima, sino garantizar la seguridad de la gente”, añadió.

Incluso la Unión Europea aseguró “estar lista para discutir” ese tema, que se tratará en la cumbre de sus 27 Estados miembros en Oporto (el viernes), aunque se muestra escéptica sobre la eficacia de tal medida para acelerar la vacunación mundial.

“Sí, evidentemente debemos hacer de esta vacuna un bien público mundial”, dijo el presidente francés, Emmanuel Macron, quien añadió, no obstante, que a corto plazo se debe dar prioridad “a la donación de dosis” y a “la producción en colaboración con los países más pobres”.

En tanto, Brasil, al igual que otros países, como Chile, México y Canadá, defienden una tercera vía que incluye un gran acuerdo entre laboratorios y países para “facilitar la producción local” y aumentar el acceso al antígeno por parte de los países en vías de desarrollo.

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Para Fernando Espinoza, director general del Centro de Investigaciones de la UEES, con esto no habría en verdad ningún cambio, porque para producir vacunas como las de Moderna o Pfizer se necesita de infraestructura y tecnología que países como Ecuador no tienen.

Menciona que, por ejemplo, India podría producirla a gran escala, pero tiene graves problemas internos, y además del tiempo que le tomaría, debe cubrir la demanda interna (el país tiene 1.300 millones de habitantes) y no podría abastecer mucho a otros Estados.

En el caso de otras vacunas, como Sputnik V, CoronaVac o AstraZeneca, ya hay países de la región, como Argentina, México y Brasil, que trabajan para producirlas, pero aún su producción es muy pequeña.

“En países como Ecuador, Colombia, Perú o hasta Chile, olvídese, no nos hagamos ilusiones”, dice Espinoza, quien piensa que lo que sería mejor es que el sector privado también pueda importar y distribuir vacunas, con la supervisión del Ministerio de Salud, y de esa manera se podrían cumplir de mejor manera las metas de vacunación.

Washington Cárdenas, jefe del Laboratorio para Investigaciones Biomédicas de Espol, también comenta que no habría mucha diferencia con lo de las patentes, ya que la pandemia ha evidenciado una vez más que dependemos de lo que hacen otros para poder atender nuestras necesidades en salud.

“Si no hemos sembrado en el desarrollo científico que remplace esas necesidades, algo que requiere años para su florecimiento, no esperemos que el vencimiento de patentes haga una diferencia coyuntural en la política nacional de investigación y desarrollo”, apunta Cárdenas.

Para Flavio Arosemena, abogado y máster en Estudios Jurídicos Internacionales con concentración en Derecho de Propiedad Intelectual y Negocios, el sistema de patentes ha contribuido enormemente al avance tecnológico, incluyendo el desarrollo en tiempo récord de estas vacunas; pero siempre hay excepciones, y en este caso específico la pandemia exige un tratamiento excepcional como el que proponen Sudáfrica e India, que ahora cuenta además con el apoyo de EE. UU.

Aunque el fin de la nueva propuesta es descentralizar la producción de las vacunas de coronavirus, no es una solución de acuerdo con Enrique Terán, médico y profesor de la USFQ, por lo ya expuesto: infraestructura y recurso humano calificado.

Sobre si beneficiaría a nivel internacional, Terán también comenta que Argentina, Brasil y México podrían responder frente a una hipotética liberalización de patentes, pero el resto de la región no. Más bien India, China o Corea del Sur podrían capitalizar esta ventaja, pero eso no garantiza que sean más accesibles, a no ser que un organismo como la OMS tomara a cargo el proceso para garantizar la distribución equitativa, sino solo pasamos de un monopolio a otro.

Respuesta de farmacéuticas

El presidente de Pfizer, Albert Bourla, rechaza la propuesta y más bien sugirió acelerar su producción en las plantas existentes.

En una entrevista con AFP, Bourla afirmó que su empresa, que desarrolló una vacuna junto con la alemana BioNTech, no está “para nada” a favor del llamado estadounidense de levantar las patentes.

“Las patentes no son el factor limitante para la producción o el suministro de nuestra vacuna. No incrementarán la producción global ni el suministro de las dosis a corto y medio plazo”, señaló en tanto BioNTech. Ello supone un tácito rechazo al llamado de Estados Unidos a liberar la protección de las patentes de las vacunas.

El grupo de Investigadores y Manufactureros Farmacéuticos de EE. UU., asociación que engloba a fabricantes como AstraZeneca, Pfizer y Johnson & Johnson, advirtió que la propuesta “debilitará aún más las cadenas de suministro y alimentará la proliferación de vacunas falsificadas”, recoge EFE. (I)