El uso de materiales de baja calidad, la falta de controles, problemas estructurales o usar las edificaciones para un fin distinto del establecido al diseñarlas podría ocasionar un derrumbe súbito, como el ocurrido el pasado 24 de junio en Miami, Estados Unidos. Aunque, por ahora, solo hay hipótesis de lo que pudo haber pasado y que deben ser confirmadas a través de una minuciosa investigación, señalan expertos.

Que este tipo de tragedias “extrañas” se repita en países como Ecuador es poco probable en las construcciones formales, ya que están bajo la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC), pero en las infraestructuras que han sido edificadas informalmente (lo que abarca el 70 % del sector de la construcción en el país) sí habría riesgo, indica Henry Yandún, vocero del colectivo Constructores Positivos. “Esto es lo que nos preocupa”, señala.

Según el ejecutivo, la NEC que es exigida por los municipios al sector formal es muy estricta y se actualiza cada cierto tiempo para estar a la par de los estándares internacionales: “Las construcciones de edificios, por su naturaleza, siempre serán formales porque es un bien que no se puede ocultar y que está en zonas de alto desarrollo. La NEC siempre se actualiza; se actualizó luego del terremoto de 2016. Y, de seguro, con el evento que sucedió en Miami, las normas a nivel mundial (incluida la NEC) se actualizarán”, dice Yandún.

Aclara que para evitar tragedias, como la de Miami, los municipios deben fomentar la construcción formal. Los cálculos de edificaciones formales están a cargo de un especialista y esos planos son supervisados, a su vez, por otros profesionales para ser aprobados y conseguir los permisos municipales.

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Además, los estudios previos también incluyen valoraciones del suelo para, con base en esa información, realizar los cimientos. En ciudades como Guayaquil se hace pilotaje (ubicar postes de hormigón en la zona de construcción) para garantizar que la obra está en suelo firme y no fangoso o arenoso.

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Aparte de la informalidad, otro de los aspectos que podrían derivar en una tragedia es que varios edificios residenciales se están usando para otros fines en ciudades como Guayaquil, indica Carlos Luis Hernández, ingeniero civil.

Afirma que en sectores como la Bahía o la calle Ayacucho comerciantes utilizan como bodegas a edificios que fueron construidos como viviendas. El peso que pueden soportar estas edificaciones está calculado con base en el movimiento residencial. En varias de estas infraestructuras ahora se guardan electrodomésticos y mercadería variada: “No se puede esperar a que pase algo para actuar”, advierte.

Hernández añade que también se observa que en sectores populares hay casas de dos o tres pisos que se han levantado sin permisos ni estudios, por lo que aumenta el riesgo de un potencial derrumbe.

Según el Municipio de Guayaquil, la Dirección de Justicia y Vigilancia realiza controles “diarios” del estado de las edificaciones e inicia procesos administrativos con base en las observaciones de sus delegados y denuncias de los ciudadanos.

“El comisario que gestiona el proceso solicita un informe a la Dirección de Control de Edificaciones, Catastro, Avalúos y Control Minero (Decam) para que se establezca si el inmueble es vetusto o no, y si amerita reparación, según el caso. Si se confirma la vetustez, el comisario ordena el inicio del proceso con notificación al propietario para que realice los arreglos para evitar situaciones de riesgo; si no los realiza, se seguirán los trámites de ley para su demolición”, indica. Aclara que los controles a edificios nuevos son delegados a la Cámara de la Construcción.

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Según el Municipio de Guayaquil se realizan controles "diarios" a las edificaciones de la ciudad. Foto: Carlos Barros.

El cabildo también indica que el adecuado mantenimiento de los edificios y residencias, que corresponde a los propietarios, evita precisamente que desgracias como las de Miami puedan ocurrir en la ciudad: “Los propietarios, ingenieros y responsables técnicos deben seguir la NEC. Son responsabilidad de los ingenieros y arquitectos los diseños estructurales y la calidad de la construcción, como consta en el Código Civil”.

Sin embargo, para Yandún dos de los factores para que las personas apuesten por construcciones informales son el costo y que los trámites de los municipios suelen ser complejos, difíciles y burocráticos, por lo que “la gente construye calladita”, afirma.

El uso de materiales de baja calidad quedó evidenciado en varias de las estructuras que colapsaron en el terremoto de 2016, en Manabí. Habitantes ampliaron sus viviendas hasta hacerlas edificios pequeños y, además, algunas de estas adecuaciones se hicieron con arena de playa, cemento de baja calidad y varillas muy delgadas.

“En Manta, la mayoría de muertes se dio en viviendas pequeñas de hasta tres pisos que no fueron construidas formalmente y se saltaron todos los procedimientos. También se vio un inadecuado uso de materiales, y aunque estos hayan sido de buena calidad, si no pones la cantidad adecuada, ni más ni menos, la estructura tendrá fallas”, dice Yandún.

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Es por esto que “desmitifica” que sea más peligroso vivir en un edificio que en una casa. Incluso, señala que ciudades altamente sísmicas, como Santiago (Chile) o Tokio (Japón), siguen apostando por la construcción formal de edificios.

Cuando fue el sismo de 8,8 en Chile, en el 2010, no se cayó un solo edificio alto en Santiago. Se cayeron dos al sur, en Concepción, porque estaban mal construidos. Los parámetros de diseño deben contemplar para qué nivel de sismo se construye”, dice María del Pilar Cornejo, directora del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción del Riesgo de Desastres de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

Las 25 edificaciones (entre viviendas y edificios) que quedaron con daños estructurales luego del terremoto de 2016 en Guayaquil fueron reparados, asegura el municipio.

Las edificaciones construidas en zonas cercanas al mar, de extrema humedad o en lugares industriales con alta polución deberían tener una inspección anual, añaden los expertos. “La Espol podría diseñar un sistema con tecnologías de inteligencia artificial a partir del catastro urbano para mandar alertas sobre revisión de edificios. También podríamos capacitar a peritos”, dice Cornejo. (I)