Sebastián Rivas, de 36 años de edad, es el más alto de su familia y a sus 15 años ya era el que tenía más talla en su clase.

Con 196 cm se le dificultaba entrar a los buses del transporte público del pasado en Guayaquil y encontrar un pantalón a la medida. “Si me quedaba bien en la cintura, pues se veía muy pequeño en el largo o al revés, pero igual sí tiene más ventajas como hacerse notar en una reunión o exposición”.

En las antiguas líneas de buses de la ciudad, como Alborruta, Cayetano o Maranatha (que al inicio era una furgoneta), le tocaba ir con el cuello torcido o se le dificultaba la colocación de las extremidades inferiores.

Lo de su altura dice que viene de sus abuelos, ya que sus padres tienen una altura promedio. El paterno estaba arriba de los dos metros y el materno tenía más de 180 cm.

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Nunca tomó en cuenta la talla al momento de encontrar pareja. Su esposa está por debajo de los 160 cm y Sebastián espera que su único hijo, al momento de un año de edad, herede su estatura.

“El pediatra me ha dicho que tiene una estatura normal y que en la adolescencia es cuando se ve si se pega el estirón”, afirma.

Aunque reconoce que como su esposa es bajita puede que la altura sea un punto medio de la talla de los dos.

Este ingeniero en comercio exterior cuenta que es muy difícil encontrarse en las calles de Ecuador con personas que son de su talla. “Tal vez una vez al año me cruzo con alguien de mi estatura y me llama la atención. A veces estoy parado en la calle con un grupo de amigos comiendo algo y cuando me doy cuenta atrás hay una chica tomándose una foto para comparar su altura con la mía”, asegura.

Sebastián Rivas el día de su matrimonio. Foto: CORTESÍA

El 5 % de la muestra de ecuatorianos adultos consultados en la encuesta nacional de salud del 2012 tenía más de 175,8 cm de altura, según un estudio realizado por Eva María Mera, experta en estadística y profesora de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

En tanto que el 5 % de las ecuatorianas consultadas tenía 162,4 o más.

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Cuando LaVivi Parra, nombre artístico, tenía 13 años de edad afirma que parecía la profesora en su clase.

A esa edad ya tenía los 178 cm de talla que hoy ostenta. “Soy alta porque vengo de un padre de 2 metros de altura y una mamá de 170 cm, era un poco ilógico que saliera bajita”, dice.

Conseguir pantalones, faldas o shorts era un verdadero problema. Por ser alta me quedaban los pantalones brincacharcos, los shorts o faldas como cacheteros”, añade.

Lo más difícil de tener una estatura por encima del promedio es pasar desapercibida. “A veces quisiera ser bajita para que no me reconozcan. El ser alta es algo que la gente observa mucho y hay ocasiones en que quisiera ser invisible, pero la talla me delata”.

Pero también tiene beneficios. “Me ha servido para mi carrera en el mundo del modelaje cuando era más joven, también cuando voy a conciertos. Nadie me tapa”, bromea. (I)