La llegada del fenómeno de El Niño es inminente. Se espera que el impacto mayor en el país sea a partir del último trimestre de este año, esto es, desde noviembre próximo, de acuerdo con especialistas y autoridades. De hecho, se extendería al menos hasta junio de 2024.

El Niño no es más que una alteración del sistema océano-atmosférico en el Pacífico, que se manifiesta como un calentamiento y una anomalía de temperatura. Y entre sus efectos están inundaciones, deslizamientos por excesiva humedad del suelo, pérdidas agrícolas, daños en carreteras, aparición de enfermedades y otros, menciona Mercy Borbor, investigadora del Centro Internacional del Pacífico para la Reducción de Riesgos de Desastres.

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Pero Ecuador no solo enfrentaría ese escenario. También está el incremento del nivel del mar, que será más notorio después de 27 años, de acuerdo con el estudio de la organización internacional sin fines de lucro Climate Central. Y playas como La Lobería, Mar Bravo, Chipipe, El Palmar, mirador La Puntilla y El Soplador podrían desaparecer.

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“Si los eventos históricos de El Niño aumentan el nivel de mar en 50 centímetros aproximadamente, en relación al nivel medio del mar, este aumento, provocado por el incremento de la masa de agua y la expansión térmica del agua, hace que potencialmente haya más eventos costeros de erosión y afectación a la infraestructura costera”, explica Borbor.

Para Julián Pérez-Correa, docente investigador de la Facultad de Ciencias de la Vida en Espol, tanto con el incremento del nivel del mar como con El Niño resultaría sinérgico. “El aumento de la temperatura del mar podría provocar que haya mayor aceleración en los deshielos y por ende absorción de energía por parte de los océanos, entonces a la larga estamos entrando en un sistema de sinergia que podría ser bastante problemático no solo en Ecuador, sino a nivel mundial”, expresa Pérez-Correa.

Y menciona que hay un depósito de carbono almacenado durante millones de años y que está siendo devuelto a la tierra: “Entonces, para entender cómo será el clima, tenemos que comprender cómo fue el clima hace 200 millones de años y así establecer los patrones climáticos actuales”.

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Tanto Borbor como Pérez-Correa resaltan la necesidad de emprender planes de contingencia y escuchar a los científicos. “Es preferible estar preparados. Nos falta mucho sobre defensa civil. Hay que informar a las personas de las zonas de riesgo y evitar que sean urbanizables”, sugiere Pérez-Correa y añade que también se deben mejorar las construcciones y empezar a reforestar para que un próximo fenómeno de El Niño no sorprenda como el que será en noviembre de 2023.

En cambio, Borbor afirma que hay acciones más inmediatas como la adecuación de drenajes y limpieza de canales; identificar zonas que pueden ser usadas como cuencas de retención de las lluvias; y monitorear las condiciones meteorológicas e hidrológicas.

Y hay algunos alcaldes de la zona costera que ya están planificando y ejecutando planes de contingencia. Por ejemplo, el alcalde de La Libertad, Francisco Tamariz, ha mantenido reuniones con su equipo de trabajo y en una inspección han detectado el desvío de cauces naturales para invasiones.

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“Estamos reformando el presupuesto para hacer trabajos básicos como limpieza de canales, desfogues. Hay cauces naturales que de manera irresponsable se cerraron en la anterior administración, hubo barrios que antes no se inundaban y ahora sí”, cuenta la autoridad y son sectores como 6 de Enero y José Tamariz Mora.

En ese plan, de acuerdo con Tamariz, se creó una Dirección de Riesgos y se prevén brigadas médicas y víveres. El alcalde anticipa que habría 21 sectores afectados por el fenómeno de El Niño, como Las Minas, Panorama y Santa Catalina.

Según Gonzalo Menoscal, responsable de la Unidad de Gestión de Riesgos del Municipio de La Libertad, entre diez y quince centímetros aumentaría el nivel del mar. “El crecimiento acelerado de las poblaciones ha sido sin respetar cauces de ríos, han rellenado quebradas, canales naturales, esteros. Las condiciones en las que vamos a recibir el fenómeno de El Niño son mucho más desfavorables que en las que recibimos en 1982, 1983, 1997 y 1998. Significa que habrá un incremento que puede variar de 50 centímetros a más de un metro y fuera de eso tendremos que soportar aguajes, marejadas y oleajes”, explica Menoscal.

En Portoviejo también van avanzando, cuenta Roberto Briones, director de Riesgos y Sostenibilidad Ambiental del Municipio de esa ciudad. Ya se ha realizado un diagnóstico para activar un plan de prevención que está enfocado en 32 quebradas, 65 muros de gaviones y 16 albergues.

Hay otras acciones como limpieza de ductos y sistemas de alerta temprana. “En invierno se genera una complicación porque el agua no circula y termina quedándose en ciertos lugares. Hemos iniciado la limpieza de la quebrada Río de Oro, que cubre 12 kilómetros entre zona rural y urbana y así hasta completar las 32″, señala Briones.

En Portoviejo está la parroquia Crucita, que tiene salida al mar. Y cuando llueve crecen los ríos como Chico, el cual está en monitoreo constante puesto que desde ahí provienen las mayores inundaciones. La ciudad está manejando un presupuesto de $ 1′300.000.

Hay otros cantones que se mantienen en gestiones por la falta de recursos y es el caso de Balao. Su alcaldesa Sandy Gómez se encuentra tramitando con el Ministerio de Transporte la construcción de un nuevo puente sobre el río Balao, ubicado en la cabecera cantonal.

Gómez afirma que el actual puente ya está deteriorado y es complejo que soporte los embates de El Niño. “Necesitamos reforzar y alzar los muros de contención. Yo preocupada por eso solicité que la prefecta (del Guayas, Marcela Aguiñaga) nos apoye con estos muros en los cuales me va a brindar la ayuda con ese convenio. Y con el Ministerio de Transporte se hizo la petición del puente para emergencia”, relata la autoridad.

La alcaldesa señala además que este puente es crucial para la ciudad, puesto que conecta con los mercados, terminal terrestre del cantón y con Guayaquil. “La idea es construir uno nuevo. Hace dos o tres semanas tuve pequeñas lluvias y el río se desbordó dentro de la cabecera cantonal afectando tres barrios, esto (antes) se dio en 1998 y luego no se había visto, y el puente comenzó a vibrar porque cuando crece el río hay palizada”, indica Gómez, quien alerta que los barrios Nuevo, Brisas del Mar, Miraflores y Puerto Balao estarían entre los más perjudicados. (I)