El número de electores del cantón Paján, en la provincia de Manabí, es de 38.932 para los sufragios seccionales de febrero del 2023, pero la proyección poblacional del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) calcula que debería tener 36.300 habitantes el próximo año.

Es decir, las proyecciones poblacionales del organismo oficial de cifras del Ecuador se quedan cortas respecto al número de votantes activos (registro electoral actualizado), establecido por el Consejo Nacional Electoral para las próximas elecciones de miembros de las juntas parroquiales, concejales, alcaldes y prefectos provinciales.

Un total de 19 cantones de los 221 del país registran más votantes activos (incluye a los que tienen más de 16 años y pueden sufragar) que la población total calculada, lo que evidencia procesos migratorios hacia esos territorios que se han dado a partir del 2010 durante los últimos doce años.

Paján tiene 7,3 % más de votantes que la población total calculada para 2023, por lo que se esperaría que en el próximo censo nacional registre una mayor población que la establecida en las proyecciones.

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Chilla (El Oro), Aguarico (Orellana), Olmedo (Loja) y Penipe (Chimborazo) son los cuatro cantones donde el número de votantes supera en mayor porcentaje a la población calculada en un rango que va del 62,8 % al 15,5 %.

El listado de los 19 cantones lo completan Gonzanamá (Loja), Chaguarpamba (Loja), Las Lajas (El Oro), Flavio Alfaro (Manabí), Santa Clara (Pastaza), Quilanga (Loja), Olmedo (Manabí), Pichincha (Manabí), Mira (Carchi), Pimampiro (Imbabura), Chillanes (Bolívar), Palora (Morona Santiago), Junín (Manabí) y Echeandía (Bolívar).

Más allá del manejo de estadísticas, el sociólogo Sebastián Salazar afirma que los 19 cantones donde se da el fenómeno son denominados en su momento de transición o intermedios. “Estos contienen espacios que se crean por temas comerciales. Paján, Junín, Flavio Alfaro son eminentemente agrícolas en los que se van generando como centralidades temporales debido al comercio. Históricamente por sus actividades tienen mucho movimiento”.

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Un segundo factor es que las proyecciones poblacionales son inexactas ya que no contemplan las realidades migratorias de los últimos doce años desde que se hizo el censo en el 2010.

“Hay mucha movilidad con la pandemia. En educación se ha visto de que cuando el COVID-19 estaba en su auge las poblaciones rurales que hacen normalmente sus actividades en las ciudades se regresaron a sus comunidades, hubo mucho movimiento de estudiantes que retornaron a la educación rural”, asegura Salazar.

El descuadre también responde a la forma como se conforman ambas bases de datos. Byron Villacís, exdirector del INEC, afirma que una cosa es el descuadre de las proyecciones del INEC y otra el del CNE. “Hay fenómenos demográficos traumáticos que han sucedido durante la última década, tenemos una ola de migración reciente de estratos populares, de venezolanos y los efectos de la pandemia”.

Una parte de los que sobrevivieron al COVID-19 migraron internamente, de ciudades medianas a las más grandes o de la ciudad al campo e incluso salieron al exterior, es decir, no solo influye el impacto de una mayor mortalidad por los que fallecieron, asegura Villacís.

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Son factores que no se toman en cuenta al momento de hacer las proyecciones poblacionales, estas últimas se basan en cómo evoluciona la población en función de los cinco censos nacionales que se han realizado en el país.

“Todo eso va descuadrando las proyecciones poblacionales y el CNE va haciendo ajustes a su propio padrón de acuerdo a las actualizaciones”, indica.

El año base de los últimos cálculos es el 2010, cuando se hizo el último censo y a partir de allí se diseña cómo aumentará o disminuirá el número de habitantes en cada una de las localidades.

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“Las proyecciones actuales son las que se hicieron en el 2011 basadas en los supuestos demográficos del 2001 al 2010, entonces lo que se ve es una proyección basada en lo que pasó literalmente hace dos décadas”, añade Villacís.

De ahí la importancia de que finalmente se concrete el próximo censo programado para el 2020, que fue suspendido debido a la pandemia del COVID-19.

Estas proyecciones poblacionales no tienen un cruce con los registros de nacidos vivos, número de cedulados y de fallecidos que lleva el Registro Civil, lo que sí toma en cuenta el CNE al momento de elaborar el padrón con nombres, apellidos y números de cédulas de los que pueden y deben votar ya sea obligatoriamente (los o de manera opcional (la población que tiene entre 16 y 18 años).

Otro factor que influye en tener padrones electorales inflados respecto al total de población real que vive en esos cantones es la costumbre de no cambiarse de domicilio, por lo que esta población inmigrante retorna a sus sitios de origen el día de las elecciones para votar, aunque ya no habiten allí.

“Un problema del ecuatoriano es que utiliza el acto de votar como un pretexto para visitar a su familia o el lugar donde nacieron, eso genera un descuadre en la población de acuerdo a donde tú votas respecto a donde realmente vives”.

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Los movimientos migratorios dependen de cada región del país. Los 19 cantones donde hay más votantes que el cálculo de población pertenecen a provincias. Las que incluyen más cantones son Manabí (5), Loja (4), Bolívar (2) y El Oro (2).

No se registra este fenómeno en las provincias más pobladas como Guayas y Pichincha, al igual que en Azuay y Cañar, estas últimas aún registran una alta migración hacia el exterior.

“Cada zona tiene su patrón de migración interna y externa. Cuenca y la parte central del país tienen migración circular, es decir, regresan a su tierra o cerca, tarde o temprano, pero regresan; mientras que migrantes de otras zonas tienden a hacer migración con expectativa de asimilación, lo que significa que se terminan ya quedando”, asegura Villacís.

El movimiento de personas por razones económicas que fue fuerte durante la pandemia, indica Salazar, no es parte de las proyecciones poblacionales del INEC al 2023.

A esto se suma que hay un crecimiento urbano sostenido en el país y el mundo. “Las urbes siguen creciendo con lo que el tema de vialidad genera que las movilizaciones se pueden dar entre sitios más cercanos. No es raro que alguien que vive en Daule trabaje en Guayaquil o que viva en Cayambe y labore en Quito”, acota el sociólogo.

Cinco de los 19 cantones con más votantes que población calculada están en Manabí. “Esta es la tercera provincia más poblada del país, pero sus habitantes están dispersos y tiene muchas localidades más pequeñas. Los Ríos tiene dos centralidades, Quevedo y Babahoyo, y el resto más pequeñas entre las que es muy fácil moverse, todos estos movimientos generan distorsiones”.

La mayoría de estos 19 cantones son de clima cálido denominados de transición como Echeandía, en Bolívar, Mira, en Carchi o Olmedo, en Loja, con mucha relación entre Sierra y Costa. (I)