La presión por elegir una carrera profesional sin duda la sienten cientos de jóvenes y Danna Silva no fue la excepción. Al graduarse del colegio, a sus 18 años, no tenía completamente clara la idea de qué elegir y optó por estudiar Periodismo en una universidad privada de Guayaquil.
“Yo me decidí en ese entonces por seguir nomás una carrera tradicional, pero a la larga ya me di cuenta de que realmente eso no era lo mío”, afirma Danna, quien tras dos años de estudio y una pasantía que calificó como un “suplicio”, decidió abandonar la carrera en 2023.
Los pagos mensuales de esta carrera fueron asumidos por sus padres y abuelos, que oscilaban entre los $ 210 y $ 270 en ese entonces. Más otro rubro de la matrícula semestral de $ 300.
Luego, al encontrar su verdadera pasión, se decidió por la carrera de Artes Escénicas, pero solo estuvo por un año. Esto porque realizó un viaje del programa Work and Travel a Estados Unidos y su situación dio un giro drástico.
Al regresar a Ecuador, ya no tenía el apoyo financiero de su familia para su carrera y no pudo continuar con los estudios. “Me dijeron que bueno, que si yo quería seguir estudiando esta carrera, yo tenía que pagarme”, relata la joven.
Una decisión puede cambiarlo todo
Danna ahora tiene 22 años, y pasó cuatro años de idas y vueltas entre distintas facultades. Ella enfrenta las consecuencias económicas y personales de no haber tomado una decisión correcta a tiempo. Estuvo entre la pasión y la tradición.
Al reflexionar sobre esa situación, Danna admite el peso de esa inversión perdida: “No solo económicamente les hice perder dinero a mis padres, a mis abuelos, sino que yo también digo como que, ok, si tal vez hubiera pensado mejor y analizado más, me hubiera ahorrado full cosas”.
Entonces, al verse sin ahorros ni un trabajo estable, Danna se vio obligada a retirarse de la universidad de manera permanente, algo que le afectó y que hasta ahora tiene una mezcla de emociones.
Algo de tristeza, porque es consciente de que es una consecuencia ante la falta de una decisión firme que no solo derivó en una pérdida económica, sino también en sentirse “atrasada”, esto al observar a sus amigas graduarse.
Aunque la emoción es otro sentimiento que la invade al tener conocimientos de ambas carreras.
Hoy Dana estudia un curso de gestión de medios digitales en modalidad online, una opción que le permite trabajar para costearse sus propios estudios y sus talleres de actuación.
Decisión no debe vivirse como un salto al vacío
La experiencia de Danna sirve de advertencia para otros jóvenes. Ella asegura que es importante reflexionar profundamente antes de matricularse: “No importa cuánto tiempo se demoren, no piensen que van contra el tiempo, tómense el tiempo para poder tomar esa decisión tan significativa en sus vidas”.
Daniel Valenzuela, magíster en Tecnología e Innovación Educativa, menciona que la decisión universitaria no debería vivirse como un salto al vacío, sino como un proceso consciente, informado y estratégico.
Para él es muy determinante tener una preparación previa. “El primer año universitario es un filtro natural. No solo por la exigencia académica, sino por la capacidad de adaptación que demanda”, indica.
Y agrega: “Muchos estudiantes no fracasan por falta de inteligencia. Fracasan porque llegan sin bases sólidas o sin claridad vocacional. Cuando el estudiante no ha fortalecido razonamiento lógico, comprensión lectora o hábitos de estudio, el impacto es inmediato. Pero cuando además no está seguro de la carrera que eligió, la motivación disminuye desde el primer semestre”.
Valenzuela asegura que la preparación previa reduce la frustración, fortalece la confianza y permite que el estudiante enfrente la universidad con seguridad y no con ansiedad. (I)