Diana juega junto con otros niños como si nada pasara. Se ríe y le pide a otro niño que le pase un juguete. Tiene 6 años y una contextura normal para su edad. Sin embargo, al verla un parche blanco resalta en la carita. Ella tiene un tumor maligno en el ojo izquierdo. Esta patología es el sexto tipo de cáncer que afecta a las niñas que se atienden en Solca Guayaquil.

La niña luego de tomar el juguete va y abraza a su “mamá”, Luisa Shingri, quien realmente es su abuela. Ellas viven en Pasaje, El Oro, pero vienen a Guayaquil para tratar el cáncer. Entre lágrimas Luisa comenta que el cáncer de Diana es terminal y que le extirparon el ojo izquierdo para alargar su vida. A la niña le colocaron un implante, pero el cáncer es tan agresivo que hizo que el cuerpo de Diana rechazara la prótesis y el tumor volvió a formarse.

En junio del año pasado la diagnosticaron (2021). Apareció como una alergia, le mandaron goteros, pero no le pasaba. Luego dijeron que era conjuntivitis, pero después el ojito se le brotó. Como en Machala no hay los auxilios para tratar cáncer en niños, el Ministerio de Salud Pública nos dio el traslado a Guayaquil. Ya en Solca nos dijeron que el cáncer es terminal y que tratarán a la niña con quimioterapia, medicinas para mantenerla (viva) y la operarán de nuevo”, dice.

Antes de llegar a Guayaquil Luisa preguntó a otras madres cuáles serían los gastos de hospedaje y comida, pues no tiene familiares en la ciudad. Era un tema que le preocupaba, ya que son de escasos recursos económicos. Es allí que le hablaron del albergue Soldaditos de Dios, ubicado en la ciudadela La Atarazana, cerca de Solca, y que funciona en una casa de dos pisos.

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En la sala de esa vivienda es donde Diana junto con otros niños diagnosticados con cáncer juega y trata de sobrellevar su situación de forma positiva. En la segunda planta están los dormitorios. El sitio da acogida a los infantes y a uno de sus familiares, especialmente si son de provincia o de sectores periféricos de Guayaquil como Monte Sinaí.

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Allí los padres, en su mayoría mujeres, se coordinan para cocinar y realizar las labores de limpieza. Los alimentos llegan gracias a las donaciones que gestiona el albergue.

Los padres de los niños que se albergan en la casa hogar se distribuyen tareas de limpieza y preparación de alimentos. Foto: Carlos Barros

Diana Merchán, presidenta de la asociación que dirige el albergue, indica que el 5 de junio del 2014 se inició con el recibimiento de los niños en sus instalaciones. Cuenta que todo comenzó con un grupo de amigos que eran voluntarios en otros sitios donde se albergaba a pacientes de cáncer.

Ciertas cosas no nos gustaban y queríamos que los niños estén mejor atendidos, que se manejara mejor su alimentación, su limpieza, el mantenimiento de los dormitorios. Unimos esfuerzos, nos juntamos y conseguimos la casa”, indica.

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El dueño de esa vivienda es el jugador de fútbol Cristhian Noboa y la mamá de él es parte del directorio del albergue: “Él sigue siendo el dueño, pero prácticamente nos dio la casa en un comodato simbólico sin fecha de caducidad”, dice Merchán.

Los electrodomésticos, muebles y todo el mobiliario del albergue se han conseguido a base de donaciones a través de la figura de padrinos. Entre los donantes han estado figuras públicas como el exjugador Martín Kenig.

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En estos ocho años de funcionamiento Soldaditos de Dios ha albergado hasta 210 niños, cada uno con un acompañante. Cualquier padre de familia que tenga un hijo, de 0 a 15 años, con cáncer puede alojarse en la casa solo presentando la historia clínica del infante, copia de cédula del paciente y la de un familiar. Todo es totalmente gratis. El tiempo de estadía dependerá del tratamiento del menor.

Hay niños que los vemos crecer, que los trajeron bebés y luego son adolescentes. Hemos visto cómo vencen el cáncer. Otros que en el camino abrieron sus alitas. Tratamos de que aquí los niños estén contentos porque antes, cuando se enteraban que venían a Guayaquil, lloraban porque esta ciudad significaba agujas, hospitales. Ahora los propios niños piden a sus padres que los traigan al albergue o no se quieren ir porque en nuestras instalaciones tienen servicios que en sus casas no, como internet, videojuegos o una buena comida. Nosotros no somos un albergue sino la casa de los niños”, añade Merchán.

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Vilma Vera también se aloja junto con su hijo José Daniel, de 13 años, en Soldaditos de Dios. Ellos son de Simón Bolívar, cerca de Milagro. El menor lleva casi dos años luchando contra la leucemia que padece. “Cada vez que mi hijo necesita quimioterapias vengo al albergue. A veces nos quedamos de uno a tres días y en otras cinco días o el mes. En el albergue entre todas las mamás nos ayudamos”, dice.

El albergue Soldaditos de Dios, en el norte de Guayaquil. Foto: Carlos Barros

La leucemia que padece José Daniel es del tipo linfoide. Esta patología es la que más se diagnostica en entidades como Solca Guayaquil en niños varones. Si bien el albergue les ayuda con los costos de alojamiento y comida, los padres gastan en las medicinas para sus hijos y en los traslados a los hospitales.

Para venir a Guayaquil debo costear pasajes, traslado de dos carros. Del albergue al hospital Ycaza Bustamante (queda en el centro-sur) gasto en taxis, cada carrera cuesta tres dólares. A veces nos toca ir hasta cuatro veces al día. Por eso tenemos que ver cómo nos la inventamos para tratar de solventar los gastos”, dice. Vilma vende o intercambia verdes para conseguir medicinas u otros implementos médicos que en ocasiones no hay en el hospital.

Las personas que deseen ayudar al albergue Soldaditos de Dios lo pueden hacer a través de los perfiles oficiales en las redes sociales. También pueden llevar alimentos o donaciones directamente a la casa, ubicada en La Atarazana, o realizar transferencias a la cuenta de ahorros 0809049531 del Banco del Austro, RUC 0992882107001.

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Nosotros preferimos alimentos, donaciones físicas. Si quieren donar dinero, más bien que nos paguen un mes de luz, agua o de internet. Eso nos ayuda mucho a seguir con esta labor”, dice Merchán.

Mientras Luisa se seca las lágrimas y abraza a su nieta, a la que considera su hija, se llena de esperanza y afirma que no se rendirá y que confía en que Dios “hará el milagro de salvar a su niña”. (I)