Un hogar era lo que Juan (nombre protegido) tenía hace más de 30 años. Vivía con su esposa e hijos en Ambato, provincia de Tungurahua.

La estabilidad familiar no duró mucho, puesto que Juan le fue infiel a su pareja, se enamoró y los abandonó. Dentro de esta nueva relación enviudó a sus 50 años aproximadamente.

Después de ese momento, Juan empezó a sentirse solo y con el deseo de ver a sus hijos. “Durante su juventud, él reconoció que cometió algunos errores, que fue muy infiel y cuando se convirtió en adulto mayor ya no tenía visitas, era una persona completamente sola”, cuenta el Larry Navarrete, psicólogo clínico, quien trató a Juan y agrega que la única relación social que tenía era de fundaciones y del Gobierno a ofrecerle ayuda.

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Durante ese intento por recuperar el amor de sus hijos, Juan les heredó sus propiedades, pero esto no tuvo resultados. “Los hijos recibieron las propiedades y no es que a través de eso se reconquistaron o algo así, sino que continuaron con sus vidas y Juan quedó solo y sin propiedades. Vivía en condiciones muy precarias y ya sin la edad suficiente como para trabajar. Vivía muy al día”, relata Navarrete.

El psicólogo explica que su paciente se sentía que no era merecedor de una compañía, tenía altos niveles de depresión, al punto de decir que no “que era una persona despreciable”. Esos pensamientos llevaron a que Juan ya contemple la posibilidad de suicidarse.

“Se logró conversar con la familia y hubo cierta cercanía, pero el trabajo fuerte debió hacerlo él. Le costó bastante por su orgullo, pero hubo un avance”, señala Navarrete, quien estuvo cuatro años con Juan hasta que le dio de alta.

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Este ciudadano, cercano a los 70 años, vivía donde cuidaba casas o en viviendas que quedaban deshabitadas por la muerte del dueño, pero que luego era desalojado y así se mantuvo. Después, en esa peripecia acogió a otro adulto mayor con discapacidad para sobrellevar esa soledad y ya presentaba desnutrición.

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En ese entonces, Navarrete supo del caso y lo atendieron, pero no fue fácil. “La gente cuando está en el proceso de construcción de la depresión también se niega a la ayuda, pero de a poco se lo convenció hasta que lo invitamos a jugar fútbol, en caminatas, conoció más gente, hizo amigos”, cuenta el psicólogo.

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Explica que la clave para un buen acercamiento no es empezar por lo terapéutico sino en actividades sociales, incluso para tener un diagnóstico. “Porque las personas siempre tienen algo que les engancha, alguna actividad que les gustaba hacer y que por la situación lo han dejado. Iniciamos con conversaciones simples y después van las terapias. Es complicado porque piensan que están loco y se defienden mucho”, señala.

Navarrete pudo identificar que a Juan le gustaba tocar la guitarra. “Le decíamos que nos ayude tocando y le dábamos la comida e iba y de a poco se fue soltando”, recuerda el especialista.

En ese camino, Juan conoció a otra adulta mayor, con quien vive ahora y construyeron una casa. Esa soledad Juan la superó y uno de sus hijos está más cercano a él.

“Está en contacto con uno de ellos. Hasta que un día fue (el hijo), lo vio activo (en actividades sociales) y fue un impacto fuerte”, dice Navarrete, quien señala que con Juan fue un trabajo de reconstrucción del tejido social.

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“Ya tiene hasta gente (amigos) que se preocupa por él. El abandono no es una decisión personal, pero la soledad suele serlo. Había algunos elementos graves como fantasías de autodestrucción y deseo de suicidarse, pero nunca llegó a darse porque fue rescatado a tiempo. Con esta nueva relación ha logrado que con los hijos de la señora tenga cierto cariño. Está teniendo una especie de nueva familia”, dice Navarrete, quien precisa que Juan está viviendo en San Miguel de los Bancos, en Pichincha.

¿En qué consiste el proyecto de Ley de Salud Mental que se tramita en la Asamblea Nacional?

La soledad no deseada es un estado de ánimo que puede ser provocado como parte de una sintomatología como la depresión, afirma Carlos Pérez, psicólogo clínico y presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Psicología en Emergencias.

“También pueden ser visto en algunos contextos como en los trastornos donde sienten que deben conservar a una persona y generan una dependencia y tienen miedo al abandono y a sentirse solos”, indica Pérez.

La psicóloga clínica Paola Córdova menciona que esta soledad puede estar acompañada de situaciones como trastornos de ansiedad, sentimientos de aislamientos que pueden reducir las destrezas cognitivas como estar menos concentrado.

Tanto Pérez como Córdova resaltan la importancia de tratar la salud mental, cuyo presupuesto asignado en el país es apenas del 2 %, según datos de la Comisión del Derecho a la Salud y Deporte de la Asamblea Nacional.

Además, en el área de psicología hay un registro de 1.550 profesionales en 2020, detalla el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). Más del 80 % está en el sector público.

“Es un tabú la salud mental y cuesta hablar de estos temas. Y luego nos damos cuenta en consulta que siempre fue un niño ansioso, nunca fue tratado y por eso se fue aislando y ya hoy se vuelve insoportable y puede convertirse en un trastorno obsesivo compulsivo, de ansiedad de tipo generalizado”, apunta Córdova y añade que estos problemas se pueden prevenir si cuidamos la salud mental. (I)