Mientras le ponían la anestesia antes de una operación, el doctor de Oswaldo Zavala, conocido por interpretar al personaje de Pepito en el programa Guayaquil caliente, le decía: “Tranquilo, Oswaldo. Cuéntanos un cachito”.

Ese gesto del galeno ayudó a calmar un poco a Zavala, intervenido para retirar una neoplasia maligna (cáncer) de su próstata.

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Ya pasaron seis años desde su diagnóstico. Ahora el actor, de 66 años, es docente de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil.

El tumor no se había extendido a otros órganos. Zavala ni siquiera necesitó quimioterapia.

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Sin embargo, igual acude a controles médicos cada seis meses. “De 0,35 que tenías, ahora tienes uno y pico”, dice Zavala que le dijo el doctor respecto a su última prueba de antígeno prostático específico, que mide la cantidad de esta proteína producida por la próstata en la sangre. Un mayor nivel de la sustancia en el organismo podría indicar presencia de cáncer.

Según la Organización Panamericana de la Salud, el cáncer de próstata es el tercer tipo de cáncer más diagnosticado en el continente americano, detrás del de pulmón y el colorrectal. La Sociedad de Lucha contra el Cáncer en Guayaquil, en cambio, atendió 451 casos de tumores malignos en la próstata de enero a agosto de 2023. Fue el segundo tipo de cáncer más común en el hospital, detrás del de piel, con 775 instancias.

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“Cuando te dicen que tienes cáncer, se te acaba la vida”, expresa Zavala, cuyo padre falleció por cáncer de próstata. “Te podrás imaginar el susto”, afirma.

Podría haber un componente genético hereditario que influye en el desarrollo del cáncer de próstata, según la Sociedad Americana de Cáncer, que además indica que tener un padre o hermano con esta enfermedad duplica las probabilidades de que un hombre también la sufra en algún punto de su vida.

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Cada vez que Zavala vuelve a las revisiones se deprime, pues le resulta difícil ver que acuden pacientes “de toda edad”, como niños, mujeres y ancianos.

Ha encontrado refugio en las personas que lo rodean. Tiene una esposa y dos hijos, y forma parte de una comunidad cristiana que le brindó apoyo. Su enfermedad, dice, cambió su forma de ver la vida y lo acercó tanto a su familia como a su fe.

Estas redes de soporte son importantes para cuidar la salud mental del paciente de cáncer.

Elaine Cevallos, psicóloga, destaca que las personas que integran estas redes de apoyo, especialmente los familiares y el cuidador primario de la persona afectada, deben “entender que son humanos y que les va a afectar de una u otra manera”.

A su vez, deben tener un acompañamiento psicológico, pues no solo representan un apoyo para el individuo enfermo, sino que también sufren de angustia y se pueden ver rebasados por la situación, lo cual podría influir negativamente en el familiar que padece de cáncer.

Aunque Cevallos reconoce que “parece imposible” que el cuidador primario del diagnosticado pueda aprender a desconectarse y desconectarse de la situación, saber hacerlo puede ayudar a que el que ayuda a su familiar con cáncer se mantenga sano física y mentalmente, ayudando a su vez al afectado que cuida.

Sin embargo, un diagnóstico de cáncer afecta a toda la familia. En ese sentido es importante, continúa la experta, que se definan roles para cada miembro del núcleo familia dependiendo de los rangos de edad. De esto depende cuánto puede ayudar cada uno, y cuánto debe saber en realidad sobre la situación.

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Hay que determinar cuántos detalles debe saber un niño sobre la enfermedad de su padre, por ejemplo, y definir cómo puede asistir. “Es necesario medir en qué fase del desarrollo está cada miembro de la familia. Por eso es principal que el cuidador busque una ayuda especializada, un terapeuta que pueda brindarle un sostén a la familia”, sostiene.

Verónica Chávez, psicóloga de la Fundación Jóvenes contra el Cáncer, realiza visitas a los domicilios de pacientes con cáncer que reciben ayuda de la organización. Muchos de ellos, señala, viven en condiciones de hacinamiento y de pobreza.

Ella coincide con Cevallos en la importancia de las redes de apoyo para el paciente, y añade que las familias deben estar bien informadas por médicos.

Una de las concepciones erróneas más comunes con las que Chávez se ha topado en su labor es que las familias de los afectados por cáncer piensan que la enfermedad es contagiosa. Por lo tanto aíslan al paciente, negándole una importante red de apoyo y empeorando su salud mental.

“Lo primero que deben saber las familias es que el cáncer no es contagioso. También hay que llegarles al corazón, a la consciencia de los que están alrededor de los que tienen cáncer: no porque estén así significa que van a morir en ese momento”, expresa Chávez.

El vínculo familiar, añade, brinda las herramientas para lidiar con el tratamiento y las dificultades que conlleva. (I)