El problema de los huecos en las camineras que llevan a la isla Santay se mantiene. Esto a pesar de las intervenciones que han hecho los miembros de la comuna, el Gobierno y en parte la empresa privada.

En junio de 2023, el Ministerio del Ambiente cerró temporalmente el área de recreación para realizar mantenimiento y reparación de la infraestructura. Y en noviembre de ese mismo año, en un tramo del sendero se colocaron tablones de caucho de neumáticos en reemplazo de las tablas de madera plástica.

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Sin embargo, desde la visión de los visitantes que acuden a diario o los fines de semana a este punto de la ciudad, las acciones han sido insuficientes, pues el deterioro aún es visible.

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”Esto ahuyenta a los turistas, porque en los primeros metros ya se ve el daño y el abandono. Ojalá que pronto alguien se haga cargo y haya un mantenimiento integral”, dice Keyra Aguilar, quien el pasado sábado, 17 de febrero, cruzó el puente basculante, al que se llega desde la calle El Oro, para dirigirse hacia la Santay.

La última vez que caminó por esta ruta junto con su esposo y amigos fue en mayo del año pasado. Ese mes palpó el deterioro de las tablas de madera plástica del sendero. De hecho, hasta junio de ese año los miembros de la comunidad habían contabilizado más de 700 huecos a lo largo del camino; varios de ellos fueron tapados con recursos propios.

Tablas rotas o infladas se observan a medida que se avanza por el sendero que lleva hasta la ecoaldea. Foto: Ronald Cedeño

En mayo de ese año, Aguilar encontró piezas rotas, infladas y levantadas que se observaban a medida que avanzaba al área protegida. Este sábado, empero, no encontró un escenario diferente.

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Pues, si bien existen tramos con un piso similar al de un neumático y ciertas tablas que han sido cambiadas —porque se observa la diferencia de color—, aún se visualizan tablas quebradas que dejan expuestas las estructuras metálicas inferiores que las sostienen.

Esto sumado a la cantidad de ramas que, en ciertos puntos, cubren esos huecos.

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“Es una pena, porque yo tengo amigos en otros países que vinieron cuando esto recién se inauguró. Ahora yo les digo que mejor allá no, porque hasta puede ser peligroso”, indica.

Santay fue declarada Área de Reserva Natural desde el 2010 y el acceso es gratuito.

Julio y Ana Solórzano dicen que atravesar el sendero en bicicleta incluso es complicado. “Se tiene que zigzaguear y el piso hasta se mueve un poco por tramos”, aseguran.

Byron Torres manifiesta que lo que antes se podía considerar un paseo, y en el que a medida que se avanzaba se iba admirando la naturaleza, ahora se asemeja a un “videojuego”.

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En diferentes partes del puente basculante también se observa deterioro. Foto: Ronald Cedeño

”Uno tiene que caminar y prácticamente saltar obstáculos (huecos). No se puede caminar tranquilo sin ver al piso, porque uno se puede caer”, manifesta.

En un recorrido que realizó este Diario se constató parte de los daños en el tramo inicial del sendero, y también se visualizaron barandas de madera en mal estado apiladas a los costados y algunas sin ser reubicadas.

Asimismo, a lo largo del puente basculante que conecta Guayaquil con el camino que lleva a la ecoaldea se observa el deterioro en las especie de carpas de descanso que hay en diferentes puntos, así como daños en las bancas.

En 2023, la Prefectura del Guayas reiteró su pedido al Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (Maate) para que se le entreguen las competencias sobre la administración y manejo del Área Nacional de Recreación Isla Santay. Esta fue una oferta de campaña de la actual prefecta, Marcela Aguiñaga.

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”Esto es como una zona botada, y es una pena, porque esto le daba brillo a esta parte de la ciudad. Las autoridades deberían darse cuenta de que esto poco a poco se va perdiendo por la falta de mantenimiento”, dice Luis Flores, quien regularmente usa el basculante para hacer ejercicios.

El pasado 17 de febrero, a través de la cuenta de X del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda, se informó de una reunión entre los titulares de Vivienda y Ambiente en la que se abordó, entre otros temas, la administración de puentes y camineras en la isla Santay.

Flores, como usuario, cuenta que en varias ocasiones han observado cómo visitantes cruzan el puente basculante, avanzan hasta la bifurcación que lleva a la ecoaldea y hacia la parte cerrada de la ruta a Durán y se regresan.

“Creo que, de entrada, ver cómo está botado todo desde el inicio desmotiva a la gente y hace que no se animen a seguir”, señala el usuario. (I)