Escondido en el hipercentro de Quito, un solo local, en el subsuelo de un edificio, te transporta a la playa. Se trata del proyecto Cuevita de Sal y su creadora, Arelis Carrasquel, una venezolana que llegó a Ecuador en 2015 y, luego de muchas travesías, instauró una verdadera terapia de relajación y sanación.