Le llaman “el Central Park” de Quito. Es el corazón del hipercentro económico y financiero de la ciudad, en el sector de Iñaquito, con una extensión que alcanza las 65 hectáreas. Está rodeada por modernos edificios y por las principales avenidas de la capital ecuatoriana.

El parque La Carolina es una suerte de síntesis de una ciudad multifacética, diversa y en constante expansión. Todos los días se activa antes de que los primeros rayos de sol aparezcan por el oriente, cuando deportistas aficionados y profesionales realizan sus rutinas de entrenamiento. Al llegar la noche, las luminarias cobran protagonismo e iluminan la vegetación y la zona deportiva.

Otros visitantes, a cualquier hora, van para relajarse entre los árboles y hacer una pausa del agitado movimiento de la ciudad, aunque eso implique convivir con el ruido del tránsito vehicular, los vendedores ambulantes, niños jugando o la música que suena a alto volumen porque un grupo de personas practica bailoterapia.

Los comerciantes formales atienden en locales o quioscos, mientras que los informales -que son más- se instalan en sitios donde hay más gente o recorren el parque de extremo a extremo, a pie o en bicicleta, en busca de clientes para sus helados, juguetes, refrescos, frutas, cables para teléfonos celulares...

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Según datos de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), cada mes este parque recibe a alrededor de 220.000 personas. Su extensión de 65 hectáreas se divide en 40 de áreas verdes, la mayoría están concentradas en el lado sur, y 25 de espacios para deportes, con más de 30 canchas de fútbol, básquet, ecuavóley y tenis, además de pistas y senderos para trotar y ciclistas.

Cuenta con una pista de patinaje, la laguna El Quinde, una zona canina, el bulevar y plaza de las flores -un corredor de 260 metros lineales-. La pista atlética, el bulevar Rumipamba -que conecta a las avenidas de los Shyris y Amazonas-. Una zona de juegos infantiles, el bulevar de la quebrada, una pista de bicicrós y estacionamientos.

En el centro está la imponente Cruz del Papa, de 24 metros de altura, que se instaló a propósito de la visita del papa Juan Pablo II a Quito, en 1985.

Además, el parque acoge otros atractivos como son el Vivarium, el Jardín Botánico, el Mundo Juvenil y el Museo Ecuatoriano de Ciencias Naturales.

Para cubrir los gastos de mantenimiento de las instalaciones y áreas recreativas, el Municipio destina al año un presupuesto aproximado de $ 160.000, según la Epmmop. No obstante, en la actualidad varios espacios están descuidados.

Por su ubicación estratégica, el parque acogerá dos estaciones del Metro de Quito: Estación Iñaquito, en el bulevar de la av. Naciones Unidas y calle Japón, y Estación La Carolina, en la intersección de las avenidas Eloy Alfaro y República. Esto incrementará significativamente la cantidad de visitantes.

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La Carolina también se ha convertido en el punto de encuentro de la población migrante. Es frecuente ver a ciudadanos venezolanos jugar por las tardes y fines de semana el deporte favorito de su país: el béisbol. Mientras, sus compatriotas comparten las costumbres y lenguaje propio de su país.

Sin resguardo

Por las noches, el parque es refugio de personas sin hogar y de delincuentes que acechan a los visitantes. Cuando el sol se oculta, hay ciudadanos que evitan atravesar por temor a ser asaltados.

No es para menos. Óscar Chicaiza, gerente de administración de Parques y Espacios Verdes de la Epmmop, indica que solo existen seis guardias para custodiar los bienes públicos en las 65 hectáreas y reconoce que hay sectores que se han vuelto focos de inseguridad, algunos son la pista de patinaje, la tribuna de los Shyris y zonas con poca iluminación.

Según el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC), entre enero y junio de este año en el parque La Carolina se han reportado 1.010 incidentes que incluyen robos, escándalos, hasta venta y consumo de drogas. La cifra es el 7,7 % más alta que lo registrado en el mismo tiempo del 2020.

Las horas en las que más casos ocurren son entre las 10:00 y 14:00, muestran las cifras del Observatorio; es decir, el momento más inseguro no es por la noche, sino durante el mediodía.

QUITO (02-07-2021).- Parque La Carolina, en el norte de Quito. Alfredo Cárdenas/ EL UNIVERSO. Foto: El Universo

“El parque me trae recuerdos de la infancia y la adultez, pero lamentablemente la sensación de inseguridad no tiene horario. Hay muchas ventas ambulantes. Todo el tiempo hay que estar alerta, porque no se sabe si por un descuido se llevan tus cosas o alguien te asalta de frente”, dice Belén Gordillo.

Un fin de semana de abril, alrededor de las 15:00, Gordillo cruzaba a pie cerca de la laguna, de pronto un desconocido pasó corriendo a su lado y le arrebató el teléfono celular cuando ella escribía un mensaje de texto. No presentó una denuncia formal porque no confía en que el caso se resuelva y pueda recuperar su teléfono. “Seguramente ya lo vendieron en una cachinería”, dice decepcionada.

Como respuesta a la situación de inseguridad en el lugar, el gerente de Parques y Espacios Verdes menciona que se realizan operativos itinerantes con la Policía Nacional y agentes metropolitanos.

Sin embargo, estas acciones no son suficientes. Así que se emprenden medidas complementarias. Una de ellas, explica el funcionario, es un convenio suscrito con la Policía para que este año se instale en el parque una base de la Unidad de Policía Montada, la cual contará con seis agentes fijos y otros cuatro que también vigilarán zonas aledañas a La Carolina.

Además, a partir de septiembre se implementará un plan de iluminación para la parte sur, que incluye la pista de patinaje. Chicaiza señala que en esa zona es donde más problemas ha identificado el Observatorio de Seguridad. Por otro lado, actualmente se arreglan los caminos internos del parque.

Entre los planes a mediano plazo, el gerente adelantó que el próximo año se prevé que la tribuna de los Shyris sea derribada, con el fin de que la infraestructura de concreto sea reemplazada por una estructura desmontable.

Comercio informal

El comercio informal es otro conflicto que afecta a La Carolina. Entre los planes para resolverlo está la creación de zonas de comercio controlado, cerca de las estaciones del Metro. En los papeles se señala que contarán con baterías sanitarias, puntos para bicicletas y áreas culturales. “Va a ser como una especie de recibidor y dotación de servicios”, describe el gerente.

En el parque existen 235 comerciantes formales que integran ocho asociaciones reconocidas por la Epmmop. Ellos se ven obligados a competir con decenas de vendedores informales que circulan a toda hora, todos los días.

QUITO (02-07-2021).- José Tipán, 38 años, trabaja vendiendo jugos de naranja en el parque La Carolina, en el norte de Quito. Antes de la pandemia vendía en un local en La Mariscal, pero no pudo seguir pagando el arriendo y dejó su local para mudarse al parque. Alfredo Cárdenas/ EL UNIVERSO. Foto: El Universo

Una historia que comenzó hace 82 años

La historia de La Carolina empezó hace 82 años con una expropiación. El historiador y excronista de Quito Alfonso Ortiz Crespo contó que hasta 1939 lo que hoy constituye el parque perteneció a una hacienda de 200 hectáreas de propiedad de la quiteña María Augusta Barba de Larrea. Allí se desarrollaban actividades de ganadería, principalmente.

Ese año, el Municipio embargó la hacienda La Carolina -de ahí viene el nombre del parque-, porque su propietaria tenía la intención de construir una ciudadela. El problema de levantar la urbanización era que en esa época la ubicación del terreno estaba desconectada de los límites de la ciudad.

La zona no contaba con servicios básicos, caminos adecuados ni líneas de transporte, lo cual requería de una importante inversión por parte de la Alcaldía, que carecía de recursos para ejecutar las obras que hacían falta.

La preocupación de las autoridades, señaló Ortiz, obedecía a que, con la llegada del ferrocarril a Chimbacalle en 1908, la capital empezó a crecer aceleradamente, sin organización, en lugares periféricos sin vías de acceso, debido a que las normas locales no daban las suficientes facultades al cabildo para mantener el orden. Así aparecieron barrios como La Colmena o La Floresta. Y no fue sino hasta finales de 1930 que la Alcaldía ganó más autoridad en la Ley de Régimen Municipal.

La intención del Municipio no fue hacer un parque, sino controlar el territorio y gestionar adecuadamente el valor del suelo urbano al ser propietario de un área tan grande. Ahí surge la necesidad de que haya un plan que regule a la ciudad en el presente y futuro”, explicó el historiador, quien en 2004 publicó la Guía de Arquitectura de Quito, un trabajo de investigación que contó con el apoyo del Municipio de Quito, la Junta de Andalucía y la Embajada de España.

El Plan Regulador se inició en 1942 de la mano del arquitecto Guillermo Jones Odriozola, que concibió, por primera vez la idea del parque. El proyecto planteó dos grandes diagonales: uno de ellos lo forman las avenidas Eloy Alfaro y República; el segundo fue la construcción de la avenida de los Estadios (que ahora es la Naciones Unidas).

QUITO (02-07-2021).- Parque La Carolina, en el norte de Quito. Alfredo Cárdenas/ EL UNIVERSO. Foto: El Universo

En el borde oriental de la planicie estaba pensado el centro deportivo, que tenía como elemento más importante al estadio de El Batán. En la parte frontal se propuso un gran parque con un hipódromo, piscina olímpica, canchas deportivas. Pero el Municipio solo tuvo recursos para construir el estadio. “Lo demás era un potrero”, recordó Ortiz.

La idea de disponer de un área grande de recreación en los antiguos terrenos de la hacienda fue nuevamente contemplada en 1967. La intención era descongestionar los dos parques que existían en la ciudad: La Alameda y El Ejido, ambos en el centro.

En 1971, durante la alcaldía de Sixto Durán-Ballén, la ciudad entregó en comodato una parte del terreno para la construcción del Centro Comercial Iñaquito. Más adelante, en 1975, el alcalde emprendió la iniciativa de dotar a la capital de más áreas verdes y zonas de esparcimiento frente al crecimiento poblacional.

Fue así como, finalmente, se continuó con la idea que el arquitecto uruguayo había planteado más de 30 años atrás, aunque el espacio para ello ya no era de 200 hectáreas. El terreno disminuyó, porque en el transcurso del tiempo el Municipio utilizó parte de la hacienda en lotes para viviendas.

Para 1980, el parque La Carolina ya se había constituido en el principal centro de recreación social y deportivo de toda la ciudad. Un hecho que sigue vigente pese a los problemas de inseguridad y falta de ejecución de la planificación urbana. (I)