Dolor de cabeza primero, carraspera en la garganta después y finalmente un poco de secreción nasal.

Esos fueron los padecimientos de una persona, de más de 50 años, a quien se le diagnosticó COVID-19 la semana pasada, en un laboratorio privado.

En su casa tomó agua con jengibre, ajo, limón y sal y sentía que mejoraba una molestia que tenía en la garganta.

Los síntomas aparecieron unos tres días después de haber tenido contacto estrecho con una persona a quien, días antes, se le detectó el virus.

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Se quedó en su casa, aislado, a la espera de su recuperación.

Fiebre, escalofrío, dolor de cabeza, de garganta fueron los síntomas que sufrieron tres de cinco integrantes de una misma familia, compuesta por el padre, la madre y tres hijos varones, contagiados de COVID-19. Empezaron a tener esos inconvenientes el pasado 5 de enero.

Luego, a uno de ellos le dio vómito, dolor de articulaciones y mareo. A la madre, además, dolor del cuerpo. A uno de los hijos, ronquera, congestión nasal, flema. Ellos también se quedaron en su domicilio para superar sus molestias, recibieron consulta por telemedicina y los medicamentos les trajo un allegado.

Una pareja de esposos, que fue la semana pasada a realizarse una valoración médica de sintomatología respiratoria, en uno de los puntos habilitados por el Ministerio de Salud Pública (MSP), contó que algunos de los malestares que presentaban eran dolor de cuerpo, de garganta y de cabeza.

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Danny Chávez, director médico del hospital Pablo Arturo Suárez, que es la casa de salud del MSP designada para atención prioritaria para COVID, indicó que cada día a valoración médica acuden entre 60 y 70 personas que padecen fiebre, malestar general, dolor corporal, dolor de garganta, tos, y algunos dificultad para respirar, que son quienes requieren hospitalización, que es un 10 %. Un 1 % va a cuidados críticos.

Para Chávez, con la variante delta, los síntomas se presentaban entre el séptimo y décimo día del contagio, en tanto que actualmente es de tres a cinco días.

“En la gran mayoría de los casos, presentan dolor de garganta y malestar general, ya la fiebre hemos visto que ha cambiado un poco; tenemos pacientes que no presentan necesariamente fiebre y tampoco síntomas gastrointestinales, que era uno de los síntomas que más se presentaban con las otras variantes”, explicó el galeno. Estos cambios en los patrones de sintomatología se han observado desde diciembre del 2021.

El primer caso de la variante ómicron se detectó en el país a mediados de diciembre del 2021.

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A quienes no se hospitalizan les recetan analgésicos, antinflamatorios, entre otros. En tanto que para quienes están ingresados el tratamiento depende de cada situación que puede ser la edad, enfermedades, cómo llega al hospital.

Para Alberto Narváez, médico, quien tiene un Ph. D. en Políticas de Control de Enfermedades, los síntomas de la ómicron son nariz con secreción, dolor de cabeza, fatiga, estornudos, dolor de garganta.

Narváez expresó que con la variante delta se presentan más casos con pérdida de olfato y del gusto, ojos rojos, mayor secreción nasal.

La tos, agregó el experto, es común en la delta y en ómicron, pero con la primera es pulmonar, por lo que conlleva más peligro de fallecimientos.

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Al consultarle a Narváez por qué hay sintomatología un tanto diferente entre esas variantes, respondió que estudios genéticos determinan que en la ómicron hay una mutación perteneciente al virus de la gripe común.

Para Narváez, la ómicron es la dominante en Ecuador, ya que representa más del 95 % de casos. “Afecta más (...) a bronquios, tráquea, faringe, laringe, por eso, el dolor y ardor de la garganta es mucho más frecuente, igual que la secreción nasal”, dijo.

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Pero también los médicos han detectado síntomas atípicos. El COVID-19 obligó a Melanie Poveda y a su familia a tomar distancia durante las festividades de fin de año. Además de los síntomas clásicos de esta enfermedad, como la tos y el malestar de garganta, ella experimentó la pérdida del cabello y un fuerte taponamiento del oído izquierdo durante dos días.

Estos son, de acuerdo con especialistas consultados, algunos de los síntomas inusuales que pueden desarrollar algunas personas al contagiarse de COVID-19 y que han sido detectados con la variante ómicron.

Desde el inicio de la pandemia, Jerónimo Cassanello, médico internista e intensivista del complejo hospitalario Interhospital de Guayaquil, ha atendido a más de 600 pacientes con cuadros graves de COVID-19. Cuenta que en varias ocasiones ha tratado casos con infartos cardiacos o mal funcionamiento del corazón. El último de estos fue en diciembre, cuando tuvo un caso de infarto al miocardio de un paciente con COVID positivo.

Cassanello precisa que “cuando uno va a ver a un paciente, independientemente de la sintomatología, tiene que plantearse la posibilidad de que tenga COVID” o que tenga, al mismo tiempo, la infección por el virus y otra enfermedad, sin que haya una relación de causa y efecto.

Asegura que la infección por coronavirus provoca una afectación sistémica, es decir, ataca a todo el organismo. “Aunque su principal afectación es en el tracto respiratorio con la formación de trombos, puede provocar otras afecciones como diarrea (sistema digestivo), urticaria (a nivel de la piel), cefalea (síntoma neurológico); puede afectar a todo el cuerpo en realidad”.

El médico internista Éric Álvarez recuerda el caso particular de una familia de cuatro integrantes, quienes durante cuatro días presentaron un intenso dolor en la pierna derecha. Al cuarto día, uno de ellos empezó a toser. Luego de una prueba PCR, todos dieron positivo. Hoy, después de dos semanas, la familia se reintegró a sus actividades normales.

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Álvarez explica que aunque haya casos inusuales, “los síntomas atípicos pueden ser los indicios de la enfermedad” y que estos se presentan de acuerdo con el estado de salud de base de los pacientes o su situación emocional previa al contagio.

Cuando un paciente que padece enfermedades preexistentes (diabetes, cardiopatías, enfermedades de la piel o neumonía, por ejemplo) y no las tiene controladas, podría desarrollar sintomatología atípica. Pero si las enfermedades están controladas, es más probable que el paciente experimente solo los síntomas clásicos del COVID-19.

Es así que con cada paciente que llega y presenta un cuadro distinto al anterior, el doctor Álvarez se impresiona de lo particular que es cada caso. “Mi reacción casi siempre es de sorpresa por lo multifacética que es esta enfermedad. Cada persona tiene su propio COVID. No se puede generalizar, es una enfermedad muy personalizada y por ende el tratamiento debe ser así. Cada paciente es un mundo”, afirma el médico.

En niños

Respecto de la sintomatología en niños, la infectóloga Carola Cedillo enfatiza que aunque inicialmente presenten fiebre, la evolución de la enfermedad se puede cruzar con cuadros intestinales, además de alteraciones en la piel.

Subraya, además, que “en la etapa de la niñez, sobre todo en quienes no han sido vacunados, empiezan a darse cuadros respiratorios más severos, no solo resfríos, sino bronquiolitis y CRUP (una infección en vías respiratorias que causa una inflamación de la laringe y la tráquea), que hacen que el niño tenga una tos metálica y dificultad para respirar”. (I)