Los periodos de inestabilidad política y de crisis económica que el país ha experimentado durante décadas tienen similitudes casi calcadas y que tienen su origen en “perversos ciclos del populismo económico” y un “masoquismo social consuetudinario”. Así lo ven analistas económicos.

En estos días Ecuador vive nuevamente complejos momentos de inestabilidad política, amenaza de destitución de un presidente (Guillermo Lasso), de protestas desde sectores sociales como el de los indígenas y problemas económicos de difícil resolución.

Para Alberto Acosta Burneo, editor de Análisis Semanal, la relación entre lo político y lo económico va en dos sentidos. Por un lado, la economía dirige el accionar político a través de lo que denomina “los perversos ciclos del populismo económico” y que tienen tres momentos: el de la agresiva expansión que viene acompañada por una bonanza de materias primas. Se vive una especie de estabilidad y bienestar económico. Un gobierno que vive esta etapa, considerada de vacas gordas, cosecha aplausos aunque en este periodo no haya sentado bases para el tiempo de vacas flacas. En un segundo momento se acaba la plata y los gobiernos empiezan a culpar a los acreedores y a repudiar la deuda. En un tercer momento se viene un ajuste fiscal, impopular. Ese ajuste sirve para que un próximo gobierno populista llegue, con las cuentas saneadas, para repetir el ciclo.

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Según Acosta Burneo, durante los años de democracia la bonanza más clara ha sido la que le tocó vivir a Rafael Correa con precios altos del crudo. Sin embargo, esa bonanza tambaleó en el 2014. En ese momento el Gobierno optó por una deuda más agresiva que la que ya venía adquiriendo, para poder mantener el ritmo económico. Al final, terminado ese Gobierno vino la inevitable etapa de vacas flacas (Lenín Moreno y Guillermo Lasso).

‘A Rafael Correa le dejé una montaña de plata para transformar el país en un Singapur, pero se la gastó en otras cosas’, dice Alfredo Palacio sobre su sucesor, a quien considera catapultó en la política

El experto considera que el desafío para quien está al frente de un gobierno al que le toca la etapa de vacas flacas es saber administrar ese momento, ser hábil para atraer inversión, saber administrar la escasez. Asegura que durante las décadas de democracia, algunos gobiernos optaron por la emisión de billetes (cuando aún no existía dolarización) que al final significaba generar fenómenos inflacionarios altísimos. La otra opción es el ajuste, que genera la resistencia de los sectores sociales porque cae el empleo y aumenta la pobreza.

Por otro lado, también hay una relación de la política contra la economía. La inestabilidad política genera un impacto en la economía, pues la incertidumbre deteriora la inversión, el riesgo país. Esto bloquea las posibilidades de financiamiento.

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Acosta reconoce que en la actual coyuntura, un tema de gran preocupación es el de la delincuencia y el narcotráfico, que generan incertidumbre, ahuyentan la inversión y el ambiente para realizar negocios lícitos. Considera que este tema debe ser abordado con medidas más allá de un cambio de presidente. Que debe ser tratado con asesoramiento internacional, con mejores prácticas de inteligencia. Explica que es un conflicto transnacional del cual Ecuador es una de las víctimas.

El descontento popular, protestas, una suerte de “canibalismo político”, caída de presidentes, por un lado; problemas de gasto exagerado, sobreendeudamiento, caída del precio del crudo, desastres naturales (fenómeno de El Niño, La Niña, inundaciones, terremotos, mancha blanca), desde el otro, se han vivido al menos durante los últimos 40 años. Así lo cree Jaime Carrera, secretario ejecutivo del Observatorio de la Política Fiscal.

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De acuerdo con Carrera, lo que vive el Ecuador es una suerte de “masoquismo social consuetudinario”, pues a pesar de las consecuencias que ya se han visto, la sociedad repite los comportamientos.

“Es una sociedad acostumbrada a la indisciplina, al desorden, a pedirle todo al Estado y no dar nada. Todo el mundo le pide plata al Estado, quiere salud, educación, pero nadie dice cómo va a financiar eso”. Durante décadas, la sociedad ha vivido de paros y protestas: políticos, trabajadores, maestros pidiendo aumento de salarios y más recursos, pero sin indicar de dónde saldrán esos recursos. Luego se hicieron leyes para preasignar los recursos y el presupuesto se transformó en una camisa de fuerza que no alcanza a financiar todo. “Es un país que constantemente se ha autodestruido”, dice.

Recuerda que producto de la inestabilidad política y económica, en los 80 y 90, en las que estuvieron los gobiernos de Jaime Roldós, Oswaldo Hurtado, León Febres-Cordero, Rodrigo Borja, Sixto Durán-Ballén, Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad, es que el país creció apenas un 2 % promedio y durante estas dos décadas se mantuvieron déficits fiscales, constante aumento de deuda y, luego, el no pago de las deudas. Además, en estas décadas se tomaron medidas que terminaron por derrumbar el sucre. Así, ya en el 2000, tras la crisis bancaria, la instauración de la dolarización y la caída de Mahuad, se instala el nuevo modelo monetario. Este requería una serie de reformas de responsabilidad fiscal. Sin embargo, indica que a la llegada del correato se ignoran estas reglas y regresa el despilfarro, no pago de deuda a pesar de contar con recursos y endeudamiento agresivo pese a tener altos precios del crudo.

Un 21 de enero del que sus actores creen que no se ha aprendido nada

Al gobierno de Moreno, la pandemia le encontró sin fondos y extremadamente endeudado. Se logró una renegociación de deuda, y se firmó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que le ayudó a sobrevivir al país en este duro periodo. En el gobierno de Lasso se han hecho correcciones a la economía, pero no ha sido suficiente. Ningún gobierno ha podido solucionar el tema del subsidio de los combustibles, comenta.

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De acuerdo con Carrera, en los 43 años de inestabilidades el promedio de crecimiento del país ha sido del 2,7 %, mientras que la inversión extranjera directa, que representa recursos frescos para cualquier economía, más aún para la dolarizada, no ha pasado del 1 % del PIB.

Ambos analistas coinciden en que cambiar de presidentes antes del término de su periodo no soluciona los problemas económicos, pues la inestabilidad política afecta directamente al crecimiento económico.

Sin embargo, aparentemente ciertos sectores de la sociedad ecuatoriana buscan en este tipo de cambios que llegue otro mandatario a arreglar “mágicamente” los problemas. En Ecuador entre 1996 y 2007, es decir en once años, hubo ocho presidentes: Abdalá Bucaram, Rosalía Arteaga, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacio y Rafael Correa.

Un indicador que siempre ha estado al vaivén de la inestabilidad política y del precio de crudo es el riesgo país. Este mide el riesgo de que un país no pague sus obligaciones con el exterior. Así, desde el 2004 (datos publicados en el Banco Central) el riesgo país ha tenido sus picos más altos en diciembre del 2008 cuando en el gobierno de Rafael Correa se optó por la moratoria de la deuda y se llegó a 5.020 puntos.

En marzo del 2020, en el gobierno de Lenín Moreno, cuando la situación llegó al extremo de no tener casi reservas monetarias en el Banco Central, con una pandemia encima y ante la imposibilidad de pagar la deuda se declaró la moratoria de intereses, también hubo un pico altísimo (6.603 puntos). En estos días, en el gobierno de Guillermo Lasso, se vive un riesgo país alto relacionado con la inestabilidad política que tiene que ver con un juicio político que busca su destitución, impulsado por la oposición desde la Asamblea y aprobado por la Corte Constitucional. El 30 de marzo pasado, ese indicador cerró en 1.971 puntos. Además, ya se revisó la meta de crecimiento que estaba en 3,1 % al 2,6 %. La disminución está asociada a la caída de producción petrolera, producto, en una buena medida, de las protestas indígenas que han obligado al cierre de pozos y también a los problemas de infraestructura en el SOTE y OCP debido a la erosión regresiva. (I)