En la planta de producción de Olé, el olor a maracuyá, ají, maíz tostado y frito despierta los sentidos de los visitantes. La empresa de alimentos inauguró un nuevo sistema de generación fotovoltaica para reforzar su autonomía energética y mostró sus procesos de producción para salsas de ají, frijoles, jalapeños, chipotle, miel, mostaza y los conocidos totopos.

La compañía, que se caracteriza por ser artesanal y producir especialmente salsas y snacks, ha dado un paso decisivo en el tema de responsabilidad ambiental al invertir más de $ 70.000 en la implementación de 180 paneles solares para su planta de producción en Pifo.

Esta iniciativa permite aprovechar las condiciones óptimas de luminosidad de la región para generar energía limpia y renovable, y con ello cubrir el 100 % de su demanda de energía eléctrica.

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De esta manera, Olé se suma a las iniciativas en el sector empresarial que buscan involucrarse en procesos de transición a energías sostenibles.

A través de esta fuente de energía fotovoltaica, la compañía no solo refuerza su autonomía energética, sino que también contribuye de manera significativa a la reducción de las emisiones de CO₂ en un sector que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es responsable del 30 % del consumo total de energía en el mundo y del 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pedro Vega, gerente general de Productos Olé, menciona que la inversión en energía solar no es una táctica oportunista frente a la crisis energética que ha enfrentado el país, sino una manifestación de la filosofía empresarial de siempre mitigar el impacto ambiental en su operación. “Este proyecto energético inició hace más de un año para sumarse a lo que siempre ha sido nuestro sueño: materias primas frescas, excelencia en la innovación que incluya procesos artesanales y mínimo impacto ambiental”.

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Además de los beneficios ambientales, la adopción de energía solar ofrece ventajas económicas y competitivas, pues permite reducir los costos de energía a largo plazo, mejora la eficiencia operativa y fortalece la reputación como empresas socialmente responsables en un mercado en el que los consumidores valoran cada vez más a las organizaciones comprometidas con la sostenibilidad ambiental.

Instalaciones de la fábrica de alimentos Olé, ubicada en el sector de Pifo, durante un recorrido. Foto: Alfredo Cárdenas.

En la planta se puede ver el proceso de producción. En un cuarto frío se mantienen los productos naturales, como tomate, cebolla, culantro. Luego de picar y cocinar los productos, se embotellan o empaquetan y están listos para ser consumidos.

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La empresa también participa en los procesos de economía circular, ya que después de usar el maracuyá, que sirve para el ají con maracuyá (su producto estrella), las cáscaras son tratadas para hacer abono, que es entregado a los propios proveedores. Su proyecto se denomina Del Campo al Campo.

El 95 % de los productos que comercializa Olé se ubica en supermercados y planifica colocar productos en tiendas hasta finales de año. Adicionalmente, el 8 % de la producción es exportada a Estados Unidos. La empresa tiene previsto abrir más mercados internacionales a futuro, especialmente en México, y reforzar en Panamá, Portugal y Centroamérica. (I)



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