El pasado jueves la Asamblea Nacional decidió archivar el proyecto de Ley Orgánica para Atracción de Inversiones, Fortalecimiento del Mercado de Valores y Transformación Digital que envió el Ejecutivo con el carácter de urgente.

De acuerdo con varios empresarios, esta fue una mala decisión que perjudica la generación de proyectos y puestos de trabajo.

Según Daniel Elmir, empresario del sector de la construcción, esto es una muestra de que los asambleístas más defienden sus intereses que los del país, puesto que la ley tenía cosas interesantes en el aspecto de las construcciones en alianzas público-privada, que generaría nuevos proyectos y obras públicas con dinero privado, lo que a su vez generaría empleo.

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Elmir recuerda que en otros países este tipo de alianzas son muy habituales para tener más agilidad en la obra pública, sino que aquí confunden el privatizar con concesionar, que ya se ha dado -por ejemplo- con el puerto de Posorja.

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“Es penoso lo que sucede en el país, no nos permiten avanzar y nos llenan de trabas y lo que está sucediendo es que los empresarios estamos buscando nuevos países para irnos a invertir en lugar de quedarnos en el Ecuador porque las cosas son muy complejas. Creo que el Gobierno va a tratar de gobernar por decretos y tratar de enderezar lo que se puede”, afirma Elmir.

Felipe Rivadeneira, de la Federación de Exportadores, comenta que es una oportunidad perdida y el bloqueo político para que al Gobierno le vaya mal pasó factura a lo técnico.

“Eran oportunidades de hacer las cosas distintas para atraer inversión y generar empleo... el Ecuador necesita tener mecanismos diferentes para tratar de conseguir dos objetivos: el primero es dar un shock al mundo para atraer inversiones y el segundo, el principal, tratar de dar una solución a los casi siete de cada diez ecuatorianos que están en el desempleo y en el subempleo”, dice Rivadeneira, quien agrega que espera que se siga insistiendo con este tipo de leyes, haciendo el Gobierno un mea culpa y socializando más los proyectos para tratar de conciliar al Ecuador en momentos en que el país no puede estar en posiciones radicales.

A este empresario le parece que lo que proponía la ley en el tema de la modernización de las zonas francas era realmente importante, pues abarataba los costos en toda la cadena logística. También era importante hacer más sencillas y simples las alianzas público-privadas para que el Estado no gaste recursos en temas que fácilmente se los puede delegar al sector privado, pero que “la politiquería confundió los conceptos de la concesión de un servicio con la privatización, lo que es totalmente fuera de lugar”.

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Para Miguel Rossignoli, empresario del sector de tecnología e intercambio de bienes y servicios, hay que entender que la gente sigue saliendo del país porque el nivel de oferta laboral en el Ecuador está muy por debajo de lo necesitado, con mucha informalidad y una gran cantidad de emprendimiento no legalizado o generado por necesidad.

“Este proyecto no pretendía solamente subsanar estas falencias que tiene el mercado, sino que iba a proponer captar inversiones de empresas internacionales con altos estándares de calidad y/o con protocolos y procedimientos necesarios para el mercado internacional. No solo se pierde el tema de generar trabajo y asociaciones de negocio con los proveedores locales, que podían haber mejorado y, a su vez, tener un nuevo sector de demanda de productos... mayor capacitación... mayor necesidad de contratación de personal, que no solo no va a ser contratado sino que ya no va a ser preparado para una industria al futuro. Es decir, no nos abrimos al mercado internacional con los estándares internacionales”, explica Rossignoli.

Él cree que se va a sentir un retroceso inmediato: “En cuanto a lo social es terrible, en lo económico es pasmosamente grave y en cuanto a lo intelectual nos frenamos, estamos obstruyéndonos a la mejora”. Algo que dificulta el camino para capacitar al mercado local para ser potencialmente en el futuro parte de la oferta, como le pasó a países como Chile, Singapur o como le está pasando a Vietnam en este momento.

“Nuestros potenciales canales para darnos a conocer a los mercados internacionales se cerraron inmediatamente... la mayor parte de los asambleístas que niegan el proyecto no son productores, no son fabricantes, no contratan mano de obra, no son empresarios... estamos poniendo a gente -que no tiene idea de cómo producir- a negar un proyecto que busca la sustentación de la producción. La ironía viene desde lo político y la afectación llega hasta lo social”, afirma Rossignoli.

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Mientras que Raúl Estrada, del sector industrial de productos del mar, cree que quienes se dedican a su actividad continuarán, pero hay que pensar que esta trabaja bajo el paraguas de las decisiones que toman las autoridades del país y todos los elementos trabajan entre sí, por lo que pensando en lo macro, queda una sensación de que se corta de manera complicada una opción para que fluya dentro del país el dinero y para provocar el interés externo en medio de un mundo convulsionado.

“Yo pregunto: ¿usted saldría de un lugar convulsionado para ir a otro lugar convulsionado? La respuesta es no”, apunta Estrada, quien añade que se pierden alternativas para que venga capital productivo, que es lo que necesita un país para dar trabajo a la gente en medio de la situación de inseguridad en la que está.

La Cámara de Industrias y Producción del Ecuador emitió un comunicado en el que indicó que “la atracción de inversión nacional y extranjera, así como la previsibilidad normativa y política son factores fundamentales para el desarrollo colectivo del Ecuador” y “es inaceptable” que el proyecto sea archivado porque contenía herramientas para la atracción y profundización de inversiones. (I)