Para el lojano Iván Ontaneda Berrú -nacido en Cariamanga-, el cacao es sinónimo de Ecuador. Cree en la transparencia de los negocios y que la palabra todavía cuenta en el mundo cacaotero al cual ingresó en 1998, cuando dejó el café y dio un giro de 180 grados. Aunque siempre, incluso de niño, llevó el comercio en su ADN -a los 9 años ganó sus primeras utilidades-, ahora que tiene 55 años este empresario, también amante de la música, el baile y los deportes de riesgos, no deja esa audacia y afina su “GPS” para nuevos negocios.

¿Cómo inició su camino como empresario?

Mis primeros caminos en el café fueron cuando tenía 10 años, en las bodegas de café de mi padre, compraba en Loja y el café venía a Guayaquil y se lo procesaba. Después empecé a estudiar, siempre tuve alma comercial, mi primer negocio fue de alquiler de revistas, me encantaba leer cómics de Batman, Superman, etc.

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¿Qué edad tenía y a quién le alquilaba?

Tenía 9 años. Le alquilaba a mis amigos. Mi papá me compraba las revistas en esta famosa librería que ya cerró en Guayaquil, Muñoz Hermanos; comparaba las revistas, las leía y quería más. No tenía menos de 100 revistas de deportes, de cómics, de variedades y ese era mi negocio. Las alquilaba a 20 o 50 centavos de sucre e hice mi primera alcancía que me permitió reinvertir en un negocio y también tener utilidades.

Cuando tenía 13 años daba clases de matemáticas y cobraba 5 sucres la hora, estos son mis inicios en los negocios. Es herencia de la familia, una familia de comercio, de emprendedores, de visionarios y de mucho trabajo; y siempre vi al frente mío cumplir negocios y cumplir palabras.

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¿Cuándo arrancó como empresario formalmente?

En 1991 empecé en Exportadora Ontaneda, una empresa familiar; y mi primer trabajo fue de pesador, era lo mínimo que podía hacer ahí y empecé a hacer mi transición de pesador a jefe de patio, me iba al puerto, no me gustaba mucho hacer esos trabajos, pero así me formaron, había que aprender todas las tareas. En el principio, como todo joven, quería sentarme en la gerencia, pero estas enseñanzas fueron fundamentales y después entendía por qué era importante. Me independicé en 1993 y formé mi empresa Ecocafé. En tres años, en 1996, ya estaba entre las tres empresas más grandes del país.

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El café pasó por una crisis tremenda en los 90.

El café ya venía de caída, muy difícil las producciones, las enfermedades, no hubo políticas públicas ni privadas, faltó pensar en el futuro. Siempre lo comenté, teniendo 25 años, a los exportadores de la época: el café es como una vaca, se la ordeña, pero si no la alimentas la vaca se nos muere, me quedaron viendo.

¿Cómo decidió cambiar el negocio al cacao?

Viajé en 1997 a Alemania a la empresa más grande de café del mundo, el presidente de la empresa me dijo: Iván, el negocio del café para Ecuador yo creo que ha muerto. Saliendo de esa oficina me fui a un café y tomé la decisión de hacer la transición al cacao. Fue la mejor decisión que tomé, terminé mi viaje, regresé a Ecuador y creé EcoKakao en 1998.

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¿El negocio del café murió?

Yo ví con lágrimas como se tumbaba el café, en Jipijapa, en Loja, porque no era negocio, era más caro pagarle a alguien para cosecharlo que lo que me iban a pagar por una lata de café. El cacao no, el cacao sigue siendo un negocio sostenible.

¿25 años después cómo está Ecokakao?

Tenemos protocolos y procesos de cualquier multinacional. Hemos hecho una nueva inversión en Los Ríos, es una de las plantas más modernas de Latinoamérica y es ecuatoriana; y son inversiones que se han hecho a pesar de la situación problemática, hicimos $ 4,5 millones de inversión.

Los sueños hay que acompañarlos con acción. En la vida uno tiene que ser serio y audaz, esa audacia positiva, la que te impulsa. Hay que tener también inteligencia, entender como está el país, poner sobre una balanza las cosas positivas y las negativas.

¿Cómo fue su experiencia como ministro?

Me costó muchísimo, porque cuando uno quiere ir hacia el norte hay gente que quiere ir al sur. Hay funcionarios públicos muy buenos y capaces, también hay funcionarios que están por un favor político y que no tienen el compromiso, no con un ministro, sino con el país. Empecé a cuidarme, a ver quién te metía el pie, fue complejo, pero a pesar de eso avanzamos muchísimo.

¿Qué fue lo positivo que sacó?

Tuve la oportunidad de no pensar en el metro cuadrado, de comodidad egoísta que a veces tenemos, sino que pude entender el país. Las decisiones que se tomaban eran en función del país, incluso muchas en contra de intereses de empresarios o de personas allegadas a mí, porque yo creé un compromiso con el país. No sé si las decisiones fueron malas o buenas, ya la historia lo va a juzgar.

¿Si le volvieran a plantear ser ministro aceptaría?

No, se puede apoyar al país de muchas formas y hoy estoy metido 100 % en los proyectos, en los negocios, creo que estoy generando también acá, genero empleo.

¿Qué viene para Ecokakao en el futuro?

Vamos a hacer una nueva inversión, una nueva planta ahora en Durán. Ecokakao para el 2025 va a ser una empresa 100 % sostenible y sustentable.

¿Si hablara con su yo de 8 años qué le diría?

Que siga soñando, nunca pares de soñar, cree en todo, sé amable con la gente, nunca te pelees en ningún negocio, a veces los negocios salen y a veces no salen.

¿Se ha peleado por algún negocio?

Me ha molestado gente que me incumplió, pero no he llegado a pelear.

¿Qué sueños tiene Iván Ontaneda?

Tengo dos sueños: uno es retirarme a mi casa de la playa y cocinar, pintar y surfear. Lo voy a hacer. Y el otro sueño es ser cantante de una banda de rock, que no lo descarto tampoco. (I)