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La prostitución se volcó a la web y se hizo más clandestina en Ecuador

Psicólogos hacen recomendaciones ante las facilidades de acceso a contenido pornográfico en internet, el que puede llegar sin control a menores de edad y los riesgos de adicción.

En 2020 fueron clausurados 185 locales clandestinos vinculados al negocio sexual, un 16 % más que en 2019. Foto: redaccion

Recién llegada a Guayaquil, nueva, rubia extravagante son algunos de los mensajes que aparecen en los perfiles de quienes promocionan sus servicios sexuales en sitios web de citas. El jueves de la semana pasada hubo 750 publicaciones de este tipo, cinco veces más de las que había en un día de enero del 2020, según los usuarios de estas páginas, justo antes de las restricciones por la pandemia que en Ecuador se dieron desde marzo último.

El negocio sexual se expandió en el ciberespacio, al igual que la prostitución clandestina en casas o bajo la fachada de otros negocios como cangrejales o restaurantes ante el cierre de los prostíbulos legales.

Se usa redes sociales como Twitter, WhatsApp y herramientas que existen desde 2016, pero ahora se han hecho populares en el país para promocionarse, vender pornografía y conectar con clientes. Con el acceso a internet aumenta el peligro de que los menores de edad vean estos perfiles en sitios digitales que no registramos para no ser el medio por el que lleguen a ese segmento.

El psicoterapeuta Jacques Delpi dice que lo más importante es generar una educación sexual y preventiva. “Cuando los padres descubren que sus hijos ven estos contenidos, la respuesta no es el castigo. Si al joven le explicas el poder adictivo de la pornografía y que esa no es la realidad, que la sexualidad es de otra forma, entonces habrá posibilidades de que el joven lo supere, pero si el padre lo castiga diciendo que es malo, pecado y tiene una actitud oscurantista de no explicar y de no orientar, este joven seguirá buscando en pornografía y drogas ese vacío de la falta de formación”.

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Es una guía válida cuando el joven pregunta sobre las chicas que se prostituyen en las calles. “La pandemia ha hecho que esta actividad se incremente y sea más notoria”, reconoce Delpi. Son escenas que requieren orientación.

Las chicas que ahora trabajan en los sitios clandestinos publican en sus estados de WhatsApp cuándo empieza la atención, como la semana pasada con mensajes como “Ya disponibles, amores”, más fotos de ellas. En este caso, solo sus clientes y los recomendados por ellos ven los contenidos como Roberto (nombre protegido), a quien un compañero de trabajo lo refirió.

Este Diario tuvo acceso a uno de estos lugares. Desde afuera se ve como una casa normal sin letreros.

El mensaje vía WhatsApp que corrobora que se trata de un cliente o conocido de las chicas permite la entrada.

Eran las 17:00 cuando a la sala-comedor de la casa acondicionada con cinco mesas y sillas a su alrededor llegó la primera mujer, una venezolana de 22 años, de cabellera negra lacia que además de ser mesera da el servicio sexual.

El sitio es uno de los 68 prostíbulos clandestinos clausurados el año pasado en Guayas, según la Gobernación de esta provincia, pero este año fue reabierto. “Hay lugares de Guayaquil donde el encierro fue más permisivo y proliferaron estos sitios clandestinos que tuvieron más demanda ya que los legales estaban cerrados”, dice Roberto, quien también busca chicas en la web.

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A la venezolana le siguieron esa tarde cinco mujeres más, que compartieron con los siete clientes que llegaron. Entre ellas estaba una que se dedica a la prostitución desde diciembre pasado luego de que cerró un negocio en el que trabajaba. Es el caso de otra mujer que fue despedida de una concesionaria de autos el año pasado y ahora ofrece servicios sexuales en la calle Salinas, conocido como la 18, el barrio de tolerancia tradicional del suroeste de Guayaquil.

El Ministerio de Gobierno informa que durante el 2019 se clausuraron 159 locales relacionados con la actividad sexual a nivel nacional y en el 2020 el número fue de 185, un incremento del 16% pese que el año pasado se hicieron 3.268 operativos y en el 2019 hubo más con 5.367 intervenciones.

La entidad indica que el año pasado se hicieron menos controles debido al cierre de este tipo de establecimientos por la emergencia sanitaria.

Hay esquinas de Guayaquil que hoy evidencian prostitución en horas de la mañana y tarde, situación que antes de la pandemia no se daba como en la vía a Daule, al salir de Florida Norte, o en el centro a lo largo de las calles Esmeraldas, Los Ríos y Clemente Ballén, según los habitantes de estas zonas.

El cuerpo voluptuoso de Maritza, de 19 años, asoma debajo de una sombrilla en la vía a Daule justo a la altura del ingreso a los burdeles, en esta zona industrial en la que hay también casas, que hoy están cerrados. “Perdí mi empleo”, cuenta sin querer hablar más.

Una cuadra más adelante está quien se hace llamar Yuribeth. Ella trabajaba en los burdeles cerrados y ahora espera a sus clientes en la calle. “Hay que comer; no tenía dinero guardado, por lo que durante la pandemia tuve que salir”, manifiesta. El problema lo tienen las chicas cuyos familiares no saben que se dedican a la prostitución y temen pararse en una esquina.

Al trabajo sexual en la calle se suma el de la web con las plataformas digitales en las que se gana dinero a cambio de mostrar actividad sexual por cámara. Hay perfiles de Instagram que ofrecen servicios a quienes se dedican a esta actividad, incluidos ecuatorianos. Incluso hay sitios acondicionados en Colombia para hacer estas transmisiones, conocidos como estudios.

La Gobernación del Guayas ejecuta operativos para clausurar prostíbulos clandestinos en la provincia. Foto: Cortesía de la Gobernación del Guayas

George, un escort gay ecuatoriano de 23 años de edad, maneja perfiles en estas páginas y ha estado en Medellín en estos estudios. Con la pandemia se centró en mostrar la actividad sexual a través de webcam en las plataformas.

Las transmisiones pueden hacerse desde donde se encuentren, incluso desde la casa de los que tienen los perfiles luego de que ya son seleccionados tras enviar sus imágenes junto con las fotos de sus cédulas y pasaportes para corroborar que son mayores de edad. Los internautas acceden a estos contenidos en tiempo real pagando con tarjetas de crédito un tiempo determinado.

Los estudios cancelan al modelo webcam entre el 60 % y el 80 % del total que recaude. El resto es el costo del servicio por usar las instalaciones. “En estas plataformas se pueden bloquear los países para que, por ejemplo, no puedan ver las personas que están desde Ecuador”, afirma George.

La ganancia depende del número de personas que paguen por ver las sesiones en vivo.

Elena Reynaga, secretaria ejecutiva y fundadora de la RedTraSex que aglutina en la región a varias organizaciones que defienden los derechos de las trabajadoras sexuales, afirma que se piensa que en internet todo es más seguro, pero hay vulnerabilidades. “Ciertas plataformas cobran hasta el 40 % de lo que genera una compañera. Esto es proxenetismo virtual”, dice la dirigente.

Estos contenidos tienen implicaciones psicológicas. La especialista en esta rama Mariel Pazmiño explica que mientras haya demanda pues existirá esta esta oferta. “En internet hay muchos aspectos que afectan a los menores, no se puede dejar de hablar de esto y la clave es la educación. Los hombres y las mujeres tienen derecho a vivir su sexualidad”, dice e insiste en la educación.

El trabajo sexual en la web deja rastros

El problema del trabajo sexual en la región es que no hay políticas directas que velen por los derechos de las personas que se dedican a la prostitución, dice Reynaga.

“No hubo un solo Gobierno en América Latina y el Caribe que haya tenido algún gesto con una política pública dirigida a las trabajadoras sexuales durante la pandemia, se olvidaron prácticamente sin tomar en cuenta que ellas son jefas de sus hogares y los mantienen”.

Una de las acciones de RedTraSex en la región fue crear cuentas bancarias a algunas de las trabajadoras sexuales, al igual que dar capacitación para que se apropien de las nuevas tecnologías que amplían el espectro laboral, afirma Reynaga.

Por lo general, el trabajo en la web no está regulado, agrega, entonces se dan aprovechamientos como usar sus videos sexuales para extorsionarlas.

“En Argentina hacemos seguimiento de cuatro casos. Ellas tienen otros trabajos aparte de la actividad de índole sexual que realizan en la web, entonces al tener estas plataformas locales sus videos intentaron chantajearlas amenazándolas con revelar su verdadera identidad. En internet también hay peligros”, asegura. (I)

Redacción
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