Sarayaku, es una comunidad kichwa sembrada en medio de la selva amazónica, en los lindes del río Bobonaza, en la provincia de Pastaza. Ahí, viven 380 familias, 1 380 habitantes, según el último censo interno.

Ese día, el 17 de marzo, llovió duro desde las 02:00 de la madrugada. Amaneció y seguía lloviendo. La gente, por las radios Motorola que tenemos, empezó a decir que ha llovido fuerte por la cabecera del Bobonaza. Siempre estamos atentos sobre el caudal del río, dice José Miguel Santi, dirigente de Comunicación de Sarayaku.

Hasta ese día, el pueblo todavía estaba libre del coronavirus. Pero, habían realizado la última minga general para prepararse para la pandemia.

La lluvia no cesaba. Antes de las 10:00 llegó la noticia: los ríos estaban creciendo. El Sarakillu, se inundó primero, es un río más pequeño que el Bobonaza, pero, muchas familias viven en sus orillas. En la radio Motorola se escuchaba que la corriente se había llevado casas y chacras.

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Los jóvenes liderados por el Grupo WIO que conforman la seguridad del pueblo, salieron en su auxilio, unos en canoa por el río y otros, a pie por los caminos comunitarios.

Mientras estábamos en Sarakillu, llegó la noticia de que el Bobonaza estaba inundando el pueblo de Sarayaku. El Consejo de Gobierno se había concentrado en la plaza y había convocado al equipo de Seguridad, pero éste estaba ayudando en Sarakillu. El grupo tuvo que dividirse.

Cuando regresamos a Sarayaku, el puente sobre el Bobonaza estaba virado, parecía que los cimientos se estaban arrancando. Ya no valía, dice José Santi.

Fue muy triste. Algunas casas flotaban y se iban sobre el agua. Los gritos de la gente se escuchaban en todos lados. No queríamos pérdidas humanas, por eso nos esforzamos tanto. Cuando escuchábamos los gritos, corríamos despavoridos a ayudar. Al final, nadie murió, dice José Santi con su voz algo quebrada desde el otro lado de la línea telefónica.

Se perdieron 33 casas, criaderos avícolas, piscinas de cachama, bocachico y tábano. Escuelas, aulas, archivos, salas de visitas, de conferencias, de tamboreo, de baile, que son parte de su cultura. Todas las chacras que estaban cerca de las orillas de los ríos: plataneras, yucales, maizales. Los caminos intercomunitarios y siete puentes peatonales también se perdieron.

A las seis de la tarde nos paramos. El caudal había bajado un poco. Estábamos pendientes porque cuando hay crecidas, baja un poco y después crece de nuevo, explica Santi.

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“Es un fenómeno que nunca hemos enfrentado, después de más de 100 años, vivir esta catástrofe es algo increíble”, dice José Gualinga, expresidente de Sarayaku.

El Bobonaza es el único río que conecta a este pueblo con las comunidades vecinas y con la ciudad de Puyo, de él se obtiene buena parte de la dieta diaria para la alimentación. Esta vez ha sido su verdugo, pero, cuando su caudal baje, seguirá siendo lo que siempre ha sido, su aliado.

Esa noche, nadie durmió por temor a una nueva inundación. Al día siguiente, fuimos a las comunidades. Unas familias lloraban en el patio viendo sus casas caídas. Otras, paradas en el lodo, contaban llorando como se fueron sus casas en la corriente. Otras, estaban en sus chacras, en sus huertos, con lágrimas, viendo que se quedaron sin alimento. Era triste ver lo que había pasado, era difícil caminar, uno mismo podía desaparecer en el lodo, cuenta Santi.

Después de verificar los daños en todo el territorio, la gente empezó con mingas familiares para darse la mano entre todos y construir nuevas casas.

Coronavirus llega a Sarayaku

Sarayaku, es un pueblo originario de la selva amazónica. 63 kilómetros de vegetación primaria lo separan de Puyo, la ciudad más próxima. No existen carreteras. Se puede ingresar navegando cinco horas por el Bobonaza o volando en avioneta, unos 40 minutos, si hay dinero y si el clima lo permite. Sin embargo, el coronavirus llegó.

La inundación de los ríos Bobonaza, Sarakillu y Rotuno no fue lo único que azotó al pueblo de Sarayaku, la pandemia Covid-19 también los alcanzó. Quince días después, cuando las familias empezaban a restablecer sus casas, aparecieron los síntomas. La comunidad los asoció con gripe común y recurrieron a la medicina ancestral que tienen en abundancia. Tomaban pócimas de hierbas medicinales.

Hay dos subcentros, uno del Ministerio de Salud y, otro, del Seguro Social Campesino, pero ninguno puede hacer pruebas.

El tiempo transcurría y los síntomas no desaparecían, entonces, el Consejo de Gobierno gestionó pruebas de coronavirus para su pueblo. El jueves 11 de junio, un equipo del Ministerio de Salud del Distrito de Pastaza, llegó a Sarayaku, hizo 90 pruebas rápidas y 3, PCR. El resultado arrojó 25 casos positivos.

Nos dimos cuenta de que hemos estado contagiados desde hace dos meses, dice Túpac Viteri, presidente de Sarayaku.

Sospechamos que el contagio se dio porque muchas familias salieron a la ciudad a cobrar el Bono de Desarrollo Humano, porque el MIES no ha venido a entregar a las familias en territorio, dice el presidente.

Medidas adoptadas para enfrentar la pandemia Covid-19:

  • Gestionamos y entregamos mascarillas para que usen en la minga, porque la minga es nuestra forma de solidaridad y convivencia efectiva.
  • Desarrollamos una guía técnica para las escuelas y para las familias.
  • Fumigamos locales donde hay reuniones.
  • Dotamos de alcohol.
  • Dispusimos distanciamiento.
  • Recomendamos el uso de medicina ancestral.

No ha habido ninguna medida de contingencia por parte del Ministerio de Salud. Quiero decir, en concreto, que hay total abandono por parte de las autoridades, dice el presidente.

“Gracias al trabajo conjunto de organizaciones sociales, academia y cooperación nacional e internacional se ha podido realizar un monitoreo sobre la expansión de la pandemia en la Amazonía, se conoce que la enfermedad se encuentra presente en todas las provincias Amazónicas, siendo Pastaza la provincia más afectada, con unos 385 casos confirmados…, dice en un comunicado la Fundación Pachamama.

Acciones del nuevo Consejo de Gobierno:

El nuevo Consejo de Gobierno del Pueblo Originario Kichwa de Sarayaku se posesionó el 31 de mayo del 2020, en plena pandemia Covid-19. Su presidente, Raúl Túpac Amaru Viteri Gualinga, anunció las primeras acciones para cumplir con el mandato sagrado del pueblo:

Manifestamos nuestro rechazo a toda política extractivista desde el gobierno nacional. Nos vamos a mantener en máxima alerta y vigilancia para precautelar el derecho e integridad de nuestro pueblo en territorio, dice el presidente en una entrevista.

Después de las inundaciones, con un equipo de jóvenes de nuestro pueblo conseguimos recursos para dotar de kits alimenticios, medicinas y materiales de construcción, no solo en Sarayaku, sino en todas las comunidades afectadas: Pacayacu, Molinos, Teresa Mama y la parroquia Montalvo, cuenta el presidente.

Tres días después de la inundación, vino la Secretaría de Gestión de Riesgos a entregar unos colchones. Las familias estábamos restableciendo nuestras vidas, haciendo unos ranchitos para poder dormir, pero desde que dejaron los colchones, no hemos tenido más visitas de ninguna autoridad, concluye el presidente.