El área es inundable y peligrosa durante las mareas altas. Los científicos debieron ajustar sus horarios de investigación a las mareas bajas. Sin embargo, el esfuerzo valió la pena. En el yacimiento de Montañita-Olón, en Santa Elena, los investigadores pudieron describir 27 taxones de peces elasmobranquios que vivieron hace 23 millones de años en esa zona (grupo que incluye tiburones y rayas).

Diecinueve taxones son nuevos para Ecuador, 10 son nuevos para la parte central del Pacífico Oriental y 4 no habían sido descritos en América del Sur. El descubrimiento representa la comunidad más diversa de peces elasmobranquios del límite Oligoceno-Mioceno de toda América tropical.

El estudio, además, reconstruyó, en parte, el paleoambiente en el que vivieron estos animales en un período de transición entre dos épocas geológicas muy poco conocidas en el continente americano.

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“Durante mi beca Prometeo (otorgada por Senescyt) un estudiante... (Jonathan Molina) de la Universidad Estatal Península de Santa Elena (UPSE) me envió unas fotografías de unos posibles restos fósiles (en la zona). El 21 de mayo de 2015 se concretó una reunión con los responsables de la comuna para poder acceder al lugar y que estuviesen enterados de las actividades científicas que se iban a realizar”, dice Juan Abella, investigador del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont e investigador asociado del Instituto Nacional de Biodiversidad de Ecuador (Inabio), quien participó en el estudio.

Este trabajo fue planificado con el Instituto de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico de la UPSE y la Senescyt. Una vez encontrados los restos, según Abella, se comunicó al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural y se pidió un permiso de excavación para poder trabajar dentro del marco legal ecuatoriano.

Posteriormente, con un proyecto de financiación de UPSE, se pudo invitar al investigador especialista de la Universidad de Zúrich (Suiza) Jorge Carrillo Briceño durante los últimos meses de 2017 para que participara del estudio.

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“Desde la visita (de Carrillo) hasta que enviamos la publicación pasaron unos dos años. Luego, varios meses de revisiones y ajustes, hasta que salió la publicación. Así que se puede ver que los resultados no son nunca inmediatos, pero si se invierte en investigación Ecuador puede aparecer en el mapa mundial en hallazgos paleontológicos”, señala Abella.

La zona donde fueron encontrados los vestigios tiene gran potencial de albergar restos de más especies, afirma el especialista. De hecho, se han encontrado restos de una especie de delfín y de una tortuga marina que también fueron publicados en revistas científicas.

“Dado que en Ecuador apenas se han realizado estudios paleontológicos de este tipo, hemos podido tener una imagen muy buena de las especies que habitaron esta región durante el límite Oligoceno-Mioceno, hace aproximadamente unos 23 millones de años”, afirma Abella.

En el último hallazgo, las cuatro especies que nunca habían sido descritas para Sudamérica son: Paraechinorhinus cf. P. barnesi, Otodus (Carcharocles) cf. O. angustidens, Alopias cf. A. exigua y Alopias latidens. El Otodus (Carcharocles) cf. O. angustidens sería un ancestro del tiburón gigante megalodón (Otodus megalodon).

Todavía los investigadores están trabajando en reconstruir completamente el ambiente en el cual vivieron estos especímenes, pero como en esa época no había humanos, se presume que fue una plataforma continental cercana a la zona de subducción y por tanto muy activa en terremotos y en volcanismo. Incluso, parte de la roca en la que se hallaron las especies tiene un origen volcánico.

La fauna era muy diversa, desde cetáceos primitivos (ballenas y delfines), varios tipos de tortugas marinas, peces óseos y tiburones, así como muchísimos moluscos (conchas, caracoles) de los que destaca un pariente de los nautilus.

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“A partir de esta publicación he estado en contacto con un investigador que opina que esta zona pudo tener un fondo con emisiones frías de metano, pero esto está en estudio todavía”, añade Abella.

El trabajo científico concluye que más del 70 % de las especies descubiertas vivían en un rango de entre 100 y 200 metros que correspondería a la parte profunda de la plataforma continental. (I)