El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial ha disparado el consumo de electricidad y agua a niveles inéditos. Según la Agencia Internacional de la Energía, los centros de datos podrían duplicar su gasto energético antes de 2030, impulsados por el entrenamiento de modelos como ChatGPT, Gemini o Claude. Ante este panorama, Google propone una solución fuera de este mundo: enviar sus chips de IA al espacio.