Ajustar el volumen del televisor puede parecer una decisión puramente práctica, pero para muchas personas no lo es tanto. Hay quienes no soportan dejarlo en 13, 17 o cualquier cifra impar y sienten la necesidad casi automática de moverlo hasta un número par, incluso si el sonido ya es adecuado.

La psicología ofrece una explicación para este comportamiento. Un estudio elaborado por Global English Editing señala que la preferencia por los números pares está asociada a sensaciones de orden, equilibrio y estabilidad.

En términos simbólicos, los pares transmiten la idea de algo completo y armonioso, mientras que los impares suelen percibirse como inacabados.

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Según el análisis, elegir un volumen terminado en número par no responde solo a una cuestión estética. Para muchas personas representa una forma de “cerrar” correctamente la acción.

Los números pares pueden dividirse en partes iguales, lo que refuerza la sensación de control, a diferencia de los impares, que quedan mentalmente “abiertos” y generan incomodidad.

Este hábito también se vincula con la necesidad de supervisar y controlar el entorno. Una vez que el cerebro se acostumbra a fijar el volumen en cifras pares, la conducta se vuelve rutinaria y difícil de modificar.

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¿Cuál es el volumen recomendado para no dañar el oído?

Más allá de las preferencias personales, el nivel de sonido tiene efectos directos en la salud auditiva.

Especialistas en otorrinolaringología recomiendan mantener el volumen de la televisión entre los 50 y 60 decibeles (dB), un nivel comparable al de una conversación normal.

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Exponerse de forma prolongada a sonidos superiores a los 70 dB puede afectar el oído interno y aumentar el riesgo de pérdida auditiva progresiva.

Por ello, se aconseja ajustar el volumen de modo que los diálogos se escuchen con claridad sin necesidad de subirlo en exceso durante escenas intensas.

Además, un sonido demasiado bajo que obligue a acercarse a la pantalla puede provocar fatiga visual. Mantener un volumen equilibrado no solo cuida la audición, sino que también mejora la convivencia en el hogar y evita molestias a otras personas. (I)