El navegante portugués al servicio de España, capitaneando su intrépida expedición, se dio cuenta de que había dado la vuelta al mundo cuando su esclavo e intérprete malayo Enrique reconoció el dialecto que hablaban los salvajes del archipiélago de las Filipinas, al que había arribado al cabo de año y medio de travesía. Tres décadas después del descubrimiento de América, cumplía el sueño de Colón de arribar al Lejano Oriente siguiendo la ruta hacia el oeste.

El destino había reservado tal gloria al tenaz luso, que había tenido que superar infinidad de obstáculos para ratificar la teoría de la cosmografía del siglo XV sobre la esfericidad de la Tierra y, más aún, para fijar por primera vez sus verdaderas dimensiones (que estaban subestimadas).

Fernando de Magallanes (1480-1521) nació en Portugal en una época en que el reino peninsular estaba volcado a la exploración de las costas de África en el afán de llegar por su extremo al océano Índico, a fin de navegar hacia la India y las islas de las Especias, conocidas como Molucas, actual archipiélago de Indonesia.

El consumo de las especias, como pimienta, jengibre, canela y nuez moscada, estaba de moda para sazonar las viandas de la mesa europea, insuflándole al arte culinario de época una espiritualidad que olvidaba los monótonos sabores de antaño. Otros productos, como opio, resinas, alcanfor y quina, eran indispensables para la farmacopea, al tiempo que el incienso lo era para los oficios de misa. Eran tan preciados estos bienes de lejanía que se pesaban en balanzas de orfebres o boticarios para cuidar el valor de cada gramo. Pero el conflicto político-religioso del cristianismo con el islam había escalado y, viéndose afectado el comercio, se habían encarecido en exceso.

Publicidad

Retrato de Fernando de Magallanes. Óleo sobre lienzo (72 x 61 cm), Anónimo. Tomado de Wikipedia. Foto: El Universo

Con el fin de abrir una ruta naviera permanente y segura, el portugués Bartolomé Díaz alcanzó el cabo de Buena Esperanza en la punta surafricana en 1484, mientras que la llegada de Vasco da Gama a Calcuta (India) tendría lugar en 1498. La estrategia era descubrir, luego comerciar y posteriormente establecer enclaves de dominio militar. Magallanes participó como oficial de la primera armada que en 1505 fue destinada con dicho objetivo y que cuatro años después ocuparía Malaca (Singapur), que era el estrecho de Gibraltar de Oriente y la meca del tráfico de las especerías.

Después de siete años, regresaría a Lisboa sin otro patrimonio que su esclavo Enrique y el orgullo de haber servido a su rey, de lo cual daba testimonio su humanidad de piel atezada, barbuda y achaparrada, con tres heridas, una de las cuales lo había dejado cojo de por vida. Y, junto con ello, su secreta ambición de navegar a las Molucas por occidente, encontrando un paso por los confines sudamericanos.

Búsqueda de apoyo

Se presentó ante su soberano, Manuel el Afortunado, para intentar exponerle su proyecto, pero no le tenía buena predisposición al hidalgo de carácter áspero y obcecado desde que le había exigido un incremento de su pensión militar. Enojado por tal indiferencia, le pidió permiso para prestar servicios a una corona extranjera, pero aquel no se molestó en responderle.

Sintiéndose en libertad de obrar, se estableció en Sevilla en 1517, convirtiendo en valedor a un compatriota, Diego Barbosa, que luego sería su suegro, quien le facilitó las conexiones de capitalistas con capacidad de invertir en la empresa, a la vez que con el obispo Fonseca de Burgos (paradójicamente, enemigo acérrimo de Colón), quien facilitó el acceso a la corte española para conseguir el beneplácito del joven Carlos I, de apenas 18 años.

Publicidad

Los preparativos de un viaje rumbo a lo desconocido suponen la provisión de repuestos para la flota en caso de roturas de mástiles, costillares, quilla, jarcias y velamen, así como artículos que sirvan para el trueque con los nativos, en que destacan espejos, lentejuelas, campanas, cuchillos y hachas. La flota, compuesta por cinco barcos y con una tripulación de 265 hombres, dispone de 58 cañones, 3 falconetes largos y 3 morteros pesados como poder de fuego. En sus bodegas cargan provisiones para dos años.

El recorrido

Parte de Sevilla el 10 de agosto de 1519 rumbo a las islas Canarias y después a Brasil, donde arriba a la exuberante y portentosa bahía de Río de Janeiro, para luego enfilar hacia el sur, divisando el otero que llamaron Montevidi o ‘monte visto’, después Montevideo, cuando llega al estuario del Río de la Plata el 10 de enero de 1520. Según el mapa del que disponía, era presuntamente el paso al mar del Sur, pero luego de explorarlo durante tres semanas concluye que el empeño es inútil y ordena continuar en dirección a la mítica Antártida.

Plano moderno que detalla el viaje de Magallanes y Elcano alrededor del mundo. Imagen: Shutterstock. Foto: El Universo

Desembarca para invernar en el puerto San Julián el 31 de marzo, donde se produce un motín de los capitanes españoles, que deseaban regresar, hartos de las privaciones e incertidumbre que suponía continuar el azaroso viaje. Con dificultad logra neutralizarlo ejecutando a uno de los sublevados. Durante la interminable espera, con cielos nublados y clima glacial, aparece en una colina un indígena gigante, que era parte de una tribu, a quien consiguen engrillar con engaños; lo bautizarían como “pies grandes” (patagao), haciendo constar en su cartografía el nombre de Patagonia como propio de la región. Entretanto, en una avanzada de exploración naufraga la Santiago, una de sus naves.

Finalmente, el 21 de octubre descubren la entrada del estrecho de Magallanes, empezando a cruzar con cuidado sus intrincados canales y fiordos, que se extienden por 565 kilómetros. No hay habitantes a la vista, pero durante las noches observan fogatas, que dan cuenta de un pueblo primitivo que no sabe cómo prender el fuego, de modo que tienen que esforzarse por preservarlo; la denominan, por lógica, Tierra del Fuego. Mientras exploran ese laberinto de bahías y calas desaparece el San Antonio, que acertadamente presumen ha desertado de la escuadra.

Publicidad

La meta cumplida

Al encontrar la bocana que se abre ante el mar del Sur, no cabe su desbordante júbilo. Están cortos de agua y víveres; pero, llenos de emoción por su descubrimiento, deciden que han llegado demasiado lejos para dar marcha atrás. El 28 de noviembre iniciarán una interminable travesía por el mayor océano del mundo, que rebautizarán como Pacífico por la tranquilidad de su oleaje.

Mientras se alarga la interminable singladura, a diario se bota, al menos, un cadáver por la borda, de los débiles y enfermos que no soportan el racionamiento de la comida. Al cabo de 119 días arriban al fin a las islas Marianas, donde pueden descansar y reponerse de la fatiga, para continuar luego hasta las Filipinas, donde se completó la histórica circunnavegación del globo.

Sabiendo Magallanes que no disponía de los efectivos para conquistar el archipiélago, decidió pactar una alianza con el rey de la isla mayor de Cebú para someter a tantos otros. Y en una refriega para subyugar al vecino de Mactán, terminó alanceado y muerto. Su cadáver jamás pudo ser recuperado.

Después de insufribles penalidades, su sucesor al mando, el vasco Sebastián Elcano, consiguió llevar de vuelta a Sevilla una única nave, la Victoria, que arribó a puerto después de tres años, el 8 de septiembre de 1521, con apenas 19 marinos de aspecto espectral que consiguieron, como el legendario Ulises, culminar su odisea. (I)