Años de mi vida se titulan las páginas encuadernadas que mis padres me obsequiaron a mí y a mis hermanos para el 80 cumpleaños de mi padre.

Ya de niña me gustaba escuchar muchas de esas historias una y otra vez. Ahora, además, puedo hurgar en ellas, contárselas a mis hijos y, quizá en algún momento, a mis propios nietos. ¡Un hermoso regalo!

“La historia de los padres es importante para poder comprender la propia historia”, está convencida mi madre. Mis padres decidieron escribir su historia sobre todo para sus hijos y sus nietos.

Para ello, se tomaron aproximadamente un año de tiempo y cuentan que, finalmente, ellos también se beneficiaron. “Fue una toma de conciencia de aquello que viví”, afirma mi padre. Y también pudo comprender más profundamente la vida de su mujer. “Eso fue muy valioso para mí”, acota.

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Una computadora o un sencillo cuaderno pueden ser las herramientas para este ejercicio. Foto: Markus Scholz/DPA. Foto: Markus Scholz

Encontrar el hilo de la propia vida

Plasmar la propia vida en el papel puede tener un efecto terapéutico, sostiene Reinhard Lindner, profesor de terapia social en la Universidad de Kassel.

Como psicoterapeuta y psiquiatra, trabaja sobre todo con personas mayores. “Es una posibilidad de volver a ordenar todavía la propia vida o de encontrar el hilo de la historia. O, si se lo ha encontrado, de volver a describirlo muy claramente”.

El experto asegura que ahondar en uno mismo es esencialmente positivo. “Uno recibe una perspectiva más clara de uno mismo. Pero si durante este proceso surgen recuerdos, por así decir, del sótano y se sufre mucho por ello, entonces debería buscarse ayuda”, recomienda Lindner.

Asimismo, las conversaciones pueden ser vía de escape de una posible soledad de la escritura biográfica.

Al principio hay que recopilar material

Además, las instrucciones prácticas son de gran utilidad. Por ejemplo, Hanne Landbeck ofrece cursos en Schreibwerk Berlin (en alemán). Ella lo denomina “el experimento autobiográfico”. Principalmente acuden a sus talleres mujeres de entre 40 y 80 años.

Ella recomienda comenzar haciendo una lista de puntos sobre acontecimientos que aún nos rondan. Para ello, hay que reunir todo el material posible, ya sean fotos, cartas u otro tipo de objetos.

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Landbeck otorga gran importancia a las impresiones sensoriales. “¿Cómo olía entonces, cómo era la voz del hombre del que me enamoré, cómo se veía el cuarto en el que estábamos sentados?”.

Durante su curso, la experta en medios y literatura les recomienda en primer lugar a los participantes que escriban sobre ellos mismos en tercera persona, en lugar de la primera.

“Posteriormente esto puede modificarse, pero para poder mantener la distancia con uno mismo y posiblemente con el propio sufrimiento, es bueno el recurso de la distancia”, señala.

Y, para no perderse durante la escritura de los recuerdos, cobra relevancia la estructura: “Uno puede estructurar temáticamente o por lugar, o incluso por épocas con determinados compañeros o compañeras”.

La meta del taller es generar un manuscrito de aproximadamente entre 60 y 80 páginas, repleto de recuerdos de vida. Sin embargo, su experiencia es que “los menos lo terminan completamente”.

Entenderse mejor a sí mismo es entender mejor a los demás

De todas maneras, finalmente resulta una experiencia dichosa para muchos de los participantes. “Posteriormente se entienden mejor ellos mismos, al igual que a sus padres o su pareja”, indica.

“Consigues una visión más amplia y también más magnánima hacia ti mismo y hacia los demás”. Y quien tenga dificultades para plasmar con sus propios recursos los recuerdos sobre el papel, puede comenzar narrándolos.

“Uno puede dictar en la computadora o en el teléfono móvil”, propone Landbeck. O bien, sugiere, se relata ese episodio en la memoria a un amigo y este lo graba.

Biografías escritas por profesionales, otra alternativa

Pero también autores profesionales ofrecen sus servicios para escribir biografías. Esta puede representar una solución para personas mayores que se proponen transmitirles a sus hijos momentos de su vida, pero ya no cuentan con la energía para hacerlo.

Sea cual fuere la forma en que uno acabe plasmando sus memorias en el papel, según Reinhard Lindner, hay algo que es seguro: “Siempre es difícil de volcar en el papel lo que realmente ocurrió”.

“En el curso de la vida irá sufriendo diversas reescrituras. Una biografía no es el relato exacto en un cien por ciento de lo que fue”. El terapeuta explica que esto también reduce las propias exigencias para narrar de manera realista. “Puede ser un alivio si se sabe esto desde un comienzo”, añade.