Joe Metheny parecía un hombre común de la ciudad de Baltimore, Maryland, hijo de padres trabajadores con sueldos mínimos y actividades normales, una esposa y trabajo estable. Pero este estadounidense ocultaba un escalofriante secreto.

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El problema que atormentaba su vida y que detonó una serie de crímenes fue el uso de drogas, del que también su esposa fue víctima. El uso de dichas sustancias hizo que su mujer lo abandonara, llevándose a su hijo de seis años. Y no supo de su paradero hasta seis meses después.

Metheny descubrió que su familia estaba viviendo con la persona que le proveía drogas y, tiempo después, las autoridades pusieron en adopción al niño bajo el cargo de negligencia y abuso infantil. Atormentado, Joe culpó a su exmujer de perder al menor y perdió los estribos.

Joe Metheny, imagen tomada del medio El Confidencial.

Bajo ese contexto, el hombre buscó venganza en la muerte de un grupo de personas que frecuentaba su expareja. Las primeras víctimas fueron dos dealers en situación de calle: en un ataque de furia, los asesinó debajo de un puente y escondió sus cuerpos.

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La siguiente persona en ser asesinada por el hombre fue una prostituta adicta al crack, la misma sustancia que consumía la madre de su hijo, quien luego de perder la custodia estaba desaparecida. Buscando información, en vano, sobre ella, la violó y luego la asesinó, cortándola en pedazos. Así, el criminal serial desató una ola de crímenes a mujeres en situaciones deplorables, especialmente prostitutas, a las que él contactaba, citaba en su casa, luego abusaba de ellas y finalmente las mataba.

Pero ahora hacía algo incluso peor con sus cuerpos inertes: Joe Metheny decidió mezclar la carne de sus víctimas con carne de cerdo e hizo unas hamburguesas que luego comenzó a vender en un puesto callejero y, según sus declaraciones, él comió de esa carne, como si se tratase de cualquier otro animal, en más de una ocasión.

Imagen de un puesto ambulante de hamburguesas tomada de Pexels.

Según recoge el portal El Clarín, la última víctima fue secuestrada el 8 de diciembre de 1996. Se trataba de Rita Kemper, quien consiguió escapar un momento antes de que el criminal intentara violarla e hizo la denuncia. Rápidamente los policías llegaron al remolque donde Joe vivía y lo arrestaron. No le quedo más que confesar.

Su versión fue confesar cada uno de sus atroces crímenes y aseguró que había matado al menos a una decena de personas. Y su abogado aseguró que la culpa de su comportamiento se debía al uso abusivo de las drogas y bebidas alcohólicas. Pese a su confesión, muchos de sus crímenes no pudieron ser comprobados, como el de Randall Brewer y Randy Piker; ambas eran personas sin hogar. Sin embargo, fue condenado a doble perpetua por los homicidios de Cathy Ann Magaziner y Kathy Spicer, dos de sus tantas víctimas.

La Policía afirmó que Joe había elegido a jóvenes trabajadoras sexuales blancas adictas a la heroína y la cocaína como sus principales víctimas. (I)