La educación de un perro empieza desde el día uno, en cuanto llega a la casa. Dejar pasar unas semanas mientras es cachorro sería ignorar la velocidad a la que ellos crecen y aprenden los comportamientos que son aceptados por la familia.

En primer lugar, un perrito de pocos días o semanas ya está aprendiendo de todo lo que pasa en su día a día. No se le puede exigir todavía que sepa qué hacer, pero los dueños ya deben tener claro todo lo que le permitirán hacer el resto de su vida y las conductas que no le dejarán pasar.

Foto: Shutterstock

Hay aspectos fundamentales en el entrenamiento, dice la entrenadora canina Romina Miraglia. Uno de ellos es actuar a tiempo, tanto en el buen comportamiento como el malo. “Los perros tienen 1,2 segundos para asociar causa y efecto. Con un cachorro que llega a la casa, en vez de darle libertad y dejarlo hacer y deshacer como él quiera porque es bebé, hay que quitarle libertad y darle toda la supervisión necesaria. Con actuar en el acto me refiero no solamente a interrumpir comportamientos que no queremos, sino también para guiarlos y premiarlos por comportamientos correctos”.

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No se confíe si su cachorro no escapa aunque deje la puerta abierta. Ahora es pequeño y dependiente, y será así durante los próximos tres o cuatro meses. No significa que su perro ya está educado. Al sexto mes, cuando entre a la adolescencia y empiece a actuar con mayor independencia, descubrirá la puerta y la calle, y habrá problemas.

¿Qué hacer? “Desde el primer día en que abrimos la puerta y el cachorro no se escapa, le comunicaremos lo bien que lo está haciendo. Es importante no dejar pasar las cosas buenas y premiarlo en ese momento.

El segundo principio es la constancia, tener reglas claras y hacer que se cumplan, explica Miraglia. “Un ejemplo de esto es subirse a los muebles. Cada persona pone sus reglas en su casa, pero sean constantes. Si quieren que suba, perfecto, pero si no quieren que suba, no deben permitirlo nunca. Con los perros no hay reglas a medias, no hay grises, tiene que ser blanco o negro, para que ellos entiendan. Si hoy lo dejo subir a la cama porque está recién bañado, pero mañana que esté sucio, yo lo reto, él no entenderá por qué ayer sí y hoy no”.

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Y también está el elemento de la comunicación, aquello que ocurre después de las acciones buenas o malas del perro. Premio o castigo inmediatos.

¿Cómo castigar a un perrito de manera que aprenda?

El castigo para su perro no tiene que ir más allá de un no firme, una palmada, dar con un zapato en el piso, un jalón de la correa o algo que lo interrumpa inmediatamente y lo asuste para que se dé cuenta de que cada vez que hace esto, tiene una consecuencia que no le gusta.

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Los premios dependen de aquello que motiva al perro. Para algunos serán las galletitas, para otros serán las caricias, otros sentirán aprobación a través del juego o de un juguete favorito. “Cuando premiamos un comportamiento, el perro lo repite con frecuencia”.

¿Se puede educar a un perro adulto que llega por primera vez a la casa? Sí, asegura Miraglia, y si bien es posible, también es algo diferente. “Un perro grande ya tiene información grabada. Tomará un poco más de tiempo y constancia trabajar para hacer un cambio. Pero, por otro lado, un perro mayor se enfoca mejor, tiene más atención, puedo tenerlo en modo aprendizaje durante más tiempo. Tiene un temperamento ya formado y más momentos de calma”.

Uno de los aprendizajes es la tolerancia a las personas y a otros animales. La razón por la que un perro no tolera a determinadas personas es probablemente porque las asocia con experiencias negativas (aunque no las haya visto antes). ¿Cómo enseñarle que no tiene por qué ponerse nervioso? Demuéstrele que la presencia de esa persona trae cosas buenas. “No vamos a pedirle que se deje acariciar el primer día, pero podemos empezar porque se vean de lejos, dando un premio al perro cada vez, hasta empezar a cambiar el comportamiento del perro y la percepción que tiene.

Si el rechazo es a animales, hay que identificar la razón por la que está actuando así, con miedo o con agresividad. Y tomar el control de la situación, para que el perro sepa que no tiene por qué correr, defenderse o atacar.

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“El entrenador principal en la vida de un perro es quien pasa con él la mayor parte del tiempo. Uno puede contratar a un entrenador estrella o ir a la mejor escuelita, y el perro aprederá a actuar con esa persona y en ese lugar, pero al regresar a la casa, si el cuidador no mantiene lo aprendido, lo más probable es que vuelva a como era antes”.

Dueño y perro son un equipo, y tienen que aprender a trabajar juntos; el perro tiene que confiar en su dueño más que nadie en el mundo y el dueño tiene que dar a su perro la seguridad de que está a cargo.

No hay una crianza de cachorros fácil, pero ese entrenamiento durará mucho menos si se aplica desde el principio de la relación humano-perro.

Emilio Armendáriz, médico veterinario y zootecnista de Mimma, recalca la importancia de una comunicación clara con el perro.

  1. Palabras y señales visuales simples y consistentes para transmitir con claridad lo que se espera del perro en determinadas situaciones.
  2. Reforzar las órdenes con elogios y recompensas cuando el perro los siga correctamente.
  3. Enseñar con comandos básicos, ‘sentado’, ‘quieto’ y ‘ven’.
  4. Ser consistente en las reglas, todos los miembros de la familia deben estar de acuerdo en ellas, para que ninguno permita un comportamiento que está prohibido.
  5. Practicar la socialización, exponiendo gradualmente al perro a diferentes entornos, personas y otros animales para que aprenda a interactuar de manera positiva.

¿Se puede dar comida como premio?

Ofrecer un bocadito o snack durante el entrenamiento puede ser muy efectivo para reforzar el comportamiento deseado. Esos premios deben ser de alto valor, irresistibles (para el perro), de acuerdo con sus preferencias.

Use el mismo snack para premiar la buena conducta, ya que ayuda a establecer una asociación clara entre la acción deseada y la recompensa. “Cambiar con frecuencia los snacks puede confundir al perro y dificultar su comprensión”, dice Armendáriz.

Combinar las golosinas con elogios verbales, decir ‘muy bien’ al tiempo que se le entrega el snack. Con el tiempo, los elogios verbales serán suficientes, sin necesidad del premio físico. Esto será gradual. A medida que el perro se acostumbre, se puede ir reduciendo la cantidad de snacks.

Errores en el entrenamiento de los perros

  1. Usar la violencia como castigo; gritar, golpear o usar collares de castigo puede generar miedo y ansiedad en el perro y dañar la relación on el humano.
  2. Esperar cambios drásticos en corto tiempo. “Algunos comportamientos pueden llevar más tiempo para ser aprendidos y otros pueden requerir más práctica. No espere a que el perro aprenda un truco complejo de la noche a la mañana”.
  3. Perder la paciencia. Los perros aprenden a diferentes ritmos. No abandone sus esfuerzos solo porque no ve resultados inmediatos.
  4. En opinión de Armendáriz, el entrenamiento debería realizarse a partir de que el cachorro tenga aproximadamente cuatro meses. (F)