Los hechos sociales han marcado cambios en el mundo y la paternidad se fue adaptando a estos cambios. La figura del padre ha ido evolucionando a través del tiempo, desde el padre autoritario que era “ley” en su casa, pasando por el padre distante que dejaba sus hijos al cuidado de otros, hasta el actual que participa y comparte la crianza de los niños.

Antes el padre era esperado para tomar decisiones de importancia, era el proveedor de la casa, quien manejaba el dinero familiar y el que tomaba la última palabra, pero no participaba de manera directa en la vida familiar. “Era un padre distante, muy serio y autoritario. Era el que imponía su criterio y daba las reglas morales del hogar”, explica la psicóloga clínica y orientadora familiar Cecilia Chávez Bowen.

Actualmente, debido al rol de la mujer en el área laboral, el padre asume muchas funciones que eran concebidas como maternas, y junto con ella comparte las labores del hogar y el cuidado de los hijos. Para la doctora Nuria Vanegas, terapeuta familiar y de parejas, esto significa que ahora él regula normas y límites dentro de la familia, y al mismo tiempo atiende sus necesidades, “lo que está creando lazos más férreos entre los hijos y su padre, que antes era una figura presente, pero periférica”, detalla la experta.

Brecha generacional

Luego de la Segunda Guerra Mundial, los baby boomers cambiaron su manera de ser padres. Hablaban más con sus hijos, les contaban sus experiencias, eran más tolerantes y flexibles, porque vivieron una situación difícil que los marcó. Fue una generación que se distinguió por dar importancia a la educación universitaria. Así también, luego de graduados, buscaban disfrutar de la vida familiar.

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La participación de la mujer en la vida laboral también incidió en que el padre se involucrara más en la educación de sus hijos, en las actividades deportivas y en sus juegos. Fue una transición que se dio a lo largo de varias generaciones, hasta el padre actual que comparte mucho tiempo con sus hijos, según relata la doctora Cecilia Chávez.

A partir de este cambio, Ecuador no fue la excepción. “Pasamos de los padres que enviaban a sus hijos a internados a los padres que los acompañaban cada mañana a la escuela, que los llevaban de paseo a los parques y que hacían sobremesa para darles ejemplo”, ilustra la especialista.

Así, los padres de hoy en día en casi nada se parecen a aquellos que los criaron, ahora se reparten las tareas con las madres en un 50 %, o al menos, esa es la tendencia, afirma la doctora Nuria Vanegas. “Los padres del siglo XXI ponen pañales, se ocupan de la alimentación, llevan y traen a los niños a extraescolares, cumpleaños y demás eventos sociales”, comenta.

Para el psicólogo clínico Samuel Merlano, los padres están teniendo una evolución positiva, al compartir más con sus hijos, participando en sus actividades escolares y brindando más expresiones de afecto. Por otro lado, las madres tienen ahora mayor protagonismo en temas disciplinarios y en crear fondos comunes en temas financieros.

Sin embargo, Vanegas asegura que los padres actuales tienen menos autoridad que los de antes.

“Podemos decir que, a día de hoy, se espera de los padres que se alejen lo más posible de un perfil autoritario, que no tengan una actitud directriz, que puedan anteponer los derechos del niño a sus propios deseos, que sean amigos de su hijo, borrando las diferencias generacionales”.

Nuria Vanegas, terapeuta familiar y de parejas


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El padre involucrado con la cocina y su físico

Foto: Shutterstock

Si algo ha revolucionado el siglo XXI son los padres: son emotivos, hogareños y fiesteros; cambian pañales como un profesional y vuelven loco al pediatra. Opinan de ropa con las hijas y exigen un lugar en el tope de la cómoda o cajonera para “sus cosas”.

Para Merlano, los nuevos patrones incluyen dejar poco a poco la mentalidad machista y ser más afectivos con sus hijos.

Pueden tomarse un tiempo considerable para su arreglo personal y, en algunos casos, cocinan mejor que la madre, se involucran en el menú y comparten las labores culinarias, a decir de Vanegas. “No cocinan por obligación un sandwichito, al que (en épocas pasadas) ni siquiera le cortaban las orillas, ahora tenemos a guapos chefs. Sacan su batería de cocina (de última tecnología y todo) y, con mandil al torso, preparan delicias”.

Si bien las mujeres han sido tradicionalmente las responsables de la organización y preparación de los alimentos en el hogar, se ha visto un incremento significativo en el rol del padre en estas actividades.

Ana Mirian Bravo, gerente de márquetin de Alimec, sostiene que, impulsados por la pandemia y la nueva realidad, hay más padres involucrados en la preparación de los alimentos para su familia, y siendo nuevos en este rol de expertos en la cocina, buscan opciones que faciliten el producto final, sin sacrificar sabor ni creatividad.

Las marcas se han alineado con los cambios de los padres. “McCormick, por ejemplo, cuenta con un sinnúmero de opciones para facilitar la incursión en la cocina”, sostiene Jiménez, quien enumera los tipos de aliños a los que se puede recurrir para aportar al sabor.

En tanto, Vanegas agrega que toda esta exacerbación en el uso de su hemisferio cerebral derecho ha logrado que se desencadenen nuevas conductas en los hombres y empiecen a ser más sensibles; a preocuparse mucho más de su apariencia; gustan de los ambientes de las grandes ciudades; ir de compras; acuden al estilista para cortarse el cabello, en lugar del peluquero; se hacen la manicura; conocen a la perfección delicadas recetas de cocina y les encanta coleccionar zapatos.

Y es que, a nivel social y laboral, cada día es más importante mantener una buena imagen, las redes sociales exponen a diario y todos quieren verse bien ante el ojo público. “Antes el hombre que se cuidaba era blanco de burlas, actualmente es lo contrario”, opina la doctora Chávez.

Se espera que los hombres sean fit, que cuiden su cuerpo, que hagan ejercicio y se alimenten de manera saludable. A su vez, hacer deporte lo ayuda a verse y sentirse más joven, por mayor tiempo. La expectativa de vida aumentó y es importante que sea una vida sin enfermedades, en tanto sea posible. “El padre sabe que es ejemplo para sus hijos y les inculca higiene y cuidado personal, es la mejor manera de sentar las bases para la salud de sus hijos, preocupación y responsabilidad de todos los padres”, dice Chávez.

Por esta razón es importante que, en el momento de elegir los ingredientes para la preparación de los platos, prefieran opciones naturales que ayuden a resaltar los sabores, sin opacarlos, y muchos de ellos se preocupan por estos detalles. Las hierbas y especias son los mejores aliados para este fin, siendo productos naturales, sin aditivos ni conservantes, que combinan perfectamente con proteína, sopas, vegetales, etcétera, y ayudan a reducir el consumo de sal.

Involucrado en la crianza de los hijos

El padre debe integrarse en la crianza de manera activa, desde el inicio. Es importante cuando él acompaña a su pareja a las consultas con el obstetra o ginecólogo y asiste a las ecografías, al parto y al pediatra. Igualmente, cuando acude a los eventos escolares y a las mañanas deportivas en las que participan sus hijos. Contarles cuentos, cantarles, luego enseñarles deportes y conversar con ellos, escucharlos, para que los niños sepan que los ama y los va a proteger siempre.

El padre actual tiene mayor información a su alcance, para ser guía de sus hijos; internet abre un mundo de consejos a la mano, recalca la terapista Cecilia Chávez.

“Todo padre debería darse un tiempo en su agenda para adquirir conocimientos para una mejor crianza de sus hijos, comenzando por un hogar estable, en el que haya armonía con la pareja”.

Cecilia Chávez, psicóloga y terapeuta familiar

El trato del padre es muy importante. Algo que debe recordar es que, si es grosero con su mujer e hija, no se extrañe de que, al crecer, esta última se enamore de un abusivo, porque se acostumbró al maltrato y lo confunde con amor.

Según Vanegas, en esta sociedad cada vez más individualista, los padres y madres tienen que trabajar en equipo, mano a mano, entendiendo que, aunque el ideal no existe, lo mejor para los hijos e hijas es la presencia tanto del padre como de la madre, y esto requiere que ambos progenitores hagan un movimiento de flexibilidad mutua para dejar espacio al otro en los nuevos roles parentales y sociales. “El hombre tiene que ver a la mujer de igual a igual en la esfera pública y esta al varón en la esfera privada”, aconseja. (I)