Que el COVID-19 sea una enfermedad que solo afecte el sistema respiratorio es algo que con el paso del tiempo se ha evidenciado como falso. Varios estudios han demostrado que la enfermedad no solo ha dejado secuelas con respecto a la respiración también a nivel cardiovascular.

Debido a que habitualmente la mayoría de personas no se realizan chequeos completos tras superar su cuadro, asocian algún signo a la vacunación que se ha dado en el último año. Si bien se han dado ciertas reacciones a los componentes, estos casos aún son raros en comparación con el número de personas inoculadas.

Problemas cardíacos después del covid-19, una amenaza aún incierta

Un estudio publicado en febrero pasado, por la Universidad de Washington, analizó unas bases de datos nacionales de atención médica del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU., que fueron en total más de 150 mil personas que se habían recuperado de la enfermedad así como con grupo de control antes de la pandemia de más de 5 millones de personas.

En el mismo se evidenció que quienes se habían recuperado tenían un incremento en 20 problemas cardiovasculares durante el año siguiente a la infección.

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“Utilizando una cohorte nacional de personas con COVID-19, mostramos que el riesgo y la carga de 12 meses de enfermedad cardiovascular incidente son sustanciales y abarcan varias categorías de enfermedades cardiovasculares (cardiopatía isquémica y no isquémica, arritmias y otras). Los riesgos y las cargas de la enfermedad cardiovascular fueron evidentes incluso entre aquellos cuyo COVID-19 agudo no requirió hospitalización”, se indicó.

Estudio señala que uno de cada ocho contagiados de COVID-19 desarrollan al menos un síntoma prolongado

Otro estudio realizado en Reino Unido también detalló que tras el análisis de más de 400 mil personas, las enfermedades cardiovasculares aparecieron más después de haber superado el cuadro, principalmente embolia pulmonar, arritmias auriculares y trombosis venosa; mientras que la incidencia de la diabetes se mantuvo elevada durante al menos 12 semanas después de la enfermedad.

Un estudio midió la frecuencia de los problemas cardiovasculares el año siguiente a la infección por covid-19 de más de 150.000 veteranos del ejército estadounidense. Foto: Shutterstock

“El COVID-19 agudo se asoció con un aumento de 6 veces en los diagnósticos cardiovasculares en general, incluido un aumento de 11 veces en la embolia pulmonar, un aumento de 6 veces en las arritmias auriculares y un aumento de 5 veces en la trombosis venosa”, se indicó.

En un artículo, publicado por el cardiólogo David Puga, se explicó que la afectación del corazón en la enfermedad se debería a la vía de entrada del virus con los receptores pulmonares de ACE2 y que en la fase inicial se elevan las troponinas, que es altamente específica de daño miocárdico. “En el contexto de erosión y ruptura de placa vulnerable, el virus, actuaría como gatillante, provocando el cuadro definido como infarto de miocardio tipo 1″, se añadió.

Los investigadores de la Universidad de Washington anticipa que los gobiernos deben estar preparados para hacer frente al probable aumento significativo de enfermedades cardiovasculares. “Debido a la naturaleza crónica de estas condiciones, es probable que tengan consecuencias duraderas para los pacientes y los sistemas de salud y que también tengan amplias implicaciones en la productividad económica y la esperanza de vida”, se añadió. (I)