Una ampolla es una acumulación de líquido transparente o sanguinolento, resultado de un roce repetitivo ya sea con el calzado o entre los dedos, es decir, piel con piel.

“Se trata de un mecanismo de defensa de la piel para proteger su tejido interior, ya que esta burbuja surge de una zona irritada, se forma en la primera capa de piel conocida como epidermis”, cuentan expertos.

La aparición de ampollas puede deberse a varios factores: roce o fricción continua, quemaduras, pie de atleta, hongos en los pies, espolón calcáneo (crecimiento del hueso del talón) e incluso reacciones alérgicas. Aun así, profesionales de la podología afirman que la causa principal es la fricción de la piel con el zapato, sobre todo si el calzado es nuevo.

Si no son tratadas cuando se agravan, pueden producir enfermedades cutáneas como la dermatitis o infecciones en la piel como varicela, según profesionales. Foto: pixabay

¿Cómo tratar las ampollas?

Según la clínica PodoActiva de podología y biomecánica, si no has podido prevenir su aparecimiento en la piel, se deben seguir cuatro pasos principales antes de cualquier tratamiento extra.

Publicidad

  • Lavar la zona con jabón y enjuagar con abundante agua tibia.
  • Secar con gasas y aplicar clorhexidina o povidona yodada.
  • Tapar la zona con una gasa antiadherente (para evitar que se pegue) y cubrir con esparadrapo de papel (ya que tiene mejor transpiración).

En caso de que la ampolla tenga gran tamaño y te impida caminar por el dolor que provoca (el líquido es el causante de esta molestia), la clínica señala: “La deberemos abrir y drenar, y nunca quitarle la piel. Si la lesión se queda al descubierto (sin piel), limpiaremos la zona para desinfectarla y colocaremos un apósito específico de los que se conocen como ‘segunda piel’ o ‘piel artificial’ (tendrá que cubrir totalmente la zona lesionada). Nunca colocaremos encima de la zona dañada un apósito que contenga adhesivo, ya que al despegarlo podemos dañar más esa parte”.

Sin embargo, también existen otras formas de lograr un alivio en la parte afectada en lugar de explotar las rozaduras a la primera oportunidad, sin prevención de un experto.

Gel de aloe vera para cicatrizar la herida

El gel de aloe vera puede aprovecharse en caso de rozaduras y heridas superficiales, dado que ayuda a humectar la piel a la vez que promueve su cicatrización. Si se aplica en frío, el alivio será instantáneo.

Debes tomar 20 gramos del gel de aloe vera y aplicarlo directamente sobre las lesiones (previamente lavadas y secadas). Una vez que la piel absorba por completo el aloe, puedes irte a dormir y dejar que el producto actúe durante la noche. A la mañana siguiente, enjuaga, seca y repite la aplicación.

Bicarbonato de sodio, una solución eficaz

Según el portal MejorConSalud, esta es una forma que puede salvarte de apuros, ya que se perciben resultados rápidos.

  • Lava cuidadosamente tus pies con una tina o barreño de agua caliente. Añade cinco ramas de romero. Esta hierba es un excelente antiinflamatorio que te ayudará además a eliminar cualquier impureza o bacteria presente en las ampollas o las rozaduras.
  • Seca con cuidado tus pies.
  • Ahora mezcla 200 ml de agua con 20 g de bicarbonato y 40 ml de agua oxigenada. Remueve bien hasta obtener una mezcla homogénea.
  • Con ayuda de un algodón, aplica generosamente sobre las zonas afectadas.
  • Si lo haces dos veces al día, a la jornada siguiente tendrás las ampollas ya prácticamente curadas y apenas notarás las rozaduras.

Para tratar las ampollas en los pies lo más importante es ser cuidadosos con los hábitos de higiene, ya que la acción de cualquier tratamiento no brindará resultados si no se limpia la zona afectada o escuchas a tu médico de cabecera. Expertos señalan no olvidar dejar los pies ‘al aire libre’ tanto tiempo como sea posible para que se ‘ventilen’ y las ampollas se sequen con eficacia. (F)