El efecto placebo es un área de investigación fascinante porque ilustra muy bien el poder de la mente humana. La palabra placebo significa algo así como “agradaré o complaceré”. Este efecto se produce cuando el estado de salud de las personas mejora luego de recibir una píldora que no contiene agentes medicinales. De esta manera, la homeopatía también podría provocar un efecto en las personas, aunque sus medicamentos no contengan un ingrediente activo detectable.

Sin embargo, el efecto placebo también existe en sentido inverso y se conoce como nocebo. Derivado del latín “nocere” (hacer daño), significa “dañaré”. El efecto nocebo se produce cuando un tratamiento simulado tiene consecuencias negativas, por ejemplo, cuando las personas suelen sentir los efectos secundarios esperados de un medicamento que no han recibido.

Y es aún más complicado: aunque los pacientes hayan recibido una sustancia médica, a menudo también hay un efecto placebo o nocebo. Esto depende, por cierto, de cada terapia y de las diversas expectativas que cada paciente tiene. Por ejemplo, si se imagina o espera tener náuseas después de tomar un medicamento, estas se producirán con mayor frecuencia, aunque este efecto es muy difícil de medir.

Recientemente, un grupo de investigadores de Estados Unidos y Alemania buscó sistemáticamente los efectos nocebo en varios estudios de la vacuna contra el COVID-19. Y los encontró. Según el estudio, publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA), aproximadamente uno de cada tres sujetos que no había recibido ninguna vacuna se quejaba de reacciones adversas relacionadas con esta.

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¿Vacuna COVID-19 o solución salina?

Julia Haas y Sarah Ballou, expertas en placebos de la Facultad de Medicina de Harvard, en Boston (Massachusetts), trabajaron junto a Friederike Bender, psicóloga de la Universidad de Marburgo (Alemania), y a otros expertos médicos de Estados Unidos para analizar doce estudios sobre vacunas contra el COVID-19 con un total de 45.380 sujetos de 16 años o más. De ellos, 22.578 recibieron un placebo que, por lo general, fue una solución salina.

Todos los estudios se habían completado antes del 14 de julio de 2021. Aquellas investigaciones en las que los grupos de control habían recibido otras vacunas o adyuvantes se descartaron desde el principio. Los adyuvantes son aditivos que suelen contener las vacunas y que se supone que potencian su efecto.

Muchos efectos secundarios no tienen nada que ver con la vacuna

Después de la primera dosis, el 35,2% de los sujetos que recibieron un placebo dijeron sufrir efectos secundarios sistémicos, incluidos dolores de cabeza (el 19,3%) y fatiga (el 16,7%). Estos fueron también los efectos secundarios sistémicos más frecuentes.

El 16% se quejó de efectos secundarios locales no sistémicos. Por ejemplo, rigidez en el brazo, hinchazón, dolor o inflamación en el lugar de la inyección. Y luego de la administración de la segunda dosis de placebo, el 31,8% dijo tener efectos secundarios sistémicos y un 11,8% efectos locales no sistémicos.

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En comparación, los efectos secundarios observados fueron más frecuentes entre los sujetos que habían recibido realmente una vacuna: el 46,3% informó de efectos secundarios sistémicos y el 66,7% de efectos secundarios locales tras la primera vacunación. Tras la segunda dosis, estos valores aumentaron al 61,4% de efectos secundarios sistémicos y al 72,8% de efectos locales.

¿Cuánto nocebo experimentan las personas vacunadas?

Como ya se ha mencionado, los efectos placebo y nocebo se producen con cada terapia, es decir, también cuando los pacientes reciben una medicación eficaz. A la vista de los fuertes efectos nocebo observados con las vacunas, surgió una pregunta apasionante para los investigadores médicos: ¿Qué tan fuerte es realmente el efecto nocebo en las personas vacunadas? ¿Es posible calcular los efectos nocebo en los efectos secundarios de las personas vacunadas?

La respuesta: sí, es posible, según descubrieron las especialistas Haas, Ballou, Bender y sus compañeros de investigación. Para ello, calcularon la proporción de efectos nocebo en los no vacunados y transfirieron esta proporción a los vacunados. Como resultado, los investigadores descubrieron que, incluso en aquellos que habían recibido una vacuna, los efectos nocebo son dominantes dentro de los efectos secundarios.

Así, tras la primera vacunación, un 76% de los efectos secundarios sistémicos se atribuye al efecto nocebo y, para los efectos secundarios locales, un 24,3%. Después de la segunda vacunación, estos valores disminuyeron un poco, pero todavía alcanzaron al 51,8% para los efectos secundarios sistémicos y al 16,2% para los efectos secundarios locales.

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Las observaciones indican que las expectativas de las personas vacunadas tienen una fuerte influencia en la percepción de los posibles efectos secundarios. Sin embargo, sería un error concluir que los efectos secundarios son provocados mayoritariamente por la imaginación. El efecto placebo o nocebo en sí mismo produce síntomas objetivamente medibles.

En conclusión, muchos de los síntomas son impulsados principalmente por las expectativas propias de cada individuo y no por la medicación. Pero los pacientes tampoco tienen cómo saberlo, aunque sepan exactamente lo que sienten. (I)