Para muchos, convertirse en abuelo o abuela es de lo más bello que les puede suceder: acompañar a un pequeño nuevo familiar en su crecimiento, aplaudir los primeros pasos tambaleantes... Y, luego, también darle a escondidas una barrita de chocolate al niño o niña, sin que necesariamente los padres se tengan que enterar.

Sin embargo, no todos los abuelos viven tan cerca mientras la nueva generación crece. Muchas veces, son horas en auto las que separan a un nieto o nieta de los brazos de su abuelo o abuela. A veces, incluso, una frontera entre países o un viaje en avión.

Una relación a distancia de estas características no siempre es fácil. “El mayor desafío es preservar la cercanía o, en algunos casos, lograrla”, comenta la periodista y autora de libros Silke Geercken desde Alemania, y habla a partir de su propia experiencia. Porque su hijo se mudó por tres años a Estados Unidos cuando su nieta tenía nueve meses.

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La solución que encontró la familia fue mantener videollamadas periódicas. “Teníamos una cita fija: todos los domingos a las 18 horas”, cuenta Geercken.

“Me armé con un peluche y otras cosas e intenté llamar la atención y hablarle”, relata. Y todo anduvo bien: cuando Geercken visitó a su hijo y nieta en Estados Unidos, el hielo se quebró rápidamente.

Palabra clave: viajes. Porque, sin algún tipo de contacto personal, el vínculo no funciona. Incluso cuando esto implique que haya que viajar muchas horas en carro o tomarse un avión.

“Las relaciones crecen en la medida que nos vemos cara a cara. Que los abuelos puedan tener a sus nietos en brazos, sobre todo si son pequeños”, apunta Brigitte Zwenger-Balink, de Múnich.

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Esta pedagoga y terapeuta de familia habló con abuelos que viven lejos de sus nietos para escribir su libro sobre la importancia de los abuelos, publicado en alemán.

Al final, lo que da resultado es esta combinación: por un lado, las visitas regulares durante las cuales abuelos y nietos disfrutan desde el desayuno hasta la lectura de la noche; y, por el otro, el contacto, cuando no es posible el encuentro, ya sea por teléfono, mensaje de audio o videollamada.

Una relación a distancia sólida entre nietos y abuelos consta de dos componentes: las visitas mutuas y el contacto regular entre ellas, por ejemplo, mediante videollamadas. Foto: Christin Klose

Pero los abuelos y abuelas que no se sientan cómodos en el mundo digital tampoco deben sentirse mal. Porque las postales, cartas o pequeños paquetes también resultan adecuados para mantener el contacto.

En líneas generales, “todas estas son cosas que tienen que hacer los abuelos”, dice Zwenger-Balink. “Ellos tienen la batuta. Los niños pequeños no pueden hacerlo”, subraya.

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Naturalmente, un requisito fundamental para una buena relación a distancia entre nietos y abuelos es que la generación intermedia coopere y no bloquee el contacto.

“Cuanto más difícil sea la relación con los hijos adultos, más difícil será también mantener el contacto con los nietos” resume Zwenger-Balink.

El consejo de esta experta es, por lo tanto, inmiscuirse poco en la familia de los hijos adultos. Y destaca que uno puede tener su opinión y a veces no estar de acuerdo con las decisiones que toman los hijos. “Pero los padres jóvenes deben y tienen que hacer sus propias experiencias”, indica.

Con los niños muy pequeños, los abuelos no deben tener expectativas demasiado altas. “Cuando el niño tiene apenas seis semanas, lógicamente es difícil construir cercanía”, afirma Silke Geercken. Pero, a medida que los pequeños crecen, van comprendiendo más y ganando confianza.

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“Para los abuelos es bueno saber que existen determinadas fases en las cuales los niños son muy reservados”, comenta Zwenger-Balink. La mejor manera de crear cercanía es la cautela. Así que, tal vez, no tome al niño directamente en brazos, sino que construya la cercanía a través de la lectura de un cuento o pasando juntos las páginas de un libro ilustrado.

Y, aunque sean los abuelos los que tienen que darle forma a esta relación con los nietos, tampoco se trata de una calle en sentido único.