Numerosos estudios han demostrado que la actividad física tiene efectos diferentes en el organismo en función de en qué momento del día se realizan. Sin embargo, los científicos aún no saben con claridad cuál de esos momentos es el más beneficioso para hacer actividad física. Saben que es algo que depende de muchos factores y, al parecer, de cada persona en particular.

A grandes rasgos, los humanos nos dividimos en dos grupos: los diurnos (llamados alondras, por el pájaro de hábitos madrugadores) y los noctámbulos (los búhos, en referencia a las aves nocturnas por antonomasia). Del mismo modo, hay personas que se sienten mejor al hacer deporte por la mañana y otras por la tarde. El ritmo circadiano controla en cada persona factores como la presión sanguínea y la temperatura corporal, y de esto se derivan, en buena medida, las distintas preferencias de unos y otros individuos. Es así como lo especifica el estudio “The Journal of Biological and Medical Rhythm Research”.

En dicho estudio se revelan algunas variables que involucran a todas las personas, más allá de las diferencias genéticas entre unas y otras. Una de ellas es la temperatura corporal, que en general es más baja por la mañana y llega a su máximo en horas de la tarde y al anochecer. Las personas alondras alcanzan su temperatura corporal máxima una hora antes -en promedio- que los búhos.

Como consecuencia de ello, el riesgo de lesiones es mayor al hacer deporte por la mañana. Por lo tanto, quienes se entrenen en las primeras horas del día deben tener en cuenta la importancia de realizar una buena entrada en calor -más rigurosa de lo que es necesario por la tarde- antes de forzar sus músculos y tendones.

Cuando el deporte se practica por la tarde-noche, el consumo de oxígeno es menor y, en consecuencia, la actividad resulta más eficiente. A esa conclusión llegaron científicos del Instituto de Ciencia Weizmann, Israel, tras realizar experimentos primero con ratones y luego con humanos. El estudio se publicó el año pasado en la revista especializada Cell Metabolism.

Según los autores del estudio, la razón de esa mayor eficiencia está asociada con un metabolito llamado ZMP, cuyos niveles aumentan hacia el final del día y proporcionan al cuerpo una suerte de dosis extra de energía. De hecho, este ZMP es un análogo natural de un compuesto conocido como Aicar, “que algunos atletas utilizan para dopaje”, explicó Gad Asher, director del estudio.

En 2008, la Universidad de Texas dio a conocer una estadística según la cual los estudiantes “matutinos” tenían un rendimiento académico significativamente mejor que los nocturnos. Estos resultados se basaron en encuestas a 824 estudiantes, quienes se clasificaron a sí mismos como “matutinos” o “nocturnos” en función de en qué hora del día se sentían más productivos o a qué hora se levantarán o costarían si carecieran de toda restricción.

Por ahora no hay una respuesta definitiva en cuanto a qué hora del día es mejor para practicar deporte. Una revisión de estudios publicada el año pasado ratificó que los efectos de los ejercicios no son los mismos si se realizan de día que de noche. Pero hacen falta más trabajos para inclinar la báscula hacia alguna de las dos opciones: si es mejor por la mañana o por la tarde. (I)