Los casos probables de hepatitis aguda infantil se han hecho presentes en 22 países alrededor del mundo, de los cuales seis están en el continente americano. En Ecuador la vigilancia epidemiológica se mantiene activa y todavía no se reportan sospechas de casos.

Argentina fue el primer país de América Latina que reportó un caso probable de hepatitis aguda infantil. El niño contagiado sigue bajo supervisión médica para descartar o confirmar la presencia de este brote de este tipo de hepatitis cuyo origen, hasta ahora, es desconocido. A esta se sumaron ocho sospechas.

A partir de entonces países como Brasil, Costa Rica, México y Puerto Rico han ido reportando casos.

En tanto que en Ecuador, la ministra de Salud, Ximena Garzón, manifestó hace dos semanas: “Si llega la enfermedad, tenemos los sistemas de alerta activados para hacer la vigilancia”.

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El último reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con corte al 15 de mayo, registró 429 casos en el mundo, mientras estaba estudiando otros 40.

El 75 % de los casos detectados (322) eran menores de 5 años. El 15 %, es decir aproximadamente 48 niños, debió ser internado en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). En el mundo, de lo que se conoce hasta la fecha, seis niños han fallecido por esta causa y 26 han recibido un trasplante.

En Ecuador no se han detectado casos. En el país, la hepatitis A es la más común en los niños, mientras que la de tipo B es la que puede agravarse a nivel de producir un fallo hepático, necesidad de trasplantes y posibles decesos.

El gastroenterólogo Alejandro Robalino sostiene que en el país la hepatitis A es la causante del 0,2 % de muertes de la población pediátrica. Según las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), entre el 2018 y el 2020 en el país fallecieron siete menores de 16 años por hepatitis.

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EL UNIVERSO solicitó al Ministerio de Salud Pública las cifras de niños contagiados con esa enfermedad, pero hasta la emisión de este reportaje no se ha obtenido respuesta.

¿La hepatitis aguda está relacionada con el COVID-19?

Según la OMS, la hepatitis es una inflamación del hígado que puede causar una serie de problemas de salud y puede ser mortal. “Las cinco cepas principales del virus de la hepatitis son las de los tipos A, B, C, D y E. Si bien todas ellas causan enfermedad hepática, se diferencian en aspectos importantes, sobre todo en los modos de transmisión, la gravedad de la enfermedad, la distribución geográfica y los métodos de prevención”, precisa.

Un estudio científico publicado el pasado 13 de mayo en la revista médica The Lancet investigó las posibles causas de varios de los casos detectados de la hepatitis aguda infantil.

Las hipótesis, que todavía no han sido demostradas, incluyen como posible responsable a la susceptibilidad de los niños ante los adenovirus (virus que se transmite por vía respiratoria y puede ocasionar sintomatología respiratoria y digestiva) por no haber estado en contacto con ellos debido a los confinamientos.

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Otra hipótesis relaciona a este nuevo brote con una zoonosis, es decir, el contacto del paciente con animales domésticos como perros y gatos, pero tampoco ha sido comprobada.

Adicional a estas, una tercera hipótesis relaciona a la hepatitis aguda infantil con el SARS-CoV-2, pero no todos los pacientes fueron positivos o han referido un contacto previo, apenas el 18 % de los casos notificados en el Reino Unido dio positivo para COVID-19.

La infectóloga Rina Silva precisa que, como el COVID-19 provoca una afectación multisistémica que también puede afectar al hígado, se ha relacionado con la pandemia. Pero afirma que, al mantenerse en meras conjeturas, no se puede hablar todavía con total certeza al respecto.

¿Qué hacer frente a la sospecha?

El gastroenterólogo pediátrico Alejandro Robalino sostiene que los síntomas más frecuentes en los niños que tienen hepatitis de todos los tipos son fiebre, cansancio, dolores musculares y de articulaciones, vómito, diarrea, heces blanquecinas, orina oscura y, lo más distintivo, ictericia, es decir, una coloración amarillenta principalmente en las escleras (recubrimiento exterior blanco del ojo).

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Para tratar la hepatitis de tipo A, la más común en los niños, el especialista recomienda evitar grasas, mantener una buena hidratación, aseo permanente y separación de utensilios y baterías sanitarias.

A esto se suma Silva, quien recomienda evitar compartir objetos como utensilios para manipular los alimentos, correcto lavado de manos y evitar el hacinamiento. “Los niños deben tener un área de comedor, un pupitre alejado del otro niño mínimo un metro de distancia para evitar la transmisión”, indica.

Es importante, además, que el padre o cuidador del niño se mantenga vigilante a síntomas de alarma y acuda al médico lo antes posible para esclarecer sus dudas.

Al respecto, la infectóloga Adriana Arnao es insistente en recomendar la visita al pediatra, estar alerta sobre la intensidad de los malestares y no automedicarse.

“Cada caso es particular, si el dolor es intenso se hacen exámenes de inmediato, pero si no lo es tanto se mantiene vigilancia ante la evolución y se actúa”, comenta la especialista.

¿Qué vacunas pueden ayudar?

En el país se contempla la vacunación contra la hepatitis B en el esquema primario pediátrico. Esta dosis se administra a las primeras horas del recién nacido. Seguido a esta se coloca la vacuna pentavalente a los dos, cuatro y seis meses.

Así lo indica la gerenta de la Estrategia Nacional de Inmunizaciones, Cristina Aldaz, quien sugiere no confundir con las alertas epidemiológicas de hepatitis de las que no se conoce el origen.

“Si no se conoce el origen no se puede saber cuáles son las medidas preventivas o cuáles son los tratamientos”, precisa.

Respecto a la hepatitis A, Robalino indica que su vacuna se pone a nivel privado a partir del primer año de edad, siendo dos dosis con diferencia de 6 meses a un precio de entre $ 15 y $ 35. “Toda edad es válida siempre y cuando al paciente no le haya dado hepatitis A”, comenta.

El que esta vacuna no forme parte del esquema básico de inmunización, para Arnao, tiene que ver con la falta de estudios epidemiológicos que “no evidencian lo importante que es esta enfermedad en el país”.

En cuanto a una relación entre la vacuna contra el COVID-19 y las de la hepatitis, Silva manifiesta que las vacunas se deben usar alineadas a su propio contexto, ratificando que lo que se conoce hasta ahora del nuevo brote son conjeturas.

“La vacuna dentro del contexto de la pandemia es diferente, tiene su función específica y no se puede sugerir a la población usar una vacuna de una causa para hacerle frente a otra”. (I)