En cuestión de salud, uno de los propósitos más comunes entre las personas es mantener el peso ideal o perder esos kilos de más que pueden ocasionar algunas afectaciones. Bajo ese contexto, quemar más calorías de las que se ingieren a diario –proceso conocido como déficit calórico– es lo que buscan aquellos que, con ayuda de una dieta equilibrada y una rutina de ejercicios, pretenden adelgazar. Sin embargo, la tarea de bajar de peso iría mucho más allá de lograr esa diferencia, según reveló un equipo de médicos de la Universidad de Harvard en un nuevo documental llamado BETTER.

Al respecto, y teniendo en cuenta que no todas las calorías son iguales, la doctora JoAnn Manson, jefa de la división de medicina preventiva del Brigham and Women’s Hospital de Boston y profesora de medicina en la Escuela de Medicina de Harvard, en conversación con Today, de NBC News, explicó por qué contar calorías no es del todo funcional a la hora de perder peso.

Según explicó la experta, las dietas que restringen severamente las calorías resultan contraproducentes, debido a que cuando no se come lo suficiente el cuerpo responde ralentizando el metabolismo. “La desaceleración del metabolismo sabotea el esfuerzo por perder peso o mantener un peso saludable. Entonces, cuando comes incluso la misma cantidad de calorías que comías antes, estás aumentando de peso más rápidamente”, dijo. “Esta es una de las razones por las que con tanta frecuencia las personas pierden peso brevemente con una dieta. Es posible que pierdan peso durante los primeros meses, pero luego lo recuperan”.

1. Primero la salud

Partiendo de esto, existen otras maneras de conseguir perder peso sin someter al cuerpo a otro tipo de consecuencias. Una de ellas es eliminar de la dieta las comidas poco saludables que además de dañar nuestra microbiota y ser el origen de muchas enfermedades, también que eliminan tanto su fibra como los nutrientes, lo que puede producir que “se absorban rápidamente en el torrente sanguíneo, lo que provoca un aumento repentino de la insulina”. Resultado: tener hambre que resulta en comer en exceso.

2. Elegir alimentos adecuados

En cambio, seguir una dieta rica en alimentos y plantas enteras, como la dieta mediterránea, puede ayudar a alcanzar la saciedad y no se ralentizará el metabolismo, explicó Manson. Entre los alimentos recomendados están las verduras sin almidón; frutas de baja fructosa; carbohidratos ricos en fibra como granos integrales, legumbres y frejoles; grasas insaturadas como las que se encuentran en el aceite de oliva y el pescado, y proteínas de alta calidad como lentejas, salmón y mariscos.

3. Date gustos

Una manera de llevar una dieta y no fracasar en el intento de perder peso es no eliminar del todo aquello que es del gusto personal, aunque esto contenga unas calorías de más. “Cuando tienes una dieta saludable y de alta calidad, no debes sentirte privado en términos de tener los alimentos que disfrutas”, explicó Manson, resaltando que si las personas se sienten privadas de comer todo lo que les gusta, “todo tipo de cosas sucederán para sabotear la capacidad de mantener un peso saludable”, entre ellas, ser infeliz con la alimentación.

4. Ejercitarse a diario

Otra recomendación es incluir el ejercicio en nuestra vida diaria. Ejecutar esta parte no solo nos hará envejecer mejor, sino que ayudará a adelgazar porque desarrollar masa muscular ayuda a acelerar el metabolismo. El deporte, más allá de favorecer la pérdida de peso, mejora la calidad de vida porque es fundamental para nuestra salud. JoAnn Manson señala que “es muy importante tener un estilo de vida físicamente activo para mantener un peso saludable y tener una salud óptima”.

5. Medir nuestro esfuerzo

Para concluir, el último truco para mantenerse en el peso adecuado es medir el progreso. Según la experta, la mejor forma de hacerlo no es contando calorías o pesándose a diario, sino controlando la saciedad. Ver cómo nos va quedando la ropa y medir la circunferencia de la cintura cada cierto tiempo puede ayudar a rastrear el progreso, al mismo tiempo que ayuda a controlar posibles enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras relacionadas con la presencia de grasa abdominal. (F)