Cuando consumimos productos respetuosos con el medio ambiente, el beneficio personal también puede extenderse al bien colectivo y contribuir al cuidado del planeta ya que se debe tener en cuenta que la producción y consumo de alimentos conlleva un gran impacto ambiental.

Al momento de definir una dieta adecuada al estilo de vida, edad y estado de salud, disponemos de una gran variedad de alimentos con funcionalidades y propiedades nutricionales similares. Esto quiere decir que, al analizar nuestros alimentos, se permite garantizar una minimización del impacto ambiental de los alimentos a consumir.

A continuación, 5 reglas básicas según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura:

Verificar el origen de los alimentos. Bajo la distribución de la gran cadena alimentaria francesa: “Moins de transport, moins de CO₂” (Menos transporte, menos CO₂), ha surgido el apelativo de concienciación de Km 0, que consiste en identificar los alimentos producidos en un radio de 100 km al punto de consumo, siendo así una llamada a potenciar el producto local.

Analizar el envase. A menudo, el continente tiene un mayor impacto que el contenido. Los envases pueden poseer una alta intensificación de material (sobreenvasados) y energética (consumo de combustibles fósiles en su fabricación). Orientar la compra a productos con envase mínimo y biodegradable es siempre una buena opción ambiental.

Respetar la temporalidad de los productos. Está asociada a cada estación del año y región del planeta, acorde a los ciclos naturales de producción. La coordinación entre las condiciones climáticas y los sistemas de producción supone una reducción notable de la huella de carbono e hídrica.

Buscar la presencia de ecoetiquetas. Pueden certificar y garantizar que se alcanzan diversos criterios ecológicos, lo que a su vez permite potenciar y fomentar la incorporación de dichas estrategias en el marketing.

Reducir el desperdicio de alimentos. Esta última regla depende exclusivamente del consumidor. Basta pensar en la cantidad de materia y energía necesaria para que los alimentos lleguen a nuestras neveras, para que lamentablemente no sean consumidos y, por tanto, se conviertan directamente en residuos. Una mayor concienciación en este aspecto ayudaría a reducir el desperdicio de alimentos en los hogares.

En este enlace está disponible una hoja de cálculo sencilla para estimar el impacto ambiental y económico que produce el desperdicio de los 64 alimentos más comunes en el carro de la compra del consumidor. (I)