El intestino se comunica veloz e insistentemente con el cerebro, y nuestras funciones cerebrales dependen del buen balance del microbioma (el conjunto de microorganismos en esa parte del cuerpo humano).

Así lo escribió en 2021 Hara Estroff Marano, editora general de Psychology Today, explicando que una de las formas más evidentes de esto son las migraciones. Mudarse de un país a otro no solo implica un choque cultural, sino cambios generales en el microbioma del intestino, particularmente en su composición: pérdida de diversidad bacteriana, eliminación de cepas bacterianas completas (especialmente del gen Prevotella) y pérdida de funcionalidad, como la capacidad para procesar totalmente los carbohidratos y la fibra.

Existe una asociación entre la diversidad de nuestro microbioma intestinal y los trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión. Foto: Shutterstock

Lo que es más, los cambios empiezan casi inmediatamente después de la llegada al nuevo territorio. “Estudios animales indican que una alta proporción de proteínas en relación con los carbohidratos puede cambiar el microbioma en un día y poner a las Prevotella rumbo a la extinción”, escribió Marano.

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El doctor en Psicología Stephen Lupe, director de Medicina Conductual del Departamento de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición de Cleveland Clinic, habló con este Diario y explicó que las investigaciones señalan que el microbioma intestinal sí se correlaciona con el estado de ánimo y la memoria.

“Realmente no entendemos la conexión, y es necesario realizar más investigaciones para comprender cómo el microbioma intestinal está vinculado a la conexión cerebro-intestino. Parece que las personas diagnosticadas con enfermedad inflamatoria intestinal (IBD, por sus siglas en inglés) y el síndrome del intestino irritable (IBS) tienen cambios en su microbioma intestinal, pero solo vemos correlaciones en la forma en que estos están interconectados”, indica Lupe.

Un ejemplo de la interconexión es un estudio reciente publicado en 2021, en el que se demostró que la terapia psicológica produce cambios en el microbioma intestinal y el cerebro (revista científica Microbioma, por J. P. Jacobs y otros). En este se establece que la terapia cognitiva conductual para pacientes con síndrome del intestino irritable induce alteraciones bidireccionales en el eje cerebro-intestino-microbioma, y que está asociado con la mejora de los síntomas gastrointestinales.

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“En este estudio, las personas diagnosticadas con el síndrome del intestino irritable se sometieron a terapia cognitiva conductual (TCC) y, a medida que cambiaron los síntomas, se observó que no solo cambió la estructura del cerebro, sino también el microbioma intestinal”, explica el doctor Lupe. “Tenemos evidencia como esta que muestra que hay cambios, pero como se indicó anteriormente, necesitamos mucha más investigación para comprender esta conexión”.

Los pacientes no le fallan a la medicación. La medicación no funciona para ellos. Los pacientes a menudo sufren por creer que tienen la culpa del estado de su enfermedad. Las palabras que usamos importan y pueden herir la relación con el tratamiento.

Dr. Stephen Lupe

Todo lo que se puede decir es que el microbioma está alterado en personas diagnosticadas con molestias gastrointestinales. “No sabemos qué microorganismo o microorganismos son los responsables”, continúa Lupe. “Podemos ver que el estrés crónico parece contribuir a cambios en el microbioma y a las enfermedades crónicas”. Cuando una persona altera su entorno físico, se está estresando. “Hay que mirar a la persona como un sistema que vive dentro de un sistema (persona, familia, hogar, barrio). Cuando cambiamos el sistema en que (el individuo) está funcionando, se puede desarrollar estrés”.

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El estrés es engañoso, añade Lupe, porque no siempre sabemos reconocer cuando estamos bajo esa condición. “Muchas veces, una persona no nota el estrés hasta que se siente abrumada. Todo estrés pone carga en el cuerpo (carga alostática), y esto cambia el funcionamiento dentro del cuerpo”.

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Cuando el estrés es crónico, continúa el especialista, vemos cambios no solo en el cerebro, especialmente en áreas como el eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal (HPA), el eje simpático-adreno-medular (SAM) y el sistema límbico, sino también en el cuerpo. “Podemos ver la inflamación de las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos y cambios en el revestimiento intestinal (apertura de las uniones estrechas entre las células), que contribuyen a los síntomas físicos. De esta manera, empezamos a ver lo interconectado que está todo”.

Estos síntomas luego producen más estrés, lo que aumenta los síntomas y pone más tensión sobre la persona. “Ponga esto en el contexto del estado de ánimo y puede ver que no solo hay estrés ambiental en la persona, sino que la desregulación interna puede estar contribuyendo a la desregulación del estado de ánimo, lo que exacerba aún más el problema”.

Existe también una asociación entre la diversidad del microbioma intestinal y los trastornos psicológicos como la ansiedad y la depresión. “En una reciente investigación se muestra que están relacionados”. Lupe dice que los cambios en la diversidad del microbioma pueden contribuir a los síntomas depresivos con un efecto directo, ya que el microbioma produce neurotransmisores como parte de su función y también puede afectar los sistemas mencionados anteriormente.

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Nuestros intestinos son nuestro segundo cerebro: alimentos que aumentan nuestra microbiota

“Los seres humanos son complejos y sus sistemas están interconectados, y es muy difícil entender cómo interactúan todos ellos con el medioambiente”. Por ejemplo, la dieta, que está relacionada con cambios en el microbioma y la desregulación de la salud. ¿Cómo afecta esto al estado de ánimo? ¿Será que comer alimentos grasos cambia directamente el estado de ánimo de una persona debido a un desequilibrio de la nutrición? ¿Acaso las personas que tienden a comer alimentos con bajos nutrientes también tienden a ser de un nivel socioeconómico más bajo y eso es lo que está afectando el estado de ánimo? ¿Podría ser que la comida pobre en nutrientes esté cambiando el microbioma intestinal y eso esté cambiando el estado de ánimo? ¿Los peores resultados de salud para las personas con una nutrición más deficiente conducen a dificultades con el estado de ánimo?

En cuanto a los cambios de región a región y de país a país: hay diferencias culturales y regionales que parecen dar forma al microbioma, aporta Lupe. “La investigación sugiere que no solo las cepas de bacterias a las que alguien puede estar expuesto son diferentes en diferentes partes del mundo, sino que las influencias culturales, como la diversidad y el tipo de dieta también afectan la composición del microbioma”. Se necesita más investigación, enfatiza, para comprender mejor el impacto de estas influencias en la salud.

Son muchas preguntas las que deja el experto. “Podemos ver cuán interconectados estamos como sistema. Esta es la razón por la que existe una necesidad de atención integrada, en la que múltiples disciplinas trabajen en equipo para cuidar a una persona como un todo”.

Los beneficios de una alimentación balanceada en el desempeño mental y emocional

Una vez que alguien se decide a alimentarse de forma balanceada, el cuerpo empieza a reaccionar. “No solo influye en nuestro estado de ánimo, sino en cómo nos sentimos física y mentalmente”, dice la comunicadora Sarah Garcés, coach de salud y bienestar por el Institute for Integrative Nutrition y aliada del programa de bienestar Equinoccial Vitality.

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“Sin embargo, no es comiendo alimentos que promuevan nuestro bienestar que vamos a estar siempre de buen humor”, especifica. “Nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar como tal no solo dependen de la alimentación, sino de todo nuestro estilo de vida, desde las actividades que hacemos a diario (ejercicio físico, actividad intelectual, salud financiera, desarrollo profesional, actividad espiritual) y lo que consumimos más allá de la comida (televisión, radio, redes sociales) hasta las relaciones interpersonales”.

La mejora de los hábitos empieza con metas semanales como dormir ocho horas, descansar de la tecnología durante las comidas, alimentarse con más frutas, verduras y proteínas, beber más agua y menos bebidas carbonatadas.

La nutrición, indica Garcés, tiene impacto en el cociente intelectual IQ a lo largo de la vida, ya que la plasticidad neuronal (la capacidad de nuestro cerebro de generar conexiones neuronales), si bien se da más rápido en niños, también sucede en adultos. “Por lo que una deficiencia en los nutrientes de nuestro cerebro (lípidos, aminoácidos, carbohidratos, micronutrientes) limitaría la posibilidad de un buen desarrollo”. (I)